Caballo que alcanza…
A ciencia cierta no sé si el candidato de la coalición de izquierda podrá, en los 38 días que a partir de este miércoles restan para la elección presidencial, empatar al puntero de las encuestas —el priísta Enrique Peña Nieto—. Pero de lo que sí estoy seguro es que Andrés Manuel López Obrador ha comenzado a capitalizar el voto de los indecisos y de aquellos que no quieren el regreso del PRI a Los Pinos, entre quienes hay que incluir a miles de decepcionados con los pobres resultados de los gobiernos del PAN a nivel federal y estatal.
De lo que también estoy seguro es que si Peña Nieto no quiere seguir perdiendo puntos ni comprometer la ventaja que todavía le dan las encuestas, entonces necesita ser más persuasivo entre los jóvenes —que representan el 22% del electorado— y definir, sin ambages ni medias tintas, su posición frente a los poderes fácticos de este país.
Si el abanderado priísta no se deslinda con claridad de actores u organizaciones que personifican el viejo sistema y lo más rancio del PRI —como Elba Esther Gordillo y su cacicazgo en el SNTE; Carlos Romero Deschamps y Napoleón Gómez Urrutia, con sus grotescas y mal habidas fortunas como líderes petrolero y minero, respectivamente; el duopolio de Televisa y TV Azteca; y los corruptos ex gobernadores Ulises Ruiz Ortiz, de Oaxaca, Mario Marín Torres, de Puebla, y Humberto Moreira Valdés, de Coahuila—, corre el riesgo de que las manifestaciones de rechazo se le multipliquen.
Las marchas universitarias de repudio al PRI y Peña Nieto en el Distrito Federal y otras ciudades del país tienen un componente que el ex gobernador mexiquense y sus asesores no pueden ignorar: son un “ya basta” a la impunidad, al cinismo, al despilfarro y la manipulación de partidos y medios de comunicación; un “estamos hasta la madre” de políticos y gobernantes corruptos, ineficientes, cómplices y derrochadores; un grito desesperado de quienes ya no queremos más de lo mismo ni candidatos hipócritas, mentirosos, incoherentes y simuladores.
Si Peña Nieto no lo entiende así y recurre a expresiones descalificadoras como las utilizadas por el dirigente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, en contra de estudiantes de la Universidad Iberoamericana, lo más probable es que su cómoda y publicitada ventaja en las encuestas se le escape como agua entre las manos.
Los doce millones de electores de entre 18 y 30 años pueden marcar la diferencia conforme se acorte la distancia que separa al priísta de su más cercano contendiente: el candidato de la coalición Movimiento Progresista integrada por el PRD, el PT y el PMC, quien a estas alturas de la campaña se muestra como el abanderado que mejor se ha identificado con los estudiantes universitarios.
El desánimo que priva entre los jóvenes ante la falta de representatividad de los partidos políticos y el desgastado sistema de instituciones en México necesita expresarse de alguna manera, y qué bueno que lo haga en la actual coyuntura electoral y en marchas callejeras hasta ahora pacíficas.
Un hecho innegable que ya reflejan algunos estudios demoscópicos es que el candidato de las izquierdas ha venido aumentando su intención de voto entre los electores jóvenes, muchos de los cuales carecen de antecedentes sobre cómo el PRI gobernó el país antes del 2000, cuando se dio la alternancia en la presidencia de la República.
De los 12 millones de electores jóvenes, casi la mitad tendrán la oportunidad de elegir por primera vez a un candidato presidencial, y eso puede hacer la diferencia entre el regreso del PRI con Peña Nieto o el viraje hacia un cambio de régimen y sistema.
Excluyo a la candidata panista por una cuestión de fondo: Josefina Vázquez Mota personifica la continuidad de las dos últimas administraciones panistas, de la fallida estrategia de Fox y Calderón por lograr altas tasas de crecimiento y empleo, y la incapacidad de los gobernantes del PAN para cambiar al viejo y anquilosado régimen priísta por otro diferente y mejor.
Josefina tiene poco que presumir a los jóvenes, sobre todo a aquellos que votarán por primera vez el 1 de julio y que no tienen antecedentes acerca de cómo gobernó el PRI; y sí, en cambio, de los yerros y pifias de los gobiernos panistas, de los cuales —por cierto— formó parte como secretaria de Estado en ambos gabinetes.

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Simón dice:
“La peor decisión es la indecisión.”
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.
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