¿Qué pasó con el hotel que se iba a construir en El Relicario?
Le quitaron la Plaza a un poblano para dársela a uno de fuera
Gustavo Fernández incumple compromisos con Protauro
¿Qué pasó con el hotel que se iba a construir en la Plaza de Toros El Relicario?
¿Por qué al empresario poblano que ganó la concesión de ese coso taurino —en una licitación pública nacional— se la quitaron antes de que venciera, para dársela a otro empresario fuereño mediante una asignación directa?
¿Por qué el gobierno del estado se niega a cubrir la indemnización y los daños causados a la empresa afectada, Protauro, no obstante el compromiso de hacerlo a más tardar 3 de febrero de 2013?
Las respuestas a estas interrogantes las desconozco. Lo que sí sé es que esta concesión, la primera que adjudicó el gobierno del estado en la gestión de Moreno Valle, tuvo un mal comienzo y un peor final por la abulia del entonces subsecretario de Administración del Patrimonio, Bienes Humanos y Materiales, José Gustavo Fernández Cortés.
De entrada, en las bases de la licitación GESALC-001/2011 y Compranet LA-921002997-N15-2011, se estableció que las empresas participantes debían hacer su propuesta económica con IVA, pese a que por ley este impuesto no aplica en títulos de concesión.
El concurso lo ganó Protauro, de Juan Huerta Ortega y Luis Rubén Hernández Ríos, que ofreció 750 mil pesos más 120 mil pesos de IVA por organizar 10 corridas de toros entre el 7 de septiembre de 2011 y el 31 de agosto de 2012.
Para la concesionaria, cumplir el contrato no fue fácil, pues el 2 de febrero de 2012 el enlonado que cubre la Plaza de Toros se desplomó como consecuencia de una granizada, lo que obligó a la concesionaria a modificar su calendario de corridas.

El gobierno del estado cobró el seguro a Axxa, pero el techo de lona jamás se reinstaló.
¿Dónde quedó el dinero del seguro?
A 28 días de que la concesión feneciera, los directivos de Protauro fueron citados en la Secretaría de Administración. Ahí se les notificó que ese día, en el Periódico Oficial del Estado, se había publicado un decreto por el cual el gobierno recuperaba la Plaza de Toros por causas de utilidad e interés público.
De poco sirvieron las protestas de los empresarios, que tenían programadas tres corridas en el mes de agosto. Muy a su pesar tuvieron que entregar esa misma tarde el coso con la promesa de que serían indemnizados y su pago se liquidaría a más tardar en seis meses.
Extraoficialmente se dijo que ahí se construirá un hotel o un estacionamiento para detonar la actividad del Centro Expositor.
Sin embargo nada de eso ocurrió.
El caso es que en abril de este año El Relicario volvió a abrir sus puertas para la Feria de Mayo, pero con un nuevo empresario taurino: Alejandro Martínez Vértiz, dueño de la empresa de alimentos Lyncott.
Y lo hizo sin participar en una ninguna licitación pública o concurso por invitación. Simplemente se le adjudicó de manera directa sin que la declaratoria para convertir ese inmueble en un hotel o estacionamiento se hubiera revocado y sin que hubieran sido indemnizados los empresarios poblanos a quienes se les canceló la concesión.
Antes de dejar la Subsecretaría de Administración del Patrimonio para irse con su jefe José Cabalan Macari Álvaro a la Secretaría de Infraestructura, José Gustavo Fernández Cortés se comprometió a cubrir a la empresa Protauro la cantidad de 249 mil pesos 174 mil pesos por indemnización y 75 mil por el cheque de garantía que entregó al momento de firmar el contrato de concesión.
Hasta el día de hoy, ni una ni otra cantidad ha recibido, pues resulta que Fernández Cortés no giró ningún expediente u orden de pago a la Secretaría de Finanzas para que ésta procediera a liberar los cheques correspondientes.
¿Cuántos asuntos como este dejó pendientes Fernández Cortés en la Secretaría de Administración?
¿Qué pasó con el IVA que se cobró por esa fallida concesión? ¿Por qué el reembolso de la aseguradora Axxa no se reinvirtió en la colación de la lona que servía como techo de la Plaza de Toros? ¿Por qué a los empresarios locales se les obliga a participar en una licitación pública nacional y a los foráneos, como Alejandro Martínez Vértiz, se les asigna el coso de manera directa? ¿Será acaso por qué Martínez Vértiz es amigo y consejero de Pedro Aspe Armella en su consultora y casa de bolsa Protego?
Son preguntas, que conste.
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