El diablo está en los detalles, reforma en telecomunicaciones
La iniciativa de reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, que pone tope a los oligopolios televisivos y de telefonía y garantiza la apertura del sector a la competencia incluso internacional, es sin duda un avance que debe aplaudirse, pues recoge una de las demandas más sentidas del pasado proceso electoral.
Sin embargo tampoco hay que echar las campanas a vuelo y desvivirse en elogios, pues hay que esperar los detalles y las letras chiquitas, por los cuales suele colarse el diablo. Hay que analizar qué pasa con la iniciativa en el Congreso, qué ajustes le hacen los diputados y senadores, en especial los integrantes de la llamada telebancada, y cómo vienen las leyes secundarias o reglamentarias.
Y algo no menos importante: cómo y quiénes integrarán el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) y la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofeco), que serán los órganos encargados de aterrizar esta reforma. Si sus miembros o comisionados no son especialistas en la materia ni personas de reconocida trayectoria y solvencia moral, sino producto de cuotas partidistas, estos entes podrían resultar tan decepcionantes como el Instituto Federal Electoral.
La autonomía no es suficiente y —como ya se demostró con el IFE— tampoco es garantía de eficacia, eficiencia o de una independencia real de los partidos y poderes fácticos.
Como quiera que sea, no hay que regatear méritos a esta trascendente iniciativa, resultado de los acuerdos del presidente Enrique Peña Nieto y su partido, el PRI, con las cúpulas del PAN y el PRD en el marco del Pacto por México. Pero es importante poner atención en los detalles y en aquellos asuntos clave, como las atribuciones que tendrán las nuevas agencias reguladoras de la competencia y las telecomunicaciones en México.
La Cofeco y el Ifetel serán responsables de regular el mercado de las telecomunicaciones y la televisión, de abrirlo a la competencia y de procurar que estos cambios cumplan con el ABC de la reforma en ciernes; asegurar cobertura universal para que los servicios de televisión, radio, telefonía y datos lleguen a todo el país; buenos precios y tarifas competitivas a nivel internacional y; calidad en servicio y en contenidos.

A la Cofeco se le confiará el reto de encarar y acabar con las empresas oligopólicas, que de manera legal o encubierta concentran más del 50% del mercado, como América Móvil de Carlos Slim Helú —que controla Telmex y Telcel— y Grupo Televisa de Emilio Azcárraga Jean, que domina el mercado de la televisión abierta y privada.
El Ifetel, por su parte, se encargará de operar la licitación de las dos nuevas cadenas nacionales de televisión, de otorgar y revocar concesiones, de sancionar a aquellos concesionarios que no cumplan la reforma constitucional o violenten las leyes reglamentarias y de evitar la concentración de frecuencias en un mismo mercado o zona de cobertura geográfica, tareas que más tarde que temprano los llevarán a enfrentarse con los poderes fácticos de los grandes consorcios, como Televisa y TV Azteca.
Siendo sinceros, pocos, pero muy pocos, creíamos que Peña Nieto haría en sus primeros 100 días de gestión lo que Felipe Calderón Hinojosa y el PAN no hicieron en uno o dos sexenios: defenestrar a Elba Esther Gordillo como cacique del SNTE y acotar el poder de Televisa —su gran aliada mediática en las pasadas elecciones—, que concentra el 70% del mercado de televisión abierta y el 60% del mercado de televisión de paga.
Y eso es digno de reconocimiento, no de celebración, al menos hasta que la reforma se apruebe en los términos que este lunes se anunció y se conozcan los detalles acerca de cómo los mexicanos contaremos con más canales de televisión y nuevas opciones en telefonía y telecomunicaciones que contribuyan a la democratización, apertura y pluralidad de los medios de comunicación y noticiosos que utilizan estas plataformas tecnológicas.
***
En el penal de San Miguel hay un empresario que ya también goza de privilegios o de un trato preferencial del propio director del Cereso. Se trata de Eduardo Rivera Santamaría, quien ya cuenta con una habitación privada en el área de Visita Íntima, desde la cual atiende sus asuntos y sostiene amenas pláticas con el director del reclusorio Juan Roberto Montes Romero y el subdirector José Francisco Otero Méndez.
Su condición de privilegio es tal que funcionarios de la Dirección de Asuntos Internos de la Secretaría de Seguridad Pública que en las últimas dos semanas realizaron tres visitas de inspección al penal de San Miguel ni siquiera lo molestaron.
***
Simón dice:
“Modestamente, la televisión no es culpable de nada. Es un espejo en el que nos miramos todos, y al mirarnos nos reflejamos.”
Jaime de Armiñán (1935-?) Escritor español.
Etiquetas:Enrique Peña Nieto, Reforma a la ley de telecomunicaciones

