LA CORTE DE LOS MILAGROS

Moreno Valle de cara al 2018

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Hace unos días leí un interesante texto del periodista Jorge Zepeda Patterson sobre los extravíos del PAN en el gobierno, el cual se derivó de una entrevista que el ex dirigente nacional panista Luis Felipe Bravo Mena concedió a La Jornada, durante la cual subrayó que Acción Nacional se convirtió en otro PRI al abandonar sus principios y anteponer el pragmatismo, el dinero, el acarreo y el marketing político a las causas ciudadanas que lo llevaron al poder en el año 2000.

En su artículo titulado “PRI y PAN, la disputa por la derecha”, el periodista sostiene que en realidad el gran fracaso de Acción Nacional no es haber perdido la Presidencia de la República o el grueso de su membresía, sino haber permitido que el PRI le arrebatara su discurso ideológico y los votantes ubicados en la derecha política.

El problema para el PAN es que el PRI que llegó al poder proviene de la derecha empresarial. El grupo Atlacomulco, al que pertenece Peña Nieto, ha sido la fracción priísta más cercana a la iniciativa privada desde los tiempos del profesor Carlos Hank González. Los descendientes de este último ilustran el perfecto maridaje entre los negocios y la política: un nieto se llama justamente Carlos Hank González, pero el González no es de los Hank sino de la hija de Roberto González, el recién fallecido dueño de Banorte y Maseca. Y qué decir de Jorge Hank Rohn, propietario de la mayor cadena de casinos del país y aspirante a la gubernatura de Baja California.”

Traigo a colocación lo anterior para poner en contexto el paradigma en que se encuentran metidos los panistas, ya no de Puebla sino del resto del país, con un gobernador como Rafael Moreno Valle que este martes rindió su segundo informe de labores y aprovechó la ocasión para promoverse como un prospecto presidencial con miras al 2018.

Moreno Valle es quizás el personaje que mejor representa al descolorido y pragmático PAN postcalderonista, que en el ejercicio del poder se transformó en una copia pirata del PRI, olvidándose de su doctrina y sus promesas de combatir la corrupción, el clientelismo y el patrimonialismo.

En el escenario nacional son pocas las figuras panistas que hoy se vislumbran como potenciales candidatos a la Presidencia o que hayan comenzado a construir una plataforma que pueda proyectarlos rumbo al 2018.

Esta situación pone a los dirigentes y militantes del PAN ante la disyuntiva de sumarse a un personaje como Moreno Valle, a sabiendas que se trata de un político camaleónico formado en las filas del PRI y heredero de un rancio autoritarismo de derecha —en el que confluyen personajes como su abuelo, el defenestrado general Rafael Moreno Valle, y el profesor Carlos Hank—, pero dotado de una generosa cartera para comprar adeptos y contratar expertos en el arte de ganar elecciones.

O bien construir un candidato distinto, más vinculado a la sociedad civil que al servicio público, capaz de volver a entusiasmar al votante de centro-derecha —como en su momento lo hicieron Manuel Clouthier o Vicente Fox—, pero que además ofrezca garantías de hacer un gobierno honesto, eficiente y cuyo interés no sea perpetuarse en el poder sino dar resultados.

En el primer escenario, los panistas tendrían que ser conscientes de que están frente a un hombre de poder, que los usará y que podría beneficiarlos al recuperar para ellos el gobierno federal, sobre todo si Moreno Valle logra construir una amplia alianza electoral como la que le permitió ganar la gubernatura de Puebla en 2010, aunque el riesgo de que terminen de desdibujarse ideológicamente es aún mayor. Mientras que en el segundo, tendrían la oportunidad reconciliarse con sus votantes y reposicionarse como la opción partidista de centro-derecha que Peña Nieto les arrebató en las elecciones de 2012.

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Simón dice:

“El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen.”

Anatole France (1844-1924) Escritor francés.


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