Pobre México: tan rico en políticos y tan escaso en estadistas
Uno de los mayores retos que México enfrenta como nación es la carencia de estadistas, de políticos con visión estratégica de largo plazo, capaces de planificar, influir y consensuar con los distintos actores y sectores el desarrollo económico, político y social de nuestro país.
En México, a diferencia de otros países, no existe una instancia con facultades legales que se encargue de orientar y planificar el desarrollo y crecimiento y de definir la vocación económica de cada entidad o región de la República.
So pretexto de un mal entendido federalismo (caciquismo regional) o un presidencialismo omnímodo, en México cada gobernador o presidente hace lo que se le ocurre o, en el mejor de los casos, lo que sus sesudos asesores “en un momento de lucidez” les sugieren.
Si en nuestro país existiera un órgano nacional integrado con los mejores especialistas de cada área, que con autonomía se dedicara a planear el desarrollo por décadas y a elaborar proyectos y programas detonadores de largo aliento con metas concretas y sujetas a evaluación anual, seguramente el futuro de la nación sería distinto.
Sin embargo hasta ahora ni el presidente electo Enrique Peña Nieto ni los coordinadores y operadores de su equipo de transición han esbozado siquiera un Proyecto de Nación que se aparte de los lugares comunes, la palabrería y los tecnicismos de cada sexenio: “vamos por reformas estructurales”, hacia un auténtico federalismo, el objetivo es ser más productivos y competitivos, etcétera, etcétera.

Todos dicen saber qué hacer, pocos explican cómo, pero casi nadie se compromete a plasmarlo en un documento —avalado por los principales actores y sectores— con políticas públicas de largo, mediano y corto plazos, que establezcan metas y objetivos viables y cuantificables de forma anual y quinquenal.
Mientras el desarrollo de México siga sujeto a planes y programas sexenales que nadie revisa ni evalúa, y a los caprichos y ocurrencias de cada presidente, gobernador o alcalde, no habrá crecimiento ni progreso seguro.
Mientras en México el futuro de los políticos dependa de su popularidad, de su capacidad de ganar elecciones y de manipular a los ciudadanos, el país continuará estancado e inmerso en crisis recurrentes.
Mientras en México no haya estadistas sino políticos oportunistas o telegénicos que pasan de una secretaría a otra o que saltan de un puesto de elección popular a un cargo en la administración pública o viceversa y cuyo ascenso no depende del cumplimiento de sus promesas de campaña ni de sus resultados, el país seguirá siendo rehén de la partidocracia o de demagogos con lenguaje tecnocrático.
Mientras en México no haya una instancia que exija cuentas claras a los políticos y evalúe con base en datos duros lo que estos presumen en su propaganda, la historia de cada seis años seguirá repitiéndose: presidentes y gobernadores que pese a contar con mayores recursos no hacen más obra pública, debido a el gasto adicional no se destina a infraestructura sino a crear más plazas y nuevas estructuras burocráticas.
¿O no don Felipe?
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En el reparto final de comisiones ordinarias de la Cámara de Diputados, la cosecha obtenida por los legisladores poblanos del PRI, PAN y PRD fue muy pobre, casi magra: solo una presidencia, la de la Comisión de Población para el priísta Javier López Zavala.
El ex candidato a la gubernatura estaba apostado por la presidencia de la Comisión de Desarrollo Social, pero al final tuvo que conformarse con la de Población.
Los demás se quedaron con puras secretarías.
De última hora la priísta Rocío García Olmedo perdió la presidencia de la Comisión de Equidad y Género, a cambio de dos secretarias, una en esta comisión y otra en la Comisión de la Función Pública.
Otro que también pujó por una presidencia fue Enrique Doger Guerrero, quien sólo se quedó con la secretaria de la Comisión de Educación. Su condición de burbujo a distancia parece no favorecerle.
De las comisiones relevantes o más peleadas por los diferentes grupos parlamentarios destacan las de Presupuesto y Cuenta Pública, a la que se colaron como secretarios dos morenovallistas: uno del PRI, José Luis Márquez Martínez, y otro del PAN, Néstor Gordillo Castillo; Vigilancia de la Auditoria Superior de la Federación, donde ganó un lugar como secretario el neopanista Julio Lorenzini Rangel; e Infraestructura, cuya secretaria quedó en manos del coordinador de los diputados priístas poblanos Carlos Sánchez Romero.
Hasta el cierre de esta edición aún no se definía a qué comisión iría la perredista Roxana Luna Porquillo. Estaba propuesta para la secretaría de la Comisión de Radio y Televisión o para la secretaría de la Comisión de Derechos Humanos.
El resto de los diputados federales poblanos se quedó con las siguientes secretarías: Jesús Morales Flores con la Reforma Agraria, María del Carmen García de la Cadena con la Relaciones Exteriores, Lisandro Arístides Campos Córdova con la de Fomento Cooperativo, Laura Guadalupe Vargas Vargas con la de Juventud y Deporte
Soraya Córdova Morán con la de Seguridad Social, Víctor Díaz Palacios con la de Comunicaciones, Josefina García Hernández con la de Asuntos Indígenas, Ana Isabel Allende Cano con la de Seguridad Pública, Filiberto Guevara González con la de Asuntos Migratorios y la de Fortalecimiento al Federalismo.
La panista Blanca Jiménez Castillo fue nombrada secretaria de la Comisión de Equidad y Género; Rafael Micalco Méndez secretario de la Comisión del Trabajo, y María Isabel Ortiz Mantilla secretaria de la Comisión de Medio Ambiente.
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Simón dice:
“La burocracia en los países latinos parece que se ha establecido para vejar al público”.
Pío Baroja (1872-1956) Escritor español.

