LA CORTE DE LOS MILAGROS

Promesas, promesas… ¿Y las ganas de cumplir?

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El combate a la corrupción y la apertura de la administración pública al escrutinio ciudadano son asuntos que requieren de voluntad política, de voluntad de poder, más que de reformas legales o nuevas estructuras burocráticas.

La propuesta del presidente electo Enrique Peña Nieto de fortalecer al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI) dotándolo de autonomía constitucional, de nuevas facultades y comisionados, ampliando su campo de acción y competencia sobre los poderes Legislativo y Judicial, así como sobre los gobiernos estatales y municipales, debe tomarse con cautela.

En el discurso suena bien, lo mismo que su intención de crear una Comisión Nacional Anticorrupción que, además de sustituir a la Secretaría de la Función Pública, contaría con amplios poderes de investigación y procedimentales para sancionar y consignar ante un juez tanto a funcionarios corruptos como ciudadanos o particulares que actúen como corruptores o cómplices de aquellos.

La experiencia de los últimos años nos dice que, para reducir o desaparecer la corrupción, no basta con reformas la Constitución, la expedición de una nueva ley o la conformación de un órgano autónomo con el propósito expreso de hacer pública la cosa pública u obligar a los gobiernos a rendir cuentas de los recursos humanos, materiales y financieros a su cargo.

En muchos estados de la República Mexicana se han constituido institutos o comisiones autónomos y expedido leyes modelo de transparencia, pero que en la práctica son auténticos elefantes blancos que no funcionan o sirven de tapadera de servidores públicos opacos, cínicos y deshonestos.

En Puebla, para no ir muy lejos, durante el sexenio pasado se emitió un Código de Ética de los Servidores Públicos y se creó una Fiscalía Anticorrupción. A pesar de ello, el gobierno de Mario Marín fue uno de los más corruptos. Por lo que se refiere al nuevo gobierno de Rafael Moreno Valle, aprobó una de las mejores leyes de transparencia del país, pero no se aplica y la presidenta de la CAIP es acosada con auditorías y otras presiones para que renuncie.

Las causas de esta inoperancia institucional suelen ser diversas: en algunos casos porque sus comisionados son empleados de los gobernantes en turno o están políticamente subordinados a ellos; porque las leyes de transparencia y rendición de cuentas son letra muerta, pues no se aplican o se aplican discrecionalmente; o porque tales organismos carecen de autonomía real o son ahorcados presupuestalmente cuando comienzan a incomodar o dar resultados que evidencian a las autoridades.

Más que crear nuevas estructuras para combatir la corrupción —me parece que ya hay suficientes considerando la Auditoría Superior de la Federación, la Secretaría de la Función Pública, los órganos de control interno de cada dependencia, las contralorías estales y los órganos de fiscalización o auditoría de cada entidad federativa—, lo que se necesita es voluntad de poder, es decir, ganas de castigar a corruptos.

Los instrumentos institucionales y legales, aun con todas sus imperfecciones, ya existen, no así las ganas de la autoridad de castigar, ejemplarmente y sin revanchismos políticos o partidistas, a los corruptos del presente y el pasado reciente.

Si Peña Nieto y quienes lo acompañarán a partir del 1 de diciembre en el gobierno federal de veras tienen la firme determinación de combatir la corrupción y de acabar con la impunidad de que gozan políticos, líderes sindicales, gobernadores, funcionarios y particulares —sean amigos o no del primer mandatario—, ni falta les hace crear la Comisión Nacional Anticorrupción.

Bastaría con que en los hechos demostraran que las leyes vigentes se van aplicar sin distingos, extinguir tanto fideicomiso que sólo sirve para ocultar la ruta del dinero público, transparentar los subsidios y sus destinarios, los montos que se canalizan al SNTE y al gremio petrolero por cuotas sindicales y otras prebendas laborales, desaparecer las llamadas partidas secretas y los bonos discrecionales que se pagan a la alta burocracia.

Si hay voluntad política, lo demás es de lo menos. ¿O me equivoco?

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Este martes el secretario general de gobierno Fernando Manzanilla Prieto comenzó a promoverse en espectaculares ubicados en diferentes puntos estratégicos de la ciudad de Puebla. Para disfrazar esta anticipada campaña de posicionamiento electoral se usó, otra vez, la portada de la revista 360 grados.

En los anuncios espectaculares, el cuñado del gobernador aparece de medio cuerpo, sin rasurar, en mangas de camisa, con corbata pero con el último botón de la camisa suelto. Junto a su fotografía, el siguiente encabezado FER MANZANILLA, La PUEBLA que imagina.

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Simón dice:

“Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá.”

Quinto Horacio Flaco (65 AC-8 AC) Poeta latino.

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