LA CORTE DE LOS MILAGROS

Ausencia de autocrítica y soberbia presidencial

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En los razonamientos que hasta ahora han hecho los panistas sobre las causas que los llevaron a perder el poder hay una evidente ausencia de autocrítica y una terrible soberbia presidencial que ha llevado a Felipe Calderón a declarar que la derrota de su partido no es culpa suya, sino de quien fue la candidata del albiazul, Josefina Vázquez Mota.

La debacle electoral panista no se circunscribe a la última elección. Viene de más atrás, con la decepción que en no pocos votantes dejó la gestión de la pareja presidencial formada por Vicente Fox y Marta Sahagún.

El desempeño gubernamental del primer presidente de alternancia, que no de transición democrática, fue tan malo que en las siguientes elecciones presidenciales de 2006 el PAN estuvo a punto de ser echado de Los Pinos y no por el PRI, sino por el candidato de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador.

Con la ayuda de Fox, algunos gobernadores priístas, la profesora Gordillo y otros poderes fácticos, Felipe Calderón logró mantener al albiazul en la presidencia con escasos 233 mil 831 votos de diferencia sobre su más cercano contendiente, al que superó por apenas 0.57%.

Sin embargo su triunfo fue efímero, pues no pudo cumplir con las tasas de crecimiento económico y empleo que prometió en campaña; tampoco pudo sacar adelante las reformas estructurales ni derrotar al narco, ni refrendar en los hechos su compromiso de combatir a la corrupción.

En esta última materia, el saldo de las administraciones panistas es negativo. En diciembre de 2001 Transparencia Internacional ubicó a México en la posición 51 de 91 países analizados, con una calificación reprobatoria de 3.7, junto a países como Panamá y Colombia. En 2011, México cayó al lugar 100, de 180 naciones evaluadas, con una calificación 3.

Según el Índice de Percepción de Corrupción (IPC), actualmente México tiene una calificación inferior a la que tenía antes de la llegada de los gobiernos del PAN. El dato más aterrador es que con Calderón la corrupción aumentó, pues el país bajó de calificación de 3.5 a 3, y cayó de la posición 72 a la 100, de una lista de 180 naciones.

En el terreno electoral los resultados del calderonismo también son desastrosos para el PAN. No sólo perdió varias gubernaturas (cinco en 2007 y dos más en 2012) y ayuntamientos —entre ellos los de las principales capitales—, sino que pasó en seis años de 53 a 38 senadores y de 207 a 114 diputados en la última legislatura federal.

Paradójicamente, en 12 años la membresía panista creció 399%.

Pero no ocurrió lo mismo con sus votos: en la contienda presidencial, el PAN perdió más de 900 mil sufragios entre 2000 y 2006 (el 6%), y 2 millones 200 mil votos entre 2006 y 2012 (el 15%), pasando del primero al tercer lugar como fuerza política nacional.

Lo más grotesco de la crisis panista es que ahora el presidente Calderón pretenda retomar las riendas de su partido y erigirse en una especie de salvador y líder moral, en aras de la refundación y reconstrucción de la organización fundada por Manuel Gómez Morín en 1939.

O que la mayoría de los consejeros que forman la Comisión de Evaluación y Mejora del PAN —que tiene a su cargo el proyecto de reforma estatutaria para corregir los procesos de afiliación y depuración de la membresía, los métodos de selección de candidatos y de nombramiento de dirigentes, así como la forma en que se administrará y asignará el financiamiento público— esté compuesta por auténticos perdedores.

¿Con qué calidad moral Germán Martínez, César Nava o Luis Felipe Bravo, Marco Antonio Adame o Luisa María Calderón pueden proponer reformas para hacer del PAN un partido más democrático y competitivo, si las cuentas electorales que han entregado como dirigentes nacionales, gobernadores o candidatos son puras derrotas?

Lo que el PAN requiere para retomar sus principios, dejar atrás las derrotas electorales y recuperar la confianza ciudadana, no es refundarse o someterse a una profunda reforma estatutaria: lo que en realidad necesita —y con urgencia— es un poco de humildad y autocrítica, comenzando por el desempeño gubernamental de sus presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón.

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Simón dice:

«Es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse.»

Henry David Thoreau (1817-1862) Escritor, poeta y pensador.

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