Fortaleza o debilidad de la coalición del PRI con el PVEM y el Panal
A diferencia de lo que opinan algunos analistas que ven en la alianza del PRI con el partido de la maestra Elba Esther Gordillo y la franquicia partidaria de la familia González Torres una forma de amarrar el triunfo de Enrique Peña Nieto en las elecciones presidenciales de 2012, a mi me parece que el mensaje enviado a los lectores se inscribe en una lógica distinta.
En la lógica de que el PRI y su inminente candidato presidencial no creen que puedan por sí mismos ganar las elecciones o al menos con la cómoda ventaja que hoy le otorgan las diferentes casas y firmas encuestadoras.
Si Peña Nieto y el dirigente nacional priísta Humberto Moreira prefirieron librar una guerra intestina con figuras y cuadros de su partido, antes de retirarles a los militantes del Panal y PVEM las candidaturas a diputados y senadores que les cedieron en entidades como Chiapas, Sinaloa, Quintana Roo, Puebla y el Distrito Federal, es porque creen que al final de la jornada van a necesitar de los votos de ambos partidos, aunque estos sean marginales.
De otra manera uno no se explica por qué el ex gobernador mexiquense hizo hasta lo imposible por garantizar que tanto la maestra Elba Esther Gordillo como el llamado Niño Verde, Jorge Emilio González Martínez, aun con el desprestigio que arrastran, se integraran a la coalición Compromiso por México.
Con más realismo que pesimismo, los estrategas electorales del PRI no han descartado que en una elección cerrada y competida ya sea con la coalición de izquierda encabezada por Andrés Manuel López Obrador, el PAN o con ambos a la vez, la diferencia entre ganar y perder la presidencia la República pueda ser de dos o tres puntos porcentuales.
Así ocurrió en las presidenciales de 2006, en las que Felipe Calderón obtuvo el 35.89% de los sufragios, y López Obrador el 35.31%, y en los comicios locales del domingo 13 de noviembre en Michoacán, donde el priista Fausto Vallejo Figueroa computó el 35.39% de los votos y Luis María Calderón el 32.67%.
En la elección para presidente de 2006 el Panal apenas alcanzó el .96% los sufragios, y en las de diputados de mayoría relativa de Michoacán el .67%.
Al PVEM no le fue mucho mejor en Michoacán, pues obtuvo el 1.83% de los votos.
El mejor escenario para los priístas es que el PVEM y el Panal logren repetir su hazaña de 2009, cuando el primero sacó el 6.5% de la votación nacional y el segundo el 3.4%, lo que se antoja francamente difícil.
Lo que sí es cierto es que bajo las nuevas reglas electorales ambos partidos necesitan al menos el 2% de los votos para conservar su registro como partido político nacional.
¿Serán estos cuatro puntos porcentuales los que hagan la diferencia a favor de Peña Nieto en caso de una elección cerrada y altamente competida?
Otra cuestión que la coalición de los priístas con los aliancistas y verdes ha puesto en entredicho es el discurso del nuevo PRI, enarbolado por su inminente candidato presidencial y Humberto Moreira y plasmado en la plataforma electoral que la coalición Compromiso por México registró ante el Instituto Federal Electoral.
Cómo puede el PRI presumir ser un partido moderno y reformador, si la maestra Elba Esther Gordillo y el Niño Verde son la personificación justamente de lo contrario: del viejo y caduco sistema, el corporativismo y el patrimonialismo.
Con qué cara o autoridad moral los dirigentes del PRI, Panal y PVEM pueden proponer —como lo hacen en su plataforma electoral— encabezar un gobierno con cero tolerancia a la corrupción, que rinda cuentas a la sociedad con transparencia, que cumpla con su mandato y que cueste menos a los contribuyentes, si Humberto Moreira, Elba Esther Gordillo y José Emilio González representan justamente lo contario.
Qué credibilidad puede tener una reforma a la educación nacional, si Elba Esther Gordillo logra continuar como la gran cacique del magisterio o la promesa de construir un gobierno honesto y eficiente, que sancione el desvío de recursos públicos y el enriquecimiento de funcionarios, si Moreira y El Niño Verde son sus promotores.
Francamente creo que ninguna.
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Simón dice:
«Los débiles tienen un arma: los errores de los que se creen fuertes.»
Georges Bidault (1899-1983) Político francés
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