LA CORTE DE LOS MILAGROS

Una torpeza haber cedido en la redistritación

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Más allá de qué grupo o actor político se asuma como el ganador de las negociaciones de la reforma política de Puebla, lo verdaderamente cierto es que el acuerdo de echar abajo la redistritación electoral propuesta por el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas es un retroceso democrático.

Y es que dejar las cosas como están para que los priístas avalen la propuesta del minigobernador de 22 meses 13 días es una estupidez, que fomenta la inequidad y la desigualdad en la representación política y la competencia electoral, al dar mayor peso político a los ciudadanos de distritos rurales y de baja densidad poblacional que a los distritos metropolitanos y de alta concentración urbana.

El acuerdo de mantener la actual división distrital, que privilegia demarcaciones tradicionalmente priístas como los tres distritos de la Mixteca —Acatlán, Chiautla y Tepexi— en detrimento de los habitantes y electores de ciudades como Puebla, Atlixco y Tehuacán, echa por tierra uno de los argumentos centrales de la reforma política morenovallista.

En sus iniciativas de reforma a la Constitución y al Código Electoral, el gobernador afirmó que una de las fallas de nuestro sistema electoral es que en materia de representación política los diputados locales no sirven a un número similar de ciudadanos, lo que genera inequidad en la competencia.

“… en el caso de los diputados de mayoría relativa, es condición óptima de representatividad y paridad que en sus distritos tengan a un número similar de ciudadanos a quienes representar. La igualdad poblacional con base en el último censo de población, es un rasgo democrático esencial de la elección y representación por el principio de mayoría relativa.”

La forma en cómo hoy se conforman los veintiséis distritos o demarcaciones en que se divide la entidad para efectos electorales es totalmente arbitraria, discrecional y al margen de criterios poblacionales. Se podría decir incluso que anticonstitucional y antidemocrática, atendiendo a los principios de un elector un voto, y de paridad e igualdad poblacional.

En las pasadas elecciones locales de 2010 el padrón electoral mostró que mientras en cuatro distritos había más de 200 mil ciudadanos inscritos por demarcación, en otros cinco la ciudadanía representada era menor de 100 mil habitantes.

Según el último listado nominal que se utilizó en los comicios de julio de 2010, en la entidad existen 3´850,473 electores. Si estos se dividieran entre los 26 distritos uninominales cada uno debería contar con un promedio de 148 mil electores.

Sin embargo, la realidad es muy diferente.

En el estado de Puebla hay ocho distritos con más de 180 mil votantes inscritos en el listado nominal, y ocho con menos de 120 mil.

El distrito 9 con cabecera en el municipio de Atlixco tiene 3.19 veces más electores que el distrito 13 de Tepexi , aunque ambos sólo tienen derecho a un diputado de mayoría; y los distritos 14 de Tehuacán y 7 de San Martín Texmelucan tienen más del doble de votantes que los distritos de Chiautla y Acatlán, respectivamente.

Lamentablemente estas asimetrías en el tamaño y población de los distritos no se corregirán, pues el gobernador Rafael Moreno Valle optó por sacrificar su planteamiento de que el Instituto Electoral del Estado lleve a cabo una nueva redistritación basada criterios de igualdad poblacional y uniformidad territorial, a cambio de los priístas apoyen su propuesta de un minigobernador de menos de dos años, lo cual, insisto, es un despropósito del que más tarde que temprano se arrepentirá.

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Simón dice:

“En tiempos de corrupción es cuando más leyes se dan.”

Étienne Bonnot de Condillac (1715-1780) Filósofo y economista francés.


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