Gato encerrado en la intentona de elegir gobernador de dos años
* Pros y contras de la reforma política propuesta por Moreno Valle
* Qué cambia si las elecciones se empatan en los años 2018 ó 2024
* Castañeda devela cómo negocia la maestra Gordillo con sus aliados
Si no fuera por las aspiraciones presidenciales del gobernador Rafael Moreno Valle con miras al 2018, sus iniciativas de reforma política y electoral enviadas al Congreso del estado, sin duda tendrían la aprobación unánime de los distintos partidos y fracciones parlamentarias.
En términos generales las modificaciones propuestas al Poder Legislativo representan un avance en comparación con lo que hoy establecen la Constitución Política del estado, el Código de Instituciones y Procesos Electorales, y la Ley Orgánica Municipal, en materia de concurrencia de procesos electorales federales y estatales, de coaliciones y candidaturas comunes, de periodos de precampaña y campaña, de tiempos entre la elección de una autoridad y su toma de posesión, y de paridad en la conformación de los distritos locales electorales.
Personalmente me habría gustado que el Ejecutivo estatal también hubiera considerado a los partidos políticos como sujetos obligados de la Ley de Transparencia, con el propósito de que los recursos públicos que reciben no sólo fueran fiscalizados por el Instituto Electoral del Estado, sino por cualquier ciudadano; que el nombramiento de los consejeros electorales fuera escalonado, es decir, que no todos fueran designados al mismo tiempo, y que en el Código Electoral se hubieran incluido candados legales que evitaran las cuotas partidistas en el nombramiento de consejeros.
Sin lugar a dudas el mayor punto de controversia de las dos iniciativas que el viernes se presentaron al pleno del Congreso del estado es el relacionado con la elección de un gobernador constitucional para un periodo de casi dos años, en julio de 2016.
Para los diputados de oposición al actual mandatario estatal, entre los que hay que mencionar a los integrantes del bloque priísta y al convergente José Juan Espinosa Torres, las elecciones federales y estatales deben empatarse en julio de 2021, y no hasta julio de 2024, como se plantea en la iniciativa de reformas a la Constitución Política del estado.
El gobernador Moreno Valle quiere que después de su periodo —que concluye el 31 de enero de 2017— lo suceda un gobernador constitucional de 22 meses y 13 días, y luego otro de seis años, con lo que la concurrencia entre elecciones federales y estatales se daría hasta el 2024.
En cambio, los priístas y el convergente José Juan Espinosa son partidarios de que después de Moreno Valle concluya su gestión, el próximo gobernador sólo permanezca en el cargo cuatro años siete meses, a fin de que la concurrencia electoral se adelante para el año 2021.
La diferencia entre una y otra propuesta no es de forma, sino de fondo.
Moreno Valle le apuesta a poner al gobernador constitucional que lo suceda y a que éste sea de su grupo político —alguien como Fernando Manzanilla Prieto— a fin de que apoye y apuntale sus aspiraciones presidenciales entre febrero de 2017 y julio de 2018, cuando tengan lugar los próximos comicios para presidente de la república.
Este escenario no es desconocido por los priístas y los opositores al actual mandatario estatal. De ahí su rechazo a la propuesta de un gobernador constitucional de menos de dos años.
Para los dirigentes y legisladores del PRI sería mejor que el sucesor de Moreno Valle sólo dure en el cargo cuatro años siete meses, considerando que si ganan las elecciones federales del año entrante y regresan a Los Pinos, también podrían recuperar la gubernatura de la entidad y descarrilar el proyecto presidencial del actual gobernador del estado.
En suma: la controversia entre priístas y panistas por la duración del periodo del próximo gobernador del estado no es una cuestión menor, sino una batalla política y parlamentaria sobre el proyecto presidencial de Moreno Valle y su intención de nombrar a uno de los suyos como su sucesor.
EN CORTO
Este domingo se publicó en el suplemento de análisis político del periódico Reforma un interesante ensayo de Jorge G. Castañeda, en el cual el ex canciller, amigo e inquilino de Elba Esther Gordillo, revela cómo negocia la maestra los apoyos y favores políticos que otorga a sus aliados con cargo al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE y el Partido Nueva Alianza (Panal).
Desde su experiencia personal, Jorge G. Castañeda describe cómo la líder del sindicato más grande de Latinoamérica lo dejó colgado en su aspiración de convertirse en candidato presidencial tras su renuncia a la Secretaría de Relaciones Exteriores a comienzos de 2003, y luego colgado en su intento de asumir la Secretaría de Educación Pública en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.
También cuenta por qué la maestra Gordillo coquetea con Ernesto Cordero, del PAN; con Enrique Peña Nieto, del PRI; y con Marcelo Ebrard, del PRD.
“… le atrae la idea de la coalición con el PRI y Peña Nieto, sin volver al partido donde nació. Pero sabe que su margen de maniobra es reducido: sin candidato propio, vale los mismos cuatro puntos, y con la actual ventaja de Peña Nieto en las encuestas, ese porcentaje no pesa tanto”.
“Tampoco le disgusta la posibilidad de Ernesto Cordero por el PAN: le tiene respeto y afecto, a diferencia de Alonso Lujambio y de Santiago Creel…”
“Su verdadera ilusión, sin embargo, su plan A, es Marcelo Ebrard. Para ello, Elba contempla varias vías. La ideal consistiría en su postulación por toda la izquierda unida, a la que se sumaría el Panal. A estas alturas parece difícil. La segunda alternativa consistiría en una división de la izquierda, con Ebrard con el PRD y AMLO por Morena: ideas más descabellada que la primera. Y la última, la que nunca muere, es Ebrard con el puro Panal, como candidato ciudadano: hasta Elba la ve cuesta arriba”.
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Simón dice:
“Nuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros incluso cuanto todavía no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta las leyes de nuestra actualidad.”
Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filósofo alemán.

