Ismael Ledesma Mateos
En los libros Bienvenidos al desierto de lo real (2008), Primero como tragedia, después como farsa (2011) y El coraje de la desesperanza. Crónicas del año en el que actuamos peligrosamente (2018) el filósofo esloveno Slavoj Žižek aborda temas sobre los que vale la pena pensar con profundidad. La portada del primero lo dice todo: la imagen de las torres gemelas incendiadas el 11 de septiembre; y la del segundo: una metáfora de hombres protegiéndose de lo que se ve como la caída de un avión. Se trata de textos que nos llevan a una reflexión desgarradora, donde la filosofía se aleja de la especulación y se conecta con la realidad concreta, dejando, como dijera Marx en la tesis once sobre Feuerbach, de interpretar el mundo cuando lo que importa es transformarlo, es decir, pasar de la especulación. Eso está presente en la filosofía de Žižek, quien además conjuga a ello una dimensión humana fundamental, la existencial, vista desde la perspectiva del psicoanálisis.
Una lección que se desprende de la teoría de la ideología de Marx es cómo la realidad no se percibe tal cual es: es deformada, distorsionada por la propia mente humana mediada por su proceso histórico de vida real, por su inserción en la sociedad. De ahí que en la introducción al primer libro mencionado la titule “La tinta perdida”, donde inicia diciendo que un trabajador de la extinta República Democrática Alemana, consigue un trabajo en Siberia y a sabiendas que sus cartas serían leídas por censores, propone a sus amigos un código: “si la carta que os envíe está escrita en tinta azul, lo que en ella os diga será verdad; si está escrita con tinta roja, será falso. Un mes más tarde, sus amigos reciben una primera carta, escrita en tinta azul. ‘aquí todo es maravilloso: las tiendas están llenas, la comida es abundante, los apartamentos son amplios y tienen buena calefacción, en los cines ponen películas occidentales, hay un montón de chicas dispuestas a tener una aventura… Lo único que no se puede conseguir es tinta roja’. La estructura del chiste es más refinada de lo que podría parecer: aunque el trabajador no puede indicar que lo que está diciendo es falso de la forma preestablecida, aun así consigue transmitir el mensaje. ¿Cómo? Incluyendo una referencia al propio código en el mensaje codificado, como uno de sus elementos”. Al mencionar que no hay tinta roja está diciendo que todo lo escrito en azul es falso.
Slavoj prosigue: “Lo que esta falta de tinta roja quiere decir es que hoy en día los principales términos que utilizamos para designar el conflicto actual —‘guerra contra el terrorismo’, ‘democracia y libertad’, ‘derechos humanos’, etc.—, son términos falsos que mistifican nuestra percepción de la situación en lugar de permitirnos pensarla. En este preciso sentido, nuestra propia ‘libertad’ sirve para enmascarar y sostener nuestra profunda falta de libertad”. Y cita a Chesterton que detectaba el potencial antidemocrático del principio de libertad de pensamiento: “Podríamos decir en términos generales que el pensamiento libre es la mejor de todas las salvaguardas contra la libertad. En su estilo moderno, la emancipación de la mente del esclavo es la mejor forma de evitar la emancipación del esclavo. Enséñale a preocuparse de si quiere ser libre y nunca se liberará”.
El primer capítulo, titulado “Pasiones de lo real, pasiones de la apariencia”, siguiendo a Alain Badiou sostiene que una característica clave del siglo XX es la “pasión por lo real”, en contraste con el siglo XIX, “lleno de proyectos utópicos e ideales utópicos o ‘científicos’, de planes para el futuro, el siglo XX se ha atrevido a enfrentarse a la cosa en sí, a realizar directamente el añorado Nuevo Orden. El momento definitorio del siglo XX es la experiencia directa de lo Real como algo opuesto a la realidad social cotidiana, lo Real en su extrema violencia como precio que hay que pagar por pelear las decepcionantes capas de la realidad.
La realidad desgarradora del 11 de septiembre de 2001 nos confronta con lo ocurrido “en sí” y el fenómeno televisivo, que construye otra realidad, donde hay “alternativas reales que suelen estar ocultas en un velo desinteresado” que pasa inadvertido, y cómo el capitalismo global de los Estados Unidos se ha convertido en un motor del radicalismo y fundamentalismo musulmán, que es utilizado como herramienta ideológica para la consolidación del imperialismo. Con una realidad, que requiere invocar a un adversario, que ya no es el comunismo, como en la guerra fría, sino el islamismo.
En Primero como tragedia y luego como farsa, Žižek nos dice que: “el título del libro está concebido como un elemental test de inteligencia para el lector: si la primera asociación que genera es el vulgar cliché anticomunista —tienes razón, después de la tragedia del totalitarismo del siglo XX, todo lo que se diga ahora sobre una vuelta al comunismo solamente puede ser absurdo—, entonces sinceramente recomiendo al lector que se detenga aquí. De hecho, se le debería de confiscar el libro a la fuerza, ya que se ocupa de una tragedia y una farsa totalmente diferentes, concretamente, de los dos acontecimientos que señalaron el principio y el fin de la primera década del siglo XXI: los ataques del 11 de septiembre de 2001 y el colapso financiero de 2008… En ambas ocasiones, Bush evocó la amenaza al modo de vida americano… Marx comenzó El dieciocho brumario de Luis Bonaparte con una corrección de la idea de Hegel de que la historia necesariamente se repite a sí misma: ‘Hegel observa en alguna parte que todos los grandes acontecimientos y personajes de la historia mundial se producen, por así decirlo, dos veces. Se le olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa’. Este complemento a la noción de Hegel sobre la repetición histórica era una figura retórica que ya le había rondado a Marx años antes: la encontramos en su Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en donde diagnostica la decadencia del Antiguo Régimen alemán en las décadas de 1830 y 1840 como una absurda repetición de la trágica caída del Antiguo Régimen francés”.
Žižek dice: “El coraje de la desesperanza, es sin duda un libro sombrío pero prefiero ser pesimista: al no esperar nada, a veces me llevo alguna sorpresa agradable (pues las cosas generalmente no son tan malas como podrían), mientras que los optimistas ven sus esperanzas defraudadas y acaban constantemente deprimidos.
”Las dos partes del libro desarrollan un sombrío diagnóstico a dos niveles: el del caos económico-político en el que estamos inmersos: ‘los altibajos del capitalismo global’ y el del escenario ideológico en el que se libran las batallas políticas económicas: ‘el teatro de sombras ideológico’. (Este escenario no es sólo un reflejo secundario de la auténtica lucha económica, sino que es el mismísimo escenario en el que se libran las auténticas batallas.) La primera parte ofrece una rápida perspectiva general de los callejones sin salida del capitalismo global… y concluye con una perspectiva general del regreso de la religión como factor político, desde China hasta Israel. La segunda parte comienza con un análisis de la así llamada ‘amenaza terrorista’ del fundamentalismo religioso; a continuación aborda la encarnizada batalla mundial por la sexualidad que libran los conservadores y las fuerzas de la corrección política; y concluye con la furia populista como reacción predominante a estas encrucijadas. Un breve movimiento final dibuja una imagen aun más sombría de cómo las actuales tensiones geopolíticas podrían conducir a la Tercera Guerra Mundial”.
Se trata, como se ve, de un libro extraordinariamente revelador de la situación contemporánea del mundo, mucho de lo cual es plenamente aplicable a México. Algo muy diferente a la situación del Reino de Ubú, que era mucho más simple que esta compleja realidad que Slavoj Žižek nos muestra en estos tres libros, que nos conducen al análisis y la reflexión.
¡Para mí es suficiente!









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