Ismael Ledesma Mateos
Todos los días cuando despierto consulto lo que me llaga de Google a mi teléfono y en verdad inicio el día asqueado, nauseabundo por ver y leer las notas que reproducen en diversos medios contra nuestro Presidente y su gobierno. Luego reviso El Universal, que para mí era el mejor diario de México y ahora es una asquerosidad, reducido a un pasquín con notas falsas y columnistas realmente repugnantes. ¿Cómo es posible que se publiquen las insidias de Loret de Mola —a quien mejor corrieron de Televisa— o ver en El Financiero, que era otro gran diario, las diatribas cotidianas del chileno mexicanizado Pablo Hiriart, el salinista que estuvo a cargo de la dirección de Notimex y de El Nacional, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y bueno a toda la demás recua de columnistas que me imagino tienen síndrome de abstinencia del chayote, y no tiene otro argumento que su trillada frase del derecho a “la libertad de expresión”?
Pero no se trata de de animadversiones o discrepancias personales o de diferentes puntos de vista. Más bien parece una acción concertada tendiente a la desestabilización del país, a combatir cotidianamente al régimen de la 4T. Desde una perspectiva sociológica, este fenómeno no debe trivializarse, no es un asunto meramente periodístico. Posee un trasfondo ideológico enmarcado en un discurso —en el sentido que Foucault le da al término— que debe ser analizado con rigor. Lo que se encuentra atrás de todo ello son las reminiscencias del viejo régimen que, surgido como consecuencia de la Revolución, se fue metamorfoseando y paulatinamente corrompiendo, hasta llegar a su clímax en la llamada era neoliberal. Ahí se fue forjando el pensamiento de estos comentócratas u opinócratas que usan sus columnas como un ariete en contra de la posibilidad de transformar a México.
Como ha escrito Miguel Ángel Ferrer (El Sol de México, 19/11/2020), “En México, durante largos decenios, las expresiones golpe de Estado, golpismo y dictaduras militares eran de uso corriente, pero nunca o casi nunca se empleaban en referencia a la sociedad mexicana. Se utilizaban para referirse a procesos políticos vigentes, también por décadas, en otras naciones de América Latina y el Caribe. Quizá los más célebres matrimonios entre golpe de Estado y dictadura militar se dieron en Chile, Argentina, Venezuela, Uruguay, Brasil, Cuba, Guatemala, Honduras y Paraguay. Más recientemente, los golpes de Estado de carácter militar se transformaron en golpes parlamentarios o golpes judiciales, también llamados golpes blandos, como en Brasil, contra Dilma, y Paraguay, contra Fernando Lugo.
”Pero, blando o clásico, el golpe siempre se inició con un coordinado ataque mediático, nacional e internacional, contra el gobierno que se pretendía derrocar, a fin de crear las condiciones de desestabilización que justificaran el golpe.
”De esa vieja y conocida historia negra se están presentando ahora mismo signos en México. Desde la asunción del régimen popular de López Obrador, las expresiones golpe y golpismo empiezan a usarse y repetirse con preocupante frecuencia. Y los iniciales signos del fenómeno se encuentran, como siempre, en el coordinado, feroz y falaz ataque mediático con fines desestabilizadores”.
La comunicación es determinante en la política, la elaboración de publicaciones es un aspecto fundamental para la acción. Recuerdo en mi juventud el papel del mimeógrafo para la elaboración de volantes o pequeños periódicos estudiantiles para impulsar campañas revolucionarias. O bien, remontándonos a otros tiempos, pensar en la labor periodística de los hermanos Flores Magón o la importancia que daba Lenin a su periódico Iskra (La chispa) como un detonante para la revolución bolchevique, o el periódico Oposición del Partido Comunista Mexicano. Sin embargo, en el escenario actual, en nuestro país no existen medios con capacidad de incidir en contra del acoso mediático que se sufre. En televisión tenemos alternativas importantes como el canal 8.1 (la Octava) o el canal 14, en algo el canal 11 y Tv UNAM. Pero no todos se ven en cadena nacional, a diferencia de las televisoras comerciales. Y ahora que internet ha desplazado en gran medida a medios escritos, también ha sido copada con los argumentos de la reacción derechista. Sobran ejemplos del papel de los medios, como el caso actual del Presidente Bolsonaro, en Brasil, que llegó al poder, en parte, a partir de sus mentiras y desatinos con amplia difusión mediática, las que, como algunos analistas han dicho, a sabiendas de que eran mentiras, con una ideología derechista homofóbica y misógina, le elevaba el rating.
Francisco Sierra Caballero (Medios golpistas, Mundo Obrero, 01/01/2020) nos habla de la disyuntiva entre Comunicación o Barbarie. “La civilización —citando a James Petras— en el grado maduro de desarrollo del capitalismo, es un sistema híbrido. Formalmente civilizada, en el fondo impone el abismo de la barbarie que hoy despliega VOX en forma de legitimación de la lógica de la destrucción creativa. El reciente golpe de Estado en Bolivia certifica esta iluminación anticipatoria, no sólo por la emergencia del neofascismo en Europa y América, sino —para el caso que nos ocupa— también por la vigencia de un sistema informativo que atenta contra los Derechos Humanos, ocultando la tortura y eliminación de opositores (caso del Mercurio, en Chile), promoviendo el linchamiento mediático (con el lawfare) y fungiendo como vanguardia de los golpes blandos (casos Paraguay o Brasil). De los telepredicadores de la era Reagan, que financiaron la guerra sucia contra Nicaragua, a la plaga evangelista que asola Brasil o promueve la guerra contrainsurgente en Chiapas amenazando a los teólogos de la liberación, los medios son hoy el principal baluarte de la restauración conservadora. Para ello cuentan con un amplio ejército de intelectuales orgánicos y portavoces de la Santa Alianza… Como analizara Marx en El 18 Brumario, hablamos de un tropel de pregoneros del Capital global que comparte ‘el espíritu de componendas llevado al fanatismo, por miedo a la lucha, por cansancio, por consideraciones de parentesco hacia los sueldos del Estado, tan entrañables para ellos, especulando con las vacantes de ministros, por ese mezquino egoísmo con que el burgués corriente se inclina siempre a sacrificar a este o al otro motivo privado el interés general de su clase’. Así, los colaboracionistas sólo trabajan hoy, como ayer, para sí mismos como tontos útiles al servicio del partido del orden en la lucha contra toda forma de socialismo democrático, esto es, en contra de campesinos, indígenas, trabajadores de la minería y grupos subalternos. Mientras los medios amplifican en pantalla las imágenes del desastre en Chile, Ecuador, o Colombia mostrando los rasgos de un mundo en descomposición, en esta lógica, la función vicaria de los medios golpistas es entretenernos, sumar voces a la ceremonia de la confusión para impedir que la gente se mueva, que el sistema quiebre por la vindicación de la vida. Triste función para el periodismo, hoy empeñado en el ardid de la falsedad y el colaboracionismo. ¿Alguna vez se exigirá responsabilidades por atentar contra los derechos fundamentales?”
Lo que se ve cotidianamente en muchos medios mexicanos es deleznable y nos deja ver la lucha de clases en toda su concreción, donde se pretende golpear a toda costa a un gobierno popular, tachado de populista, con miras a desacreditarlo. Ya se verá próximamente, pero por lo pronto, para ellos hasta la pandemia del COVID19 es culpa de Andrés Manuel López Obrador.
El Padre Ubú no tenía idea de estas problemáticas. En su reino la prensa no existía y, si hubiera habido quien se atreviera a cuestionarlo, aconsejado por la Madre Ubú habría mandado al Capitán Bordura a ponerles palitroques en las onejas y aplicarles las tenazas de descerebración. Aunque aquí, en México, a personajes como Loretito e Hiriartcito se ve que ya les hicieron eso y por eso quedaron como están: serviles al servicio de sus anteriores amos, que anhelan ver de regreso en el poder, aunque no sean ellos sino otros de sus siervos.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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