Ismael Ledesma Mateos
En su libro Viviendo en el final de los tiempos (Akal, 2012) Slavoj Žižek sostiene que sin ninguna duda “el capitalismo global se está aproximando rápidamente a una crisis terminal”, tal como lo conocemos está llegando a sus límites. Su postura es clara: él identifica la crisis ecológica mundial, los desequilibrios dentro del sistema económico, la revolución biogenética y las explosivas divisiones sociales con los cuatro jinetes de este moderno apocalipsis que se avecina y que implica la caída del capitalismo. Como se ha comentado respecto al libro. Si para mucha gente el fallecimiento del capitalismo parece ser el fin del mundo, ¿cómo se enfrenta a la vida la sociedad occidental en los tiempos finales? Se trata de un nuevo y agudo análisis “que no olvida ni la protesta política ni la evasión ideológica, características de estos tiempos”, donde el autor sostiene que “nuestras respuestas colectivas al Armagedón económico se corresponden con las etapas del dolor: negación ideológica, explosión de ira e intentos de negociación, seguidos por la depresión y la retirada. Después de atravesar ese punto cero, podemos empezar a percibir la crisis como una oportunidad para un nuevo comienzo”.
Considerado “el filósofo más peligroso de Occidente”, el esloveno Slavoj Žižek en una entrevista a El País (11-06-2017) sostuvo que: “Necesitamos grandes estructuras reguladoras para hacer frente al calentamiento global, la desertización, los refugiados, la biogenética y esas estructuras no pueden ser los Estados. Tenemos que pensar en unas especies de entes burocráticos públicos en los que habría expertos sobre todos estos temas que son de alta importancia para el mundo entero, pero también miembros seleccionados aleatoriamente, como en los jurados populares. […] La cuestión es quién controlaría esos entes. Como se sabe, la burocracia funciona mejor si se siente aterrorizada. Stalin tuvo una buena idea cuando se le ocurrió aterrorizar no sólo a la gente ordinaria sino también a los burócratas. En un Estado ideal puedes ser un burócrata influyente, pero sabes que antes o después puedes perder la cabeza.” Ante ello se le preguntó: “¿No es que usted defienda a Stalin, o sí?” Ante lo que respondió: “No, sólo estoy poniendo un ejemplo de algo que funcionó en su régimen dictatorial, que es diferente.”
Ante la idea que contra el capitalismo está la izquierda, en la misma entrevista se le preguntó: “¿Qué piensa de la izquierda europea como la de grupos como Podemos, en España?” Y su respuesta es genial: “Estoy perplejo porque aún no sé, y temo que ellos tampoco lo sepan, qué es lo que quieren una vez en el poder.” Al pedirle su opinión sobre la izquierda latinoamericana, dijo: “La izquierda en general en todo el mundo está aún sumida en una profunda crisis, y lo único que nos puede salvar es una nueva izquierda. Las protestas que estallaron en todas partes hace dos o tres años, estaba claro en contra de qué estaban. ¿Pero a favor de qué? ¿Una idea keynesiana? ¿Una reforma del capitalismo? Yo puedo lanzar preguntas, mostrar qué es lo que no funciona hoy, perfilar problemas, pero no tengo respuestas concretas.” A pesar de no tenerlas, sus análisis críticos son demoledores.
“Como ha escrito Ron Jacobs (Rebelión, 30-11-2010), estamos en el fin del mundo tal como lo conocemos.” Slavoj Žižek tiene varias ideas de los motivos. “El principal es la proximidad del final del sistema económico que conocemos como capitalismo. Aunque si escuchamos a sus líderes de todo el mundo (especialmente en Estados Unidos) no llegamos a saberlo: los últimos decenios han sido duros para el capitalismo. Para mantener la expansión que necesita se han otorgado créditos a individuos e instituciones que nunca habrían tenido posibilidades de obtenerlos antes de 1973. Esto ha posibilitado que el poder de compra del consumidor se extienda más allá de la capacidad de ingresos de la mayoría de la gente. Además, muchos servicios que antes eran suministrados por el gobierno han sido privatizados. Este fenómeno incluye algunas escuelas, bibliotecas, y ciertas operaciones militares, policiales y de seguridad. Esta transición ha sido precipitada por la continua disminución de los impuestos para los muy ricos y la reducción de la prioridad de todos los servicios sociales. Naturalmente, las fuerzas armadas siguen devorando la mayoría de los presupuestos nacionales en muchos países, especialmente Estados Unidos. Este hecho, combinado con la mencionada privatización de algunas operaciones militares, prisiones y funciones policiales, ha creado una situación en la cual los pobres y las llamadas clases medias ven que su futuro se oscurece mientras los acaudalados cierran filas a escala global para intentar garantizar su eterna dominación.”
Para la ideología que sustenta el capitalismo, la caída del Muro de Berlín fue un suceso determinante. En la introducción al citado libro, titulada “La maldad espiritual de los cielos”, Žižek escribe: “El vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín debería haber sido un tiempo de reflexión. Sin embargo, se ha convertido en un cliché para recalcar la naturaleza ‘milagrosa’ del acontecimiento: fue un sueño que se hace realidad. […] Con la desintegración de los regímenes comunistas, que se desplomaron como un castillo de naipes, sucedió algo inimaginable, algo que no se hubiera considerado posible incluso un par de meses antes. ¿Quién en Polonia se podía haber imaginado la celebración de elecciones libres, o a Lech Walesa como presidente? Sin embargo, hay que señalar que pocos años después se iba a producir un ‘milagro’ incluso mayor: el regreso al poder de los excomunistas por medio de unas elecciones libres y democráticas y la total marginación de Walesa, un personaje que había llegado a ser más impopular que el general Wojciech Jaruzelski, el hombre que década y media antes había intentado aplastar a Solidaridad con un coup militar.”
Todo parecía indicar el triunfo del capitalismo; no obstante, la situación ha cambiado. Es un principio —como sostienen Luc Boltanski y Eve Chiapello en El nuevo espíritu del capitalismo (Akal, 2002)— surgió una novedosa organización en red que se aprovecha de la iniciativa de la mano de obra y de la relativa autonomía de su trabajo —al precio de sacrificar la seguridad material y psicológica—, por lo que la crítica ha de articular nuevas modalidades de defensa adaptadas a este nuevo espíritu del capitalismo. Para su análisis los autores partieron de un análisis exhaustivo de los textos de gestión empresarial, o management, que han inspirado la reorganización de las empresas y moldeado el pensamiento de los cuadros directivos. Ellos examinan los cambios ideológicos que han acompañado las recientes trasformaciones del capitalismo, cuyo triunfo fue posible gracias a la alienación de la vida cotidiana provocada por la alianza del capital con la burocracia. A pesar de las denuncias desde mayo de 1968 se dio una crítica social que fue incapaz de cartografiar las inflexiones protagonizadas por las nuevas modalidades de explotación y dominación del capitalismo, que permaneció “anclada en los viejos esquemas de organización jerárquica de la producción”.
Sin embargo, en un nuevo escenario del capitalismo, la idea de su omnipotencia antecede a su extinción, lo cual paulatinamente se está dando, aunque la ideología capitalista actúe para que esta realidad no sea reconocida y busca operar sobre la mente humana para buscar impedirlo, lo cual implica la estrecha relación entre la mente y la política, como nos dice Žižek: “Lacan afirma: ‘No estoy diciendo para nada que ‘la política es el inconsciente’, sino que ‘el inconsciente es política’.”
Žižek prosigue: “La diferencia es crucial. En el primer caso, el inconsciente es elevado al ‘gran Otro’: se postula como una sustancia que domina y regula realmente la actividad política, como sucede con la afirmación de que la verdadera fuerza que impulsa nuestra actividad política no es la ideología o el interés, sino más bien las motivaciones libidinales inconscientes. En el segundo caso, el propio ‘gran Otro’ pierde su carácter sustancial, ya no es lo Inconsciente, porque se transforma en un campo frágil e inconsistente, sobredeterminado por las luchas políticas.” Pero la ideología no puede desligarse de esas motivaciones inconscientes, pues como sostiene Žižek: “la ideología es precisamente esta reducción a la simplificada esencia que convenientemente olvida el ‘ruido de fondo’ que proporciona la densidad de su significado real”. De tal forma, existe un escenario de tensión donde la ideología con sus motivaciones inconscientes se oponen a la fuerza de las cosas y eso impide ser conscientes del proceso de extinción del capitalismo en curso, en este fin de los tiempos que estamos viviendo.
El Reino del Padre Ubú no era capitalista, correspondería a una formación económico-social feudal, aunque posee el germen de todos los males que el capitalismo conlleva y en su estructura autoritaria es muy diferente a la estructura sutil de manipulación y convencimiento del capitalismo contemporáneo, que basa su poder en una ideología arraigada en las facetas más elementales de la mentalidad humana.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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