Ismael Ledesma Mateos
España sigue siendo un país dividido, marcado por una derecha conservadora que tuvo su expresión más repugnante en la dictadura de Francisco Franco y el contraste con una vocación democrática y de izquierda que llevó a la República que fue derrocada después de la guerra civil. El regreso de la monarquía, con una estructura parlamentaria, con un presidente de gobierno fue un fenómeno interesante en los esquemas políticos, primero con el Partido Unión de Centro Democrático encabezado por Adolfo Suárez, que llegó al poder y luego con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que con el gobierno de Felipe González en el transcurso de los años tuvo un desgaste que condujo a la llegada de la derecha al poder con el Partido Popular (PP) y los gobiernos de Aznar y Rajoy.
La izquierda socialdemócrata regresó al poder y el actual presidente de gobierno, Pedro Sánchez, del PSOE, no pudo tener la mayoría parlamentaria para formar gobierno, por lo que finalmente hizo lo que debía hacer mucho tiempo antes: realizar una alianza con el nuevo partido de izquierda, “Podemos”, encabezado por Pablo Iglesias (que ahora se llama “Unidas Podemos”, un nombre un tanto extraño).
Sin embargo, un acontecimiento preocupante es la aparición de una nueva agrupación política de ultraderecha, mucho peor que el PP, denominada Vox. En la elección de hace cuatro años “Podemos” se posicionó como la tercera fuerza política, que daba un equilibrio hacia la izquierda, pero los errores de operación de Pedro Sánchez al no consolidar una alianza con Iglesias, que también es necio e intolerante, permitieron un avance de la derecha. No cabe duda que el fantasma del fascismo franquista aún persiste en España.
Vox es un partido político fundado a finales de 2013. Su presidente es Santiago Abascal y su secretario general es Javier Ortega Smith. Está calificado como de extrema derecha. Vox (“voz” en latín) se registró como partido el 17 de diciembre de 2013. Surgió entre algunos de los críticos socialconservadores de Rajoy en el seno del PP, erosionado por la crisis económica. La formación, que inició su andadura con el objetivo de “recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del PP”, no se presentó ante los medios de comunicación hasta el 16 de enero de 2014, a través de una rueda de prensa de los promotores: Cristina Seguí, José Antonio Ortega Lara, José Luis González Quirós, Santiago Abascal e Ignacio Camuñas. Alejo Vidal-Quadras, que el 27 de enero de 2014 abandonó el PP para unirse a Vox, resultó elegido a través de elecciones primarias presidente del partido y cabeza de lista para las elecciones al Parlamento Europeo de mayo.
En su manifiesto fundacional de 2014, Vox abogaba por la defensa de la unidad de la nación española, la recuperación de protagonismo internacional, la regeneración de la política, la abolición de las autonomías, el establecimiento de un poder judicial independiente y la promoción de la “cultura de la vida y la familia”. Xavier Casals observa una radicalización ideológica posterior que habría beneficiado al partido en confluencia con otros factores, como su papel de acusación particular en el procedimiento judicial del Procés, la polémica en torno a la exhumación del cadáver del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos, la recomposición interna del PP, y la dinámica de la derecha española entre PP y el partido centroderechista “Ciudadanos”, que ha introducido el tema de la inmigración dentro del debate político.
En su mensaje, Vox ha incluido elementos identificados como antifeministas e islamófobos, haciendo también hincapié en la reivindicación de valores tradicionales como la caza y la tauromaquia, en el nacionalismo centralista, el rechazo al aborto y en propuestas económicas de signo neoliberal, en contraste en este último aspecto con las posiciones más estatistas de partidos nórdicos, como los Verdaderos Finlandeses o el Partido Popular Danés. Su discurso incorporaría todos los elementos ideológicos que caracterizan a un partido de extrema derecha: nacionalismo, reacción al cambio cultural, nativismo y autoritarismo; así, sus propuestas en la dimensión cultural, relativas a la inmigración, la seguridad o la ilegalización de “partidos, asociaciones y ONG que busquen acabar con la unidad de España”, son adscritas a esta posición del espectro político. Según Steven Forti, el recetario de propuestas de Vox está tamizado por una gruesa capa de ultranacionalismo español de matriz nacional católica autoritaria, que se plasmaría en sus reivindicaciones territoriales en relación con Gibraltar, de la reivindicación de la dictadura franquista, de la mano dura contra el independentismo catalán, de la derogación de la Ley de Memoria Histórica y de la centralización del Estado y liquidación de la autonomía de las regiones.
La llega de Vox a la posición de tercera fuerza política es preocupante en un escenario internacional, donde la derecha busca reposicionarse como ha ocurrido en Brasil con la llegada al poder de Bolsonaro o el golpe de Estado en Bolivia.
Por ello, es importante reflexionar al respecto.
El Padre Ubú no hubiera apoyado a un partido como Vox, pues el lema de él sería el clásico de la monarquía francesa: “el Estado soy yo”; en esa visión los partidos no tienen cabida. Pero ahora, en estos tiempos, el avance de un partido de las características de Vox es algo preocupante en este nuestro siglo XXI.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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