Ismael Ledesma Mateos
El Padre Ubú estaría encantado en México, donde la política implica un burdo juego de trapacerías. Un ejemplo reciente es la manera como fue bloqueada la posibilidad de Marcelo Ebrard a ser candidato a diputado federal. Quien fuera un brillante jefe de gobierno de la Ciudad de México, nombrado como el mejor alcalde del mundo y fuerte aspirante a la presidencia de la República, sacrificó su posible candidatura en función de su lealtad con Andrés Manuel López Obrador y ahora, cuando decidió regresar al ámbito legislativo, Morena no le dio cabida y tampoco el PRD, en el que militó desde hace varios años, hasta que tuvo la opción de Movimiento Ciudadano, que el INE echó para atrás.
Se trata evidentemente de una trapacería política, en contra de un personaje que posee todas las cualidades para ser legislador e incluso presidente de la República. Marcelo es un político brillante, funcionario público eficaz que, proviniendo del PRI, al lado de su maestro, otro gran político, Manuel Camacho Solís, transitó a una posición cercana a la izquierda, en la fundación del Partido de Centro Democrático, en cuya creación también participé.
Las posibilidades del PCD eran muy limitadas, sobre todo por la idea generalizada del “voto útil” en favor de Vicente Fox. Yo decidí no contender e irme a realizar mi posdoctorado en París, y mi candidatura se la transferí a mi maestro, jefe y amigo, Alfonso Vélez Pliego. Cuando llegué a Puebla, en julio de 2000, tuvimos la estrepitosa noticia de la derrota, pues ni siquiera conservamos el registro del partido.
Pero Marcelo Ebrard tuvo la inteligencia de zafarse a tiempo de nuestra aventura riesgosa, y declinó a su candidatura del PCD para adherirse a López Obrador, lo cual le valió convertirse en secretario de Seguridad Pública, secretario de Desarrollo Social y luego candidato y jefe de gobierno de la Ciudad de México. Hombre astuto e inteligente, fue capaz de gobernar una ciudad con grandes problemas y complicaciones. Él debería, sin duda, ser legislador y gobernante. Pero la maquinaria del poder PRI-PAN (Prian), junto con el inmundo PRD, puesto al servicio del Prian, lo bloqueó.
Lo más lamentable es la forma como Morena operó la selección de candidatos, por lo que Marcelo quedó también excluido, teniendo como única opción Movimiento Ciudadano, donde su candidatura también se le negó en el INE.
Es muy grave que uno de los mejores políticos de México quede fuera de la contienda y quede en riesgo de mayores venganzas políticas ante la falta de fuero. A mí me queda claro que la intencionalidad de Marcelo no era tener fuero, sino una posición de acción política eficaz, independientemente del complot que le fue armado en relación con los errores en la Línea 12 del Metro. En el contexto en que eso ocurrió era posible que alguien se confunda o recurra en omisiones, pero eso no implica negligencia o corrupción. Nos encontramos con un caso de trapacería, donde un político de gran calidad ha sido excluido e incluso está en riesgo de una represión política.
Ebrard ha tenido una trayectoria impecable en el sector público, pero su gran error fue no haber renunciado a la jefatura de gobierno para ser candidato a senador y tener ahora el liderato del Senado. Eso lo hubiera posicionado de manera ventajosa, pero él honestamente quiso terminar su periodo y no andar de “chapulín”, brincando de cargo en cargo.
Independientemente de errores cometidos como cualquier humano, y eso incluye a un político como lo es Ebrard, su capacidad es innegable. El futuro de México es incierto y gente como Ebrard representa una esperanza para el país.
Pareciera que el INE es un engendro del Padre Ubú, que permite trapacerías como la negativa de la candidatura a Marcelo, de acuerdo a indicaciones gubernamentales y de acuerdos partidista espurios. Se trata de un personaje político con gran potencial que podría sin duda llevar a un repunte de nuestra nación. En 2018, nuestro candidato (de Morena) será sin duda nuevamente Andrés Manuel López Obrador, pero el próximo tendría que ser Marcelo Ebrard.
Espero que en el futuro Marcelo Ebrard se recupere, recordando el principio de que “la política es el arte de la paciencia”, y que no hay político muerto hasta que esté tres metros bajo tierra. México requiere políticos como Marcelo, con capacidad, conocimiento y habilidad política. Por eso los mediocres lo odian y lo agreden: así son las trapacerías de la política, lo cual es muy diferente a la política en el sentido estricto del término. Es la perversión de la política.
El Padre Ubú tendría pavor de un político eficaz como Marcelo Ebrard, que es la antítesis de alguien como él. El Padre Ubú se ha filtrado al siniestro INE y desde ahí juega con las crueles marionetas del poder en el escenario electoral más corrupto y sangriento que él, ni con toda su maldad, hubiera montado.









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