Ismael Ledesma Mateos
Existen diferentes visiones en el ámbito de los estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Aunque la concepción original implica una perspectiva crítica y reflexiva, existen incursiones del pensamiento tecnocrático que se deben combatir. Precisamente los estudios CTS surgen como una alternativa a estas orientaciones enfocadas a la vinculación entre la tecnología y el capitalismo. Se trata de un problema complejo, que tiene que ver con las perspectivas del desarrollo, y donde no se debe perder de vista a los componentes antropológicos y económicos. No es trivial que en el Centro de Sociología de la Innovación, de la Escuela Nacional Superior de Minas de París, donde estudié, los enfoques eran en socioantropología de la innovación y socioeconomía de la innovación.
Como nos dice Javier Sánchez Galan, en la enciclopedia Economipedia: “La tecnocracia es un posicionamiento ideológico, científico y racional, aplicable en campos como el sistema de gobierno y la política, así como la gestión de la Economía. El concepto quiere decir ‘gobierno de los técnicos’. Este procede, semánticamente, de las palabras griegas tékhnē (arte, técnica) y krátos (poder, dominio, gobierno)”.
La tecnocracia basa su naturaleza en el empleo de un dispositivo ideológico que es la idea de “El Método Científico” y el dogma de “la objetividad” al momento de abordar asuntos relacionados con la política, la sociedad y la gestión económica. En este sentido, la explicación empírica y demostrable de los problemas y cuestiones propias de estos ámbitos, debe estar basada en resultados cuantificables y mediciones racionales. Todo ello en lugar de basarse en aspectos subjetivos o ideológicos, aunque en realidad es lo que son: ideología pura y subjetividad.
Como dice el autor citado: “Un sistema político tecnocrático se caracterizará especialmente, según su premisas básicas, por contar con profesionales y técnicos correctamente formados académicamente. Estos serán los encargados de llevar a cabo las labores de la administración y gestión del Estado. El tecnócrata, por definición, es un especialista en economía, demografía, urbanismo, industria o gestión pública, entre otros ámbitos. Y este emplea sus conocimientos y experiencia en la gestión de asuntos públicos”.
Obred Fraustro Gatica ha escrito: “La melancolía del científico devino en una considerable apatía por la política. La ciencia moderna se coloca en un lugar distanciado, diferenciado y separado de la sociedad. Paul Feyerabend, en Science in a Free Society, describe con innegable aborrecimiento que los científicos pertenecen a una banda de intelectuales autistas, totalmente apáticos e indiferentes por la cuestión del mundo común. Esa apatía de la cultura científica se destila poco a poco como una crisis de motivación de los problemas más fuertes de legitimación política en el capitalismo tardío.
”Más adelante nos dice Bruno Latour considera que todo hecho (fact) deviene en artefacto (artefact) una producción en serie que se ensambla en la nuevas fábricas de hechos, los laboratorios. El conocimiento no se produce como tabula rasa, más bien se produce en el ensamblaje de ideas, conceptos y artefactos”.
El autor señala que existen muchos artefactos de poder de la tecnocracia. “Hay dos que son fundamentales para mantener el statu quo: las elecciones y los medios de comunicación. Primero, las elecciones son un dispositivo de control e imposición muy poderoso que las élites usan para obtener mayor poder. Las elecciones se han convertido en un tipo de ejercicio que remite a la comercialización y la gestión de los recursos para la búsqueda de votos, con espectáculos ridículos para movilizar a los votantes en medio de un espectáculo de disidencias absurdas, un juego macabro que socava el espíritu humano”. Por otra parte, los medios de comunicación son un instrumento de reproducción ideológica del orden establecido, donde la tecnocracia adquiere un papel preponderante, por encima de la reflexión.
En la mitad del siglo XX, luego de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, la tecnocracia fue adquiriendo una enorme fuerza en las mentalidades de los políticos, gobernantes y empresarios, haciéndose presente en todos los campos: en el científico, el económico y muy notoriamente en el educativo, lo que llevó a la modificación de planes y programas de estudio y la creación de indicadores cuantitativos, tal como la llamada “eficiencia terminal”, donde la calidad y el contenido de la enseñanza importa poco, siendo lo trascendental el contar con cifras y datos numéricos, que por supuesto son importantes, pero no son todo.
La idea de la “Ciencia aplicada” empezó a tener mayor predominancia, dejando de lado el carácter trascendental de la “Ciencia básica”. Esta controversia la encontramos en instituciones educativas, en las políticas científicas y en los lineamientos de operación de organismos gubernamentales dedicados a la planeación y gestión de la ciencia y de la tecnología. Esto puede verse con claridad en los gobiernos de derechas, como ocurrió durante el fascismo en España, donde como escriben Alfredo González Bueno y Luis Alfredo Baratas Díaz en su libro Ciencia útil, Investigación básica y aplicada en Farmacia y Ciencias de la Vida durante el Franquismo: “La actividad científica desarrollada durante la dictadura de Franco, incluida la investigación en Farmacia y Ciencias de la Vida, puede ser calificada tanto de ciencia utilitaria como de ciencia nacional-católica. Los fundamentos ideológicos, radicalmente distintos a los del periodo anterior a la Guerra Civil, tuvieron unos condicionantes socioeconómicos que determinaron el énfasis en la ciencia práctica: se aceptaba la prosperidad económica que la investigación generaba, pero se desestimaba cualquier indagación científica, filosófica o moral contraria al dogma católico. El sesgo utilitario de la ciencia franquista respondía a dos necesidades del Régimen: la urgencia de desarrollo agrícola para alimentar al país y la necesidad de generar un tejido”.
Pero bueno, en el Reino de Ubú esas cosas no se daban. La tecnología era algo inexistente y por ende mucho menos la tecnocracia o la reflexión. Esas complicaciones no fueron importantes, pues ahí lo importante eran solo las phinanzas para el mantenimiento de su poder omnímodo. El Padre y la Madre Ubú podrán dormir tranquilos a ese respecto, sin tanta complicación.
¡Para mí es suficiente!









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