Ismael Ledesma Mateos
El 11 de septiembre de 1973 ocurrió el Golpe de Estado en Chile. Yo tenía 13 años y el acontecimiento me impactó sobremanera. Ya había tenido el horrible conocimiento del 2 de octubre de 1968, cuando tenía ocho años; y luego la agresión al movimiento estudiantil el 10 de junio de 1971. Pero lo ocurrido en 1973 implicaba el derrocamiento de un gobierno de izquierda, electo legítimamente, el del Presidente Salvador Allende. Y en 1976, el Golpe de Estado en Argentina que derrocó a María Estela Martínez de Perón, que llevó a un exilio que tuvo una gran influencia en México, por la llegada de profesores e investigadores que alimentaran con trascendentales ideas a la vida académica del país, particularmente en Puebla.
Ahora en México nos encontramos en un proceso complejo donde, ante la llegada al poder de un gobernante de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, la derecha ha buscado desestabilizar su gobierno. Y en ello participan activamente columnistas y comentócratas que se presentan como intelectuales –que incorrectamente el Presidente llama intelectuales orgánicos, cuando lo fueron pero de la derecha–, aunque él también tiene sus intelectuales orgánicos, tal como John Ackerman y su esposa Beatriz Gutiérrez Müller. Pero lo más grave, más allá de las columnas abyectas, es la acción de grupos como el formado por “los abajo firmantes”, un desplegado de 650 “científicos e intelectuales” atacando al gobierno de AMLO. En respuesta a ello, un grupo ciudadano escribió una respuesta que fue firmada (en unas horas) por más de 28 mil personas (y posteriormente han seguido llegado más firmas). Otro elemento que da cuenta del ambiente enrarecido es el plantón del la asociación llamada FRENAAA, dirigida por un fascista llamado Gilberto Lozano, un empresario afín a Vicente Fox que ha hecho declaraciones descaradamente golpistas.
Se trata de un escenario inédito que el Presidente ha sabido manejar con habilidad, sin caer en actitudes represivas, que semejantes actitudes ameritarían en otro contexto. El desplegado que responde a los opositores tiene el encabezado “Por la libertad, en contra de los privatizadores de la palabra”, porque efectivamente eso son quienes buscan asumirse como los poseedores de la verdad, por ser parte de una élite.
Como el mismo López Obrador ha dicho, nunc,a desde el gobierno de Madero, ningún Presidente ha sido atacado tanto. Sin embargo se les ha permitido ejercer su “libertad de expresión”. No obstante la intriga política es lo imperante en varios medios, generando una cultura de columna y desprestigio.
En el ámbito de la ciencia, la insidia tiene una enorme fuerza y de ahí la constante agresión a la Dra. María Elena Álvarez Buylla, Directora General del CONACYT. En esta temática, Ludolfo Paramio ha dicho que “La viabilidad de estas preferencias se ve favorecida por dos dinámicas paralelas: por una parte, la prioridad política y presupuestaria de las intervenciones a favor de un modelo empresarial se producen en un contexto de crecimiento global de los recursos que impide interpretaciones de ‘juego suma cero’ entre los actores; por otra parte, el diseño institucional de un órgano de coordinación independiente de los órganos de gobierno permite por una parte desbloquear dinámicas de toma de decisiones, y por otra, equilibrar los intereses académicos dentro de la misma. Este caso ilustra la importancia del factor tiempo en combinación con la difusión de los modelos en la explicación de los procesos de aprendizaje político. Finalmente, las políticas en esta área muestran cómo para que los modelos se traduzcan en resultados, la demanda empresarial debe existir o crearse”.
Como señala Máximo Pradera, en un texto titulado “La mentalidad golpista”: “Todos los golpistas del mundo, por más demócratas que se proclamen, se mueven por el mismo resorte: las reglas del juego (recogidas en la constitución de cada país) son respetables hasta cierto punto. Superado el cual, los salvapatrias de turno (que son los que se arrogan el derecho de interpretar hasta dónde están dispuestos a tragar sus conciudadanos) consideran que se acabó lo que se daba y que la Carta Magna es papel mojado. La respuesta de Isabel II de la Gran Bretaña (que también está horrorizada con la situación del país) a Lord Mountbatten es magnífica: si la situación es tan grave, serán los propios británicos los que tendrán que poner coto a este sindiós, pero en las urnas”.
En estos días, lo que impera es la intención del “golpe blando”, pues afortunadamente un golpe militar no es posible, pues el ejército y la marina están de acuerdo con el gobierno federal. Sin embargo el descrédito de los comentócratas es impactante y difícilmente podrán remontarlo. La composición de las cámaras, tanto de diputados y senadores, es también una garantía de estabilidad para nuestro actual gobierno.
Desde una perspectiva filosófica, debemos ser conscientes de la diferencia entre el neoliberalismo y un nuevo orden, “en términos de Deleuze y Guattari, en el paso que va del Estado de Bienestar al nuevo escenario neoliberal le acontece al Estado un ‘flujo intenso de destrucción y abolición pura’, que lo vuelve sobre sí bajo un acto de inmolación, en una suerte de ‘nihilismo realizado’. Se trata de una pulsión suicida que tiene por objeto la guerra total, entendida ésta no bajo el axioma clásico de la guerra subordinada a fines políticos, sino por su anverso, allí donde la guerra no sólo pasa a constituir los fines políticos del Estado, sino también a encarnarlo operativamente. El Estado no está en guerra sino que es la guerra, puesto que lo que sucumbe en este espacio agonal de apropiación es su propio principio de legitimidad: la comunidad política que internamente lo sustenta. En este sentido, cuando el Estado se ha apropiado de la guerra, es decir, cuando la guerra misma tiene por objeto al Estado, ‘el aparato del Estado se apropia de [una] máquina de guerra, la subordina a fines ‘políticos,’ le da por objeto directo la guerra”.
El padre Ubú no fue víctima de un golpe de Estado. Él fue derrocado por el Rey que destronó. Por lo tanto, para él estas consideraciones no serían pertinentes; sin embargo, el golpismo conlleva toda la maldad que implica la destrucción de la democracia.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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