Ismael Ledesma Mateos
Es impactante como Jean-Paul Sartre abrazó las causas revolucionarias y cómo el filósofo de la existencia, junto con su gran compañera Simone de Beauvoir pensaron en ellas como la única alternativa en el mundo en que vivieron (y vivimos). Congruentes con su pensamiento, pensaron que el socialismo era la vía para la real posibilidad de la obtención de la libertad humana, y por ello, un evento como la revolución cubana fue algo alentador y determinante en su esperanza.

El Padre Ubú se aterraría ante la idea del socialismo o el comunismo, pero existieron y gracias a ellas existe un equilibrio en este mundo salvaje en el que vivimos. Pareciera que tendríamos que hablar de “ecología política”, pero así es y la Madre Ubú se escandalizaría de escuchar esas cosas, que al Capitán Bordura ¡le producirían repugnancia! Sin embargo, en la década de los sesenta, en la que yo nací, eso existió e impactó mi vida y ver las fotos de Sartre y Simone con Fidel Castro y el Che no pueden causarme más que una inmensa emoción.
Sartre y Simone supieron de ese acontecimiento extraordinario que fue la Revolución Cubana y escribieron acerca de ella. Sartre con anterioridad había escrito una de las obras más profundas sobre la experiencia política revolucionaria, El engranaje (1948), un guión cinematográfico, donde plantea la historia de una lucha que lleva al poder a un personaje que tiene que afrontar la dura realidad de gobernar y entablar relaciones internacionales adversas. La escena final es extraordinaria: el nuevo gobernante revolucionario tiene que afrontar un asunto crucial, el tema del petróleo, con una potencia extranjera.
El texto es genial, cuando François, el nuevo presidente revolucionario, tiene que confrontar a la potencia imperial e invasora:
“—Su Gobierno no tiene por qué mezclarse en nuestros asuntos internos —replica François.
—Como le parezca, Excelencia. Sólo le debo recordar que su país es pequeño y el nuestro poderoso.
Un silencio. El embajador insiste cortésmente:
—Mi Gobierno espera una respuesta categórica.
—No se tocará el asunto del petróleo —promete François.
El embajador se inclina con una sonrisa irónica:
—No se esperaba otra cosa de vuestro buen criterio, Excelencia.
Y se retira. Desde la puerta el ayuda de cámara dice a François;
—La delegación de los obreros del petróleo espera, Excelencia.
—Un momento —dice François—. Sírveme un vaso de whisky.
El ayuda de cámara se lo sirve en silencio. François lo bebe y deposita el vaso sobre la mesa.
Después, haciendo una señal al ayuda de cámara, le dice con aire sombrío:
—Que pasen”.
¡Obvio, luego del whisky!
Ese texto de Sartre fue muy criticado, pues fue considerado como una argumentación ética para apoyar a gobiernos revolucionarios, que devinieron en dictatoriales e incongruencias, pero ¡la realidad es así!, y debemos entenderla y Sartre fue capaz de hacerlo tanto en relación con la Unión Soviética, como con el caso de Cuba. Quien piense que gobernar es fácil, vive en la inocencia más extrema; hasta gobernar un kínder es extremadamente difícil, y por ello yo me burlo de aquellos que tiene altos cargos de gobierno sin haber gobernado nunca nada.
Para Sartre y Simone el evento de la revolución cubana fue un aire de esperanza y eso los llevó a hablar acerca de ella y expresarlo en espacios periodísticos. Del 28 de junio al 15 de julio de 1960 Sartre escribió en le France-Soir respecto a eso. Ellos llegaron gracias a la invitación del periodista Carlos Franqui, que era director de Revolución, órgano de prensa de la guerrilla, que en una visita a París los contactó y les pidió viajar a Cuba y darse cuenta de la revolución en marcha. Sartre publicó 16 artículos y Simone sólo uno, titulado: “¿A dónde va la revolución cubana?” Diez años después, el 7 de abril 1970, en Le France Obvservateur afirma: “Fidel Castro ha trastornado las nociones de lo posible y lo imposible… Es una especie de milagro pues supo atreverse a creer en la suerte del hombre.”
Para esta gran mujer, autora de El segundo sexo, Fidel era un símbolo de la esperanza y eso contribuyó a que se convirtiera en un símbolo para la izquierda y la juventud francesa enemiga del imperialismo. Sin embargo, su opinión fue tardía pues Jean-Paul Sartre en los escritos que mencioné antes fue contundente y el título que utilizó para ellos es “Ouragan sur le Sucre”, es decir: “Huracán sobre el azúcar”, que hace referencia a una situación espeluznante ligada a la producción de azúcar en esa isla, un monocultivo que fue determinante de su dependencia con los Estados Unidos.
Para la visión de Sartre (que me parece la correcta) Cuba estaba inserta en pleno siglo XX en un sistema feudal, con una sociedad empobrecida, explotada por el imperialismo estadunidense, con enormes territorios baldíos y con recursos naturales sin explotar. De hecho, Sartre realiza una descripción minuciosa de la situación en las décadas previas a la revolución, para dar cuenta de su trascendental impacto histórico. Luego de ello dice Jean-Paul: “La revolución es una medicina de caballo: Una sociedad se quiebra los huesos a golpe de martillo, demuele sus estructuras, revuelve sus instituciones, transforma el régimen de propiedad y redistribuye sus bienes, orienta sus productos siguiendo otros principios, trata de aumentar lo más rápidamente posible su tasa de crecimiento y, en momentos de su destrucción más radical, busca reconstruir, procurarse, mediante injertos óseos, un esqueleto nuevo; el remedio es extremo, menudo hay que imponerlo con violencia…”
Para Sartre y Simone la revolución cubana fue un suceso extraordinario, una encarnación de la esperanza en manos de hombres valerosos, comandados por Fidel Castro y Ernesto “el Che” Guevara, una concreción en los años sesenta de un ideal de cambio y de transformación del mundo. Para quienes creen que el existencialismo es una forma de hedonismo, de búsqueda sólo del placer personal, ésta es una muestra de que no es así. El existencialismo implica un compromiso “con todo”, con el placer, con el ejercicio libre de la sexualidad y del amor, con la política, con una patria, una nación y una piel, propia y de los suyos, o los míos. Es un compromiso con el hombre mismo y por tanto con la humanidad entera.
En efecto, la política implica decisiones a veces feas y habrá que ordenar ¡whisky!, pero hay que asumirlas y los grandes hombres han sabido hacerlo, y por ello la revolución cubana fue un acontecimiento digno de atención y dos de los más grandes intelectuales del siglo XX, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre lo hicieron. A diferencia del añejo “socialismo que vino del frío” en la Europa oriental, esa pareja extraordinaria pudo vivir un proceso emergente, de una revolución en acción, cuyo devenir final no conocieron, pero que, a pesar de todo lo que se diga, no me parece del todo decepcionante.
La Polonia de Ubú Rey en la Europa oriental fue del todo ajena a la Polonia invadida por los nazis, a los campos de exterminio y luego a la colonización soviética, pero él hubiera querido un reino autocrático y autoritario, como en un tiempo posterior se dio atrás del telón de acero (o cortina de hierro), pero esos regímenes terminan, y a pesar de lo que se diga la Cuba que hicieron Castro y el Che y que Simone y Sartre admiraron, no es uno de ellos.









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