
Ismael Ledesma Mateos
Dos herramientas metodológicas fundamentales en la investigación histórica son el análisis de las controversias y el de las publicaciones científicas, incluyendo las tesis para la obtención de los grados académicos. Esto nos permite hacer una especie de disección del proceso de construcción del conocimiento científico.
Sin duda se trata de una herramienta metodológica fundamental que permite ver la manera como se construyen los hechos científicos. Las publicaciones científicas nos permiten visualizar el resultado del proceso real de la investigación científica, a diferencia de lo que se muestra en los libros de texto, donde los hechos científicos se muestran como algo dado, sin dar cuenta de su proceso de construcción con todas sus vicisitudes.
En el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela de Minas de París, en una conferencia de Michel Callon, quedé maravillado por la manera como mostraba un análisis de publicaciones científicas sobre la distrofia muscular, utilizando un sistema computacional. Al término de su disertación, le pregunte si se podía hacer eso con revistas científicas del siglo XIX y me dijo que sí, que me pondría en contacto con quien podía hacerlo. Así conocí a Andrei Mogoutov, el creador del sistema Réseau-Lu, que nos permite visualizar agrupamientos y redes sociales, así como la creación de mapas lexicales, donde por medio de la presencia de palabras y su agrupamiento podemos dar cuenta de un discurso o una formación discursiva. El programa original que Callon utilizaba era Leximappe, pero sin duda Réseau-Lu es mucho más versátil y ahora Andrei Moguotov ha creado Cortext, aún más poderoso, pues permite tomar directamente la información de bases de datos internacionales presentes en internet.
La ciencia es una construcción social, y por ello la única manera de entenderla es estudiando y analizando sus productos, viendo gráficas, tablas, fotos de resultados experimentales, lo que Bruno Latour llama “inscripciones”, que nos dan cuenta del proceso de “construcción de los hechos científicos”. La ciencia no es como la pintan con imágenes ingenuas, es un proceso complejo donde son cruciales las operaciones de convencimiento (de convicción) y de traducción, entendido esto como un fenómeno donde las imágenes, las ideas, las percepciones se modifican, y en el momento de su salida no son lo mismo que en el de llegada. No es la traducción lingüística o idiomática, sino un arreglo mental e intelectual que lleva a pensar las cosas de diferentes maneras, lo cual debe estar plasmado en las publicaciones científicas.
Para mí el haber tenido contacto con publicaciones científicas del siglo XIX fue algo apasionante. Encontrar cómo por primera vez aparece la palabra “célula” o “microbio”, que nos ilustran sobre la manera como van surgiendo las disciplinas científicas, donde las palabras son cruciales, pues las comunidades científicas son comunidades lingüísticas. Encontrar la emergencia de dichos términos es una forma de entender su construcción.
Una revista muy importante para mis investigaciones fue la Revue Scientifique de Francia, donde se da cuenta de la constitución de las ciencias en la Europa del siglo XIX. Una de las motivaciones de esa revista era la “regeneración” del país, luego de la caída del imperio de Napoleón III. De hecho, me gusta la analogía con Morena (Movimiento de “Regeneración” Nacional), pues ésa era la idea de los partidarios de la III República francesa.
En el caso de México, en el siglo XIX tenemos una muy importante revista, La Naturaleza, “periódico científico del Museo Nacional de Historia Natural y de la Sociedad Mexicana de Historia Natural”, que fue el órgano de difusión de una de las primeras sociedades científicas de América Latina, así como las Memorias de la Sociedad Científica “Antonio Alzate” y la Revista de la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, referentes fundamentales para la comprensión del surgimiento de la comunidad científica mexicana. Haber incursionado en esa forma de investigación fue algo realmente fructífero, y la comparación de las revistas o periódicos científicos también nos permite seguir las controversias, pues en muchas ocasiones las revelan posicionamientos y confrontaciones en orientaciones tanto teóricas como ideológicas ligadas a ellas, dado que tales publicaciones son operadoras corpóreas de las disciplinas científicas y dan cuenta de su materialidad.
En el proceso de institucionalización de la biología en México, cuando el 2 de octubre de 1915 se funda la Dirección de Estudios Biológicos de la Secretaría de Fomento, a iniciativa de Alfonso L. Herrera, se crea una publicación para dar a conocer los resultados de sus investigaciones: el Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos, pero al darse la confrontación con un grupo de detractores (Isaac Ochoterena, Fernando Ocaranza y Eliseo Ramírez), a quienes Herrera despide de la institución, ellos fundan la Sociedad Mexicana de Biología, para desde ahí confrontar a Herrera, y en consecuencia fundan la Revista Mexicana de Biología, que en un anuncio decía que era “La Revista Médica que usted debe preferir para anunciar sus productos biológicos”, lo que nos muestra una visión distorsionada de la biología con un claro posicionamiento ideológico, donde lo biológico se confunde con lo médico, y marca la esencia de un conflicto que confrontó por décadas a la biología mexicana.
A partir de la revolución en los estudios sobre la ciencia con la obra de Thomas S. Kuhn, se entendió que el criterio de cientificidad radica en los acuerdos de un grupo humano, que es la comunidad científica, y precisamente en la actualidad la expresión de ella es el arbitraje de las publicaciones científicas. Se trata de un colegio invisible, donde no se conoce a los evaluadores, que deciden qué se publica y qué no, algo muy diferente a lo que ocurría en el siglo XIX, cuando los debates y las controversias se dirimían en el seno de las asambleas y congresos de las sociedades científicas, donde se discutía de manera álgida e incluso se nombraban comisiones para resolver al respecto de algún tema o teoría. Así pasó con la controversia sobre la generación espontánea entre Pasteur y Pouchet en la Académie des Sciences de Francia, y en México sobre la teoría evolucionista darwiniana en la Sociedad Metodófila “Gabino Barreda”, donde la teoría fue rechazada, por no ser acorde al “método científico”, esa falacia ideológica que tanto daño ha hecho a la ciencia.
Pero lo que se daba a nivel de debate directo ahora se da a nivel virtual, sin contacto personal, aunque en ocasiones, por la temática de la investigación y las referencias se puede saber quién es el autor, y eso puede influir en la decisión de aceptación o rechazo, en términos de animadversiones. Envidias y odios, que son el pan de cada día entre los científicos, que de ninguna manera son como se pintan, ni puros ni sencillos, ni objetivos ni neutros, de manera que las publicaciones científicas son una arena donde se dirimen conflictos, formas de interpretación de la realidad, diferencias teóricas e incluso divergencias en la utilización de aparatos, lo que se llama tradiciones instrumentales. Y todo ello se refleja en las publicaciones científicas.
El origen de las revistas científicas se remonta al siglo XVI, cuando los llamados “amateurs” o amantes del saber reunían en sus casas a los sabios para que pudieran discutir entre ellos, y acumulaban sus cartas para luego discutirlas y distribuirlas, además de proporcionarles recursos. La necesidad de comunicar los nuevos conocimientos hacía necesario contar con medios más eficientes que las reuniones de las agrupaciones y las cartas. Como una primera alternativa Denys de Sallo (1626-1669) utilizaba copistas que resumían los pasajes más interesantes que encontraba en diversas cartas y le pidió al ministro de Estado Colbert la publicación de esos resúmenes a intervalos regulares. Fue así como en 1665 apareció en Francia el primer periódico científico, el Journal des Scavants (el periódico de los sabios). La reacción inglesa fue inmediata y tres meses después la Royal Society inició la publicación de Philosophical Transactions of the Royal Society, revista que perdura hasta la actualidad.
¿Qué diría el Padre Ubú de estas cuestiones? ¡Nada! Para su mentalidad feudal estas cosas no tendrían trascendencia: si no había ciencia, menos importante sería su difusión y divulgación, lo cual sin duda es algo subversivo y corrosivo. Es un fenómeno social que nos revela el vínculo indisoluble entre ciencia, tecnología y sociedad, ajeno al propósito de conservación del poder absoluto. Por fortuna el México del siglo XXI no es en un reino así.
¡Vamos a interrumpir aquí!








No Comments