Ismael Ledesma Mateos
Una brillante adolescente de 14 años me preguntó a mí y a su mamá, al momento de desayunar: “¿Qué pasa si una tercera guerra mundial estallara? Esa pregunta da cuenta de una gran tensión en todos los niveles poblacionales, desde la juventud hasta los actores políticos y científicos, de lo que da cuenta el periodismo. El reciente bombardeo de Estados Unidos a Siria, con las repercusiones que tuvo, da cuenta de un escenario geopolítico preocupante, pues se presenta una situación de beligerancia internacional, inusitada en las condiciones del momento. Una cosa son los conflictos ya presentes por décadas en la región del Medio Oriente y otra la manera como fue escalada bruscamente por el nuevo gobernante del país que se presume como el más poderoso del mundo.
El Rey Ubú es en nuestra imaginación un mandatario prepotente y despótico, demencial en su comportamiento, tal como se nos presenta Donald Trump (cuya primera dama hasta el momento no se ha mostrado como una Madre Ubú, lo cual no implica que no pudiera llegar a serlo), quien sin duda alguna ha mostrado un gesto desmedido de capacidad de agresión, que puede ser considerado como un peligro mundial. El Padre Ubú por fortuna no tenía el poderío militar estadunidense, pero de haberlo tenido hubiera ordenado al Capitán Bordura: “¡A someter el mundo!”, cosa que da miedo de un personaje con una personalidad psicopática como Trump.
A pesar de sus posiciones amenazantes, la presidencia del magnate es frágil y está encerrada en la contradicción de su discurso ultranacionalista y proteccionista, con el del “Deep State” o “Gobierno en la sombra”, donde existe una clase gobernante por encima del poder de Poder de la Casa Blanca, que influye en decisiones determinantes como la “Guerra al Terrorismo”, sostenida tanto por “demócratas” como “republicanos” y que encierra importantísimos intereses económicos del imperialismo. Un extremo de ello es haberlo llevado a la confrontación con un gran aliado, que con servicios de inteligencia contribuyó a la llegada al poder de ese “republicano” ¡poco confiable! Se trata de una paradoja: los rusos son acusados de haber intervenido por medio de hackers en la elección estadunidense para favorecer a Trump, y por otro se ha entablado un conflicto político de grandes dimensiones entre los dos países.
La situación geopolítica de Siria es crucial, tanto para los intereses de la región en la que se ubica como para los de Occidente, dada su posición en la costa del Mediterráneo, entre Turquía, Líbano, Irak, y su proximidad a Irán, Israel, Palestina, Kuwait y Arabia Saudita, naciones con una compleja relación con los Estados Unidos y Rusia, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y que tuvieron una enorme importancia en el contexto de la Guerra Fría y la siguen teniendo en la actualidad, ahora con una problemática agravada y riesgosa para todos, en un siglo donde “un fantasma recorre el mundo: el fantasma del terrorismo”, que objetivamente es eso, un fantasma útil para justificar guerras e invadir territorios por Estados Unidos.
A partir del atentado a las Torres Gemelas en 2001, en la geopolítica mundial todo cambio, y para mal. Ese acontecimiento fue un magnífico pretexto para justificar la intervención estadunidense en Afganistán, país del que consiguieron apoderarse, y posteriormente la guerra de invasión a Irak, que culminó con el derrocamiento de su gobernante, Saddam Hussein y la toma del control del país con un gobierno al servicio de los intereses de Estados Unidos. En estos procesos la justificación es o bien el combate al terrorismo, la posesión de armas de destrucción masiva, armas químicas o bacteriológicas o incluso la protección de “los derechos humanos”.
Al respecto de lo último Slavoj Žižek en su texto “La pseudo lucha de Siria”, afirma: “Todo lo que era falso en la idea y en la práctica de las intervenciones humanitarias ha explotado de forma concentrada a propósito de Siria. Ok, hay un dictador malo que está (supuestamente) usando gas venenoso contra la población de su propio Estado… pero ¿quién se opone a su régimen? Parece que todo lo que quedaba de la resistencia democrática secular se ha ahogado en un maremágnum de grupos fundamentalistas islámicos apoyados por Turquía y Arabia Saudí, con una fuerte presencia de al-Qaeda en las sombras. […] En cuanto a Bashar al-Assad, su Siria, al menos, pretendía ser un Estado laico, por lo que no es de extrañar que cristianos y otras minorías se pongan de su lado contra los rebeldes sunitas. En definitiva, se trata de un conflicto oscuro, vagamente parecido a la revuelta libia contra el coronel Gaddafi —no hay apuestas políticas claras, ni signos de una amplia coalición emancipatoria-democrática, sólo una compleja red de alianzas religiosas y étnicas determinada por la influencia de las superpotencias (Estados Unidos y Europa occidental, por un lado, Rusia y China por el otro). En tales condiciones, cualquier intervención militar directa significa una locura política de riesgos incalculables, es decir: ¿y si los radicales islámicos toman el poder tras la caída de Assad? ¿Van los Estados Unidos a repetir el error de Afganistán armando a los futuros dirigentes de al-Qaeda y los talibanes?”
El ataque recientemente realizado por Trump contra una base aérea de Siria, con 59 misiles, que dejó como consecuencia la muerte de diez civiles, entre ellos cuatro niños, bajo el pretexto de la violación de derechos humanos al haber bombardeado a su población con armas químicas, es un acto unilateral del gobierno estadunidense, sin autorización del Congreso de su país, que violenta las convenciones internacionales, tal como declaró el representante de Bolivia ante la ONU. Al igual se tuvo la reacción enérgica de Rusia e Irán, que amenazaron con responder ante otro ataque en contra de Siria, lo que conduce a un escenario de tensión que lleva a muchos a pensar en el riesgo de una nueva guerra mundial, que podría involucrar ataques nucleares.
En el contexto de la guerra que el gobierno sirio tiene entablada con el grupo terrorista Estado Islámico, si Bashar al-Assad hubiera utilizado armas químicas, esto requeriría una investigación por organismos internacionales y en su caso la imposición de sanciones, pero un ataque como el ordenado por Trump sólo refleja su actitud de presentarse como “el policía del mundo”, que en realidad enmascara la intencionalidad de controlar una región rica en petróleo y gas, lo que implica también el especial interés de Rusia al respecto de ella, y clave de su apoyo a Siria, lo que va aunado tal como con Irán a una cuestión de seguridad nacional y preservación de la soberanía de la región, ante una acción invasiva que revela la intencionalidad imperialista del gobierno estadunidense.
Volviendo a la idea planteada por Žižek: la confrontación contra Bashar al-Assad es en última instancia una lucha falsa y esto se debe a la carencia de un tercero ausente: una fuerza interna de oposición radical, pero separada de influencias extranjeras, un verdadero movimiento popular y no la militancia de grupos fundamentalistas religiosos, apoyados por intereses ajenos a esa nación; eso llevaría a un cambio democrático para Siria, pero reitero, sin injerencias de otros países.
Resulta paradójico que durante su campaña Trump propugnó por un acercamiento con Rusia e incluso aliarse para apoyar a Bashar al-Assad para combatir al Estado Islámico. Ahora cambia el panorama y, en consecuencia a su prepotencia, ha producido una condición muy preocupante de peligro mundial. Para colmo ha despegado el grupo de ataque de portaviones llamado Carl Vinson, rumbo a la península de Corea, que llevó al gobierno de Corea del Norte a declarar que están listos para responder a cualquier tipo de guerra deseada por Estados Unidos. Se trata de una situación que requiere una urgente negociación política, que impida una resolución militar de consecuencias extremamente graves.
Si en el mundo del Reino de Ubú existieran los acuerdos y relaciones internacionales, él hubiera apoyado la solución militar y no la política, que es el riesgo que se corre ante gobiernos insensibles, que sólo piensan en el uso de la fuerza bruta para obtener y mantener el poder.









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