Ismael Ledesma Mateos
Es una pregunta crucial. Implica el entendimiento de la construcción de una ciencia en el país, lo cual tiene una historia compleja y tortuosa, respecto a la cual he dedicado muchos años de mi vida. Cuando era estudiante de la carrera de biólogo en la UNAM, en una clase del curso de Zoología IV, entré en una profunda depresión, y mientras fumaba mi cigarrillo Winston me preguntaba: ¿por qué esto es tan feo?, ¿cómo fue que escogí esta carrera horrible? En esa clase nos habían puesto a contar escamas de unos peces, y me decía: si hubiera pensado en contar, hubiera escogido estudiar para contador. Para mí, eso era humillante. Y de ahí me comencé a preguntar la razón de que la biología en la universidad fuera de esa manera.
Y la respuesta está en la historia, pues investigando podemos darnos cuenta de que esto se debe a un proceso ocurrido a principios del siglo XX, el conflicto entre Alfonso Luis Herrera e Isaac Ochoterena, en el cual finalmente se impuso una visión morfológica, descriptivista y taxonómica (la de Ochoterena), en contra de la idea de una biología con una perspectiva evolucionista y fisiológica (la de Herrera), cuya exclusión del ámbito de la ciencia institucional condujo a la definición del futuro de la biología en el país.
Ochoterena tomó el control de la enseñanza de la materia en la Escuela Nacional Preparatoria, luego de la carrera de biólogo en la Facultad de Filosofía y Letras y de la investigación en el Instituto de Biología de la UNAM, fundado en 1929.
El 2 de octubre de 1915 Alfonso L. Herrera, con el apoyo del ingeniero Pastor Rouaix y por acuerdo del presidente Venustiano Carranza, funda la Dirección de Estudios Biológicos de la Secretaría de Fomento (a cargo de Rouaix) que Herrera dirigió con éxito y gran visión; ahí tuvo la iniciativa de crear el Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos, una voluminosa revista que daba cuenta de las investigaciones que se realizaban y que nos muestra que abordaba diversas áreas de la biología, no sólo la investigación acerca de la plasmogenia, teoría formulada por el propio Herrera, para entender el origen de la vida.
Alfonso L. Herrera en 1897 escribió Recuel des lois de la biologie generale (Recopilación de las leyes de la biología general) en francés, pero en México, pues en esa época era el idioma que más se utilizaba en el ambiente intelectual, y en esa obra claramente expone su posición evolucionista que, como afirmó mi maestro Roberto Moreno de los Arcos, es el primer texto claramente evolucionista en la ciencia mexicana. Luego de ello en 1902, a la muerte de su padre Alfonso Herrera Fernández, quien le heredó la cátedra de Historia Natural en la Escuela Normal para profesores, la elimina y funda la primera cátedra de Biología. Como no existía un libro para impartirla, en 1904 publica Nociones de Biología, el primer libro para la enseñanza de esta ciencia en el país.
Pero la cátedra de biología fue suprimida en 1908 por “considerarla peligrosa para la juventud y las creencias”, en palabras del propio Herrera en un texto de 1921. Y en efecto, la biología bien concebida es peligrosa para las mentes conservadoras: es corrosiva, subversiva, lleva a pensar cosas que van en contra del pensamiento vulgar. Y no sólo por la teoría de la evolución, también por la fisiología bernardiana, que lleva a la conclusión de que el cuerpo se explica por sí mismo, lo que significa que “el alma no existe”. Bueno, por algo la primera imagen del libro de Herrera no es un retrato de Darwin, sino de Claude Bernard.
En la fase final del porfiriato se dio un repunte del pensamiento de derecha y reaccionario, y eso seguramente condujo a la supresión de la cátedra de biología. Si bien Porfirio Díaz inició sus gobiernos con una postura liberal, al correr de los años, las malas influencias que lo rodearon hicieron que cambiara y eso llevó a la debacle del régimen y entre muchos horrores, también de la vida académica, aunque Justo Sierra pudo moderar muchas cosas y hacer que en 1910 se creara la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde se creó una carrera equivalente a la de biólogo (Profesor Académico en Ciencias Naturales) y luego fundar la Universidad Nacional de México.
Luego de la desaparición de la cátedra de biología, Alfonso L. Herrera mantuvo su trabajo científico, hasta que al triunfo del Carranza fue posible crear una institución dedicada a la investigación biológica, en un lugar precioso, en la esquina de las calles de Ayuntamiento y Balderas, que ocupaba en Instituto Médico Nacional, creado en el porfiriato. Los médicos hicieron que no se realizara ahí el proyecto original de Alfonso Herrera Fernández, que era hacer una institución dedicada al estudio de la naturaleza en el país. Pero su hijo recuperó el edificio y pudo hacer una institución nueva, con otra visón, lo que los médicos nunca pudieron aceptar y de ahí el odio a Alfonso L. Herrera.
Esta situación fue un factor crucial para llegar a la exclusión de Herrera. Fue un médico, Fernando Ocaranza, quien junto con Eliseo Ramírez e Isaac Ochoterena, que trabajaban en la Dirección de Estudios Biológicos, confrontaron a Alfonso L. Herrera y finalmente lograron hacerse del poder de la biología institucional y en consecuencia Ochoterena se encumbró tomando todo el control de la biología en México, con un poder omnímodo. Eso llevó a una reorientación de la enseñanza y la investigación de esta ciencia en México, donde se impuso la concepción de Ochoterena, de una biología descriptiva al servicio de la comunidad médica.
Todo ello impactó en el futuro de la biología en México, en sus planes de estudio. Y por ello la biología es así, aunque en muchos aspectos ha cambiado a través de los años, gracias a visiones innovadoras como las provenientes de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, derivadas del exilio español. Luego, en los años sesenta la aparición del Cinvestav y a partir de 1987 de la Escuela de Biología de la UAP.
El padre Ubú no pensaría en cosas como éstas, pues en su reino no había enseñanza de la ciencia ni investigación. Para él sería algo carente de importancia, pero México por fortuna no es el reino de Ubú y por ello debemos rastrear su historia, para entender cómo se llegó al estado actual.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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