Ismael Ledesma Mateos
Las relaciones entre periodismo y política son algo complejo y fundamental. La comunicación y el flujo de información son cruciales para la acción política y gubernamental. De ahí la importancia que le da nuestro Presidente, Andrés Manuel López Obrador, a sus conferencias matutinas, como una forma de neutralizar la desinformación producto de las columnas de los comentócratas y de la prensa derechista y reaccionaria.
Información es poder, sea académica, política, social, económica, y hasta los chismes son importantes. Sin el control de ella no es posible actuar, no se puede hacer nada. Es crucial para gobernar o luchar por el poder. Ligado a ello, el contar con publicaciones es determinante. En el proceso inicial de la Revolución Mexicana fue de gran importancia el papel de los hermanos Enrique y Ricardo Flores Magón, quienes fundaron el periódico Regeneración, portavoz del movimiento anarquista, que se denominó como “Magonismo”, en su tiempo representado por el Partido Liberal Mexicano (PLM), que tuvieron como colaboradores a Librado Rivera, Anselmo L. Figueroa y Práxedis G. Guerrero. Los magonistas, como fuerza revolucionaria, aspiraron a abolir el poder, no a ejercerlo. Su objetivo era la autoemancipación y el autogobierno, la esencia del anarquismo.
En el caso de Rusia, “a sus treinta años Lenin pudo concretar uno de los proyectos más importantes de su intensa vida política: crear un periódico revolucionario que sentara las bases para una organización centralizada del marxismo ruso, que hasta ese momento se encontraba disperso en pequeños grupos nucleados en Rusia y en el exilio europeo. Fue hacia fines de diciembre de 1900 (el día 24) cuando se publicó el primer número de Iskra (La chispa). Su lema, “una chispa puede encender la llama”, tiene su origen en un viejo escrito de Vladimir Odoyévski en el que defendía a los intelectuales antizaristas (los “poetas decembristas”) condenados al exilio en Siberia por el Zar Nicolás I. Para Lenin, un hombre pragmático, el lema no era una simple frase hecha sino la expresión poética de un proyecto político que tendría una gran influencia en la organización de una nueva generación de cuadros obreros e intelectuales que intervendrían como la vanguardia dirigente del Partido Bolchevique en los años siguientes. Lo que nos interesa en esta nota es recorrer la experiencia del periódico desde sus orígenes hasta 1903 –año en que Lenin abandonó el comité de redacción– y reflexionar acerca del rol que la prensa de izquierda puede tener como organizador colectivo en la formación de un partido obrero revolucionario” (Claudia Ferri, La Izquierda Diario, 2018).
Pero también el periodismo puede ser utilizado para fines abyectos, como afirma en su tesis La Prensa Mexicana y su Relación con el Poder Político en Tres Periodos Históricos: 1876-1910, 1934-2000 y 2000-2005. Un Análisis Comparativo, Jorge Armando Rocha Gutiérrez. Las hipótesis al respecto son dos: “1. Para el caso mexicano, en cualquier tipo de régimen: dictadura, corporativismo, o democracia, ha existido y seguirá habiendo periódicos y periodistas que sufran presiones psicológicas o violencia física para no ejercer su trabajo eficientemente. Sobre todo cuando esta labor es crítica hacia quien o quienes detentan el poder. No obstante, el régimen democrático abona a que el ejercicio periodístico sea menos riesgoso: hay más libertad de investigación y de expresión. 2. La relación prensa/poder gubernamental está definida de forma unidireccional por el gobernante en turno, en el caso de un régimen autoritario. En el caso de un régimen más democrático, la relación deja de ser desigual”.
En el momento actual que vive México, cuando nos encontramos en verdadero proceso de transición a la democracia, en medio de una crisis sanitaria y económica conjugada como consecuencia de la pandemia Covid 19, el papel de la prensa y los medios de comunicación juegan un papel que amerita ser analizado. Como ha dicho el Presidente, desde el gobierno de Madero, nunca se había atacado a un mandatario de manera tan impune como ocurre ahora. A mí me indigna, me da náuseas ver la columnas de algunos comentócratas derechistas que son realmente repugnantes, sea en El Financiero, El Universal, o Reforma, cuyo único objetivo, hoy y mañana, es atacar al Presidente. ¿Se imaginan cómo les habría ido en la época de Díaz Ordaz? Llegan a límites realmente intolerantes, y son el ariete de una derecha y ultra derecha reaccionaria, que no soporta que nos encontremos ante un cambio de régimen. Pero Andrés Manuel ha sabido resistir, sin caer en la tentación autoritaria. Los deja ladrar sin darles mayor importancia. Sabe que tiene el poder y cómo ejercerlo, y que no es correcto caer en actitudes represivas –aunque las ameritarían, pues no se mueven en el terreno de la libre discusión de la ideas, sino en el ataque irracional, claramente ideológico.
En los Diálogos en el Infierno entre Maquivelo y Montesquieu, de Maurice Joly,
Maquiavelo dice:
No os he mostrado todavía más que la parte en cierto modo defensiva del régimen orgánico que impondré a la prensa; ahora os haré ver de qué modo sabré emplear esta institución en provecho de mi poder. Me atrevo a decir que ningún gobierno ha concebido, hasta el día de hoy, una idea más audaz que la que voy a exponeros. En los países parlamentarios, los gobiernos sucumben casi siempre por obra de la prensa; pues bien, vislumbro la posibilidad de neutralizar a la prensa por medio de la prensa misma. Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis qué hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo.
Montesquieu- ¡Extrañas sorpresas me deparáis, por cierto! Desplegáis ante mí un panorama perpetuamente variado; siento una gran curiosidad, os lo confieso, por saber cómo os ingeniaréis para llevar a cabo este nuevo programa.
Maquiavelo- Requerirá mucho menos desgaste de imaginación que el que suponéis. Contaré el número de periódicos que representen lo que vos llamáis lo oposición. Si hay diez por la oposición yo tendré veinte a favor del gobierno; si veinte, cuarenta; si ellos cuarenta, yo ochenta. Ya veis para qué me servirá, ahora lo comprendéis a las mil maravillas, la facultad que me he reservado de autorizar la creación de nuevos periódicos políticos.
Montesquieu- Es muy sencillo, en efecto.
Maquiavelo- No tanto como lo pensáis, sin embargo, porque es indispensable evitar que la masa del público llegue a sospechar esta táctica; la combinación fracasaría y la opinión por sí misma se apartaría de los periódicos que defendiesen abiertamente mi política. Dividiré los periódicos leales a mi poder, en tres o cuatro categorías.
Pondré en la primera un determinado número de periódicos de tendencia francamente oficialista, que, en cualquier circunstancia, defenderán a ultranza mis actos de gobierno. Me apresuro a deciros que no son estos los que tendrán máximo ascendente sobre la opinión. En el segundo lugar colocaré otra falange de periódicos cuyo carácter no será sino oficioso y que tendrá la misión de ganar a mi causa a esa masa de hombres tibios e indiferentes que aceptan sin escrúpulos lo que está constituido, pero cuya religión política no va más allá.
En los periódicos de las categorías siguientes es donde se apoyarán las más poderosas palancas de mi poder. En ellos, el matiz oficial u oficioso se diluye por completo, en apariencia, claro está, puesto que los periódicos a que voy a referirme estarán todos ellos ligados por la misma cadena a mi gobierno, una cadena visible para algunos, invisible para otros. No pretendo deciros cuántos serán en número, pues contaré con un órgano adicto en cada partido; tendré un órgano aristocrático en el partido aristocrático, un órgano republicano en el partido republicano, un órgano revolucionario en el partido revolucionario, un órgano anarquista, de ser necesario, en el partido anarquista. Como el Dios Vishnú, mi prensa tendrá cien brazos y dichos brazos se darán la mano con todos los matices de la opinión, cualquiera que sea ella, sobre la superficie entera del país. Se pertenecerá a mi partido sin saberlo. Quienes crean hablar su lengua hablarán la mía, quienes crean agitar su propio partido, agitarán el mío, quienes creyeran marchar bajo su propia bandera, estarán marchando bajo la mía.
Montesquieu- ¿Se trata de concepciones realizables o de fantasmagoría? Produce vértigo todo esto!
En el Reino de Ubú nada así era necesario. No había medios ni discusión de ideas, pero si hubiera estado más tiempo en el poder, sin duda habría tenido que recurrir a éstas ideas. Creo que esto es lo necesario en México: una prensa que neutraliza a la prensa vendida y a los comentócratas chayoteros que, si se ubieran enfrentado al Padre Ubú, con justificada razón les mandaría aplicar palitroques en las onejas, aunque no sería necesario usar con ellos las tenazas de descerebración porque en realidad no tienen cerebro pensante, solo un órgano que usan para la mentira, para la falsedad.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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