Ismael Ledesma Mateos
Mi maestro y amigo Alfonso Vélez Pliego me dijo esta frase: “La política es el arte de la paciencia.” Afirmación que ha sido crucial en mi vida y que me llevó a decir: “El que no quiera nunca perder, que no haga política.” Algo que siempre debemos considerar en nuestras mentes, pues nos lleva a reflexionar sobre algo real y contundente. Bismarck decía: “La política es el arte de lo posible”, lo cual también nos da cuenta de esta cruda realidad. Y con Pedro Sánchez todo esto ocurrió: a punto de asumir la presidencia del gobierno de España fue derrotado por la indefinición y por falta de convicciones claras y una actitud pragmática por parte de los miembros de su partido y de los demás partidos de oposición, que lo hubieran ungido como presidente del gobierno e impedido que Mariano Rajoy asumiera el cargo. El propio Partido Socialista Obrero Español (PSOE) le dio la espalda, pero él mantuvo su posición, con una actitud que raya en la necedad, pero no debe ser nunca abandonada por un político que se precie de serlo.
El Padre Ubú no era un político, sino un gobernante autócrata que llegó al poder por “la fuerza de las cosas”. No entendería las sutilezas de un arte que Rajoy tampoco fue capaz de comprender. El gobernar implica la voluntad de poderío, y un compromiso con uno mismo que se convierte en un compromiso con el conjunto de la sociedad. Como diría Sartre: cuando uno se asume a sí mismo, está asumiendo a la humanidad entera, y ésa es la esencia de la política, que espero Sánchez sepa aplicar cabalmente y marque una diferencia con la visión del Rey Ubú y su gobierno manipulado por la Madre Ubú y el Capitán Bordura.
El PSOE es un partido viscoso, gelatinoso, fiel representante de la socialdemocracia europea, aquella que condujo a Marx y Engels a usar el título para su más impactante libro, Manifiesto del Partido Comunista. Expresaba una distinción necesaria con respecto a la socialdemocracia, de acuerdo al materialismo histórico: el comunismo es una etapa posterior en el desarrollo de la humanidad, posterior al socialismo como formación política previa; pero ellos usaron el término “comunista” como una forma de demarcación, dando a entender que su propósito final era radical y no sólo reformista. Ésa es la diferencia entre los comunistas y los socialistas de los partidos de Europa occidental, como en Francia y en España, aunque en última instancia representan una posición de izquierda, que siempre será de avanzada, en contraposición a las derechas.
En lo personal, la emergencia de Podemos como una nueva organización política me pareció muy alentadora; sin embargo, en la crisis consecutiva a las elecciones de 2016 no tuvo la capacidad de lograr un acuerdo con Sánchez y apoyar su investidura como presidente, cuando incluso fue propuesto por el propio rey Felipe VI. Se trataba de un momento crucial en la historia de España, donde pudo haberse construido un bloque histórico —en el sentido gramsciano del término— llevando a Sánchez al poder y evitando la permanencia de Rajoy. Pero no ocurrió así, y ante la inminencia de contar con un gobierno, Rajoy consiguió permanecer a pesar de no haber tenido la mayoría en las dos elecciones realizadas.
Todo parecía que Pedro Sánchez estaba políticamente liquidado; el PSOE con su tradicional oportunismo le daba la espalda, lo que lo obligó a dimitir como secretario general de su partido y a renunciar como diputado. Pero necio, como afortunadamente es, retomó la Secretaría General, tras derrotar a Susana Díaz y a Patxi López. Ya en el cargo tomo posición ante la grave situación de Cataluña, apoyando la postura de Rajoy, lo cual me causó una enorme decepción (aunque ahora creo que fue una hábil maniobra política, para luego, inteligentemente, impulsar una “moción de censura” contra Mariano Rajoy, que lo sacó de su cargo, provocando que fuera investido como presidente del gobierno a partir del 2 de junio de 2018.
En un acto sin precedentes en la historia contemporánea de España, Pedro Sánchez, a las 11:02 horas del sábado 2 de junio prometió su cargo ante el rey Felipe VI, sin Biblia ni crucifijo, afirmando sobre un ejemplar de la Constitución cumplirla y hacerla cumplir; posó su mano sobre el artículo 62, que regula el nombramiento de los presidentes del gobierno. A partir de ese momento muchos son los retos para el nuevo mandatario, que de entrada deberá afrontar enormes retos, como el que impone la crisis de Cataluña, poner fin al artículo 155 constitucional, que permite el intervencionismo en ese territorio. Como puede leerse en El País del pasado domingo: “Pedro Sánchez siempre ha abogado por solucionar el problema catalán mediante una reforma constitucional basada en cuatro ejes: reconocer el carácter plurinacional del Estado, blindar las lenguas propias de las nacionalidades históricas, convertir el Senado en un órgano de carácter federal y, finalmente, reconocer el principio de ordinalidad en el modelo de financiación autonómica, es decir, que la comunidad que más contribuya a las arcas del Estado sea también la que más dinero reciba una vez hechas las aportaciones a los fondos de solidaridad.”
Sánchez buscará emprender medidas con amplio apoyo, y derogar leyes que el Partido Popular (PP) aprobó cuando tenía la mayoría absoluta, aunque sólo cuenta con 84 de 350 diputados. Aunque considero que debe confiarse en su capacidad concertadora y su pragmatismo, que sostiene estar basado en principios políticos claros. Como ha dicho: “Feminismo, políticas sociales, medidas de regeneración democrática, y el intento de restablecer relaciones institucionales con la Generalitat de Cataluña” serían los pilares de la acción política, de los cuales se derivarían sus primeras medidas. En su alocución al presentarse la “moción de censura” aseguró: “Mi gobierno será socialista, paritario, europeísta, garante de la estabilidad presupuestaria, cumplidor en consecuencia de sus deberes europeos; un Gobierno que cumplirá y hará cumplir la Constitución.”
La exitosa operación en la que Sánchez toma la presidencia, fue magistral. Elsa García de Blas le llama “El superviviente inesperado”, quien en poco más de un año recuperó el liderazgo del PSOE y ahorra llega al Palacio de La Moncloa, a los 46 años, luego de hacer prosperar la primera “moción de censura” en la historia de España. Se trata de un verdadero “renacimiento político”, que confirma el sabio dicho mexicano de que “en política, no hay muertos, hasta que estén tres metros bajo tierra”.
Todo inició con retomar la dirigencia de su partido en contra de Susana Díaz y toda la dirigencia que le dio la espalda. Se trata del “resultado de una trayectoria política marcada por la tenacidad y la fortuna. Por la supervivencia casi épica.
“Sólo alguien que apuesta tan fuerte como Pedro puede salirle esto”, dijo un dirigente socialista que lo conoce hace 20 años. “Apuesta mucho y muy fuerte, no le ha caído del cielo.” Como escribe García de Blas: “Nadie puede dudar de la voluntad de hierro de Sánchez. La resistencia y la perseverancia son dos de los rasgos más relevantes de su perfil psicológico, que ha demostrado al enfrentar situaciones en las que tenía todo en contra. La más significativa es su contundente victoria en las primarias socialistas de mayo de hace un año, con el aparato del partido volcado en la presidenta andaluza Susana Díaz… ayer derribó a Rajoy con una moción de censura apoyada por Podemos y los grupos nacionalistas e independentistas. Precisamente la suma de grupos que incendió el PSOE cuando tras las elecciones de junio 2016 una parte de la dirigencia del partido que llegara a La Moncloa con un pacto con los secesionistas”.
Joaquín Sabina en una entrevista habló del desamor sufrido con Podemos: “Me siento del lado de esos millones que votaron a una izquierda radical joven y un poquito más radical, pero no del lado de sus dirigentes.” Continúa en cantautor: “Porque ya han empezado a tener los mismos vicios que criticaban, como siempre pasa.” A lo que Juan Carlos Monedero, portavoz de Podemos, aconsejó al cantautor que “se dedicara a la música y no interviniera en política”. Entonces Sánchez intervino: “En el PSOE nadie le diría a alguien de la talla de Joaquín Sabina: ‘oye, tu dedícate a la música y a componer tus canciones, que yo me voy a dedicar a la política’; yo haré lo contrario, todo mundo que quiera participar en política yo le animo a que lo haga.” Una afirmación que ataja la intolerancia y nos invita a la concertación.
Economista, doctor en economía y profesor universitario, Pedro Sánchez Péres-Castejón, representa un relevo generacional que augura una forma distinta de hacer política, diametralmente del derechismo de Rajoy. Lo mejor para España será que esta transición permita un genuino gobierno de izquierda, con alianzas que permitan llegar a consensos genuinos y duraderos. Pero sobre todo es un alimento para la esperanza.
Rajoy se va por corrupto, luego de que el PP fuera condenado en un juicio sobre el “caso Gurtel” (Correa, en alemán, el apellido del principal empresario involucrado en ello), que implica malversación de fondos y desvío de recursos de entidades públicas a favor de ese partido, presidido por Rajoy. Como le dijo Sánchez a Rajoy en el debate televisivo previo a las elecciones presidenciales: “Para ser presidente del gobierno hay que ser gente decente, y usted no puede ser presidente del gobierno pues ¡no es gente decente!” Se trata de una lección que debe ser tomada en cuenta en México en vísperas de las próximas elecciones.
Yo me volví simpatizante de Sánchez desde ese debate preelectoral, como lo soy ahora de Andrés Manuel López Obrador desde el intento golpista de desafuero y la elección de 2006. Por ello, este inesperado triunfo de Sánchez se convierte en un aliciente para todos los que creemos y confiamos en la democracia.
El Padre Ubú no hubiera dejado que le aplicaran una “moción de censura”: les hubiera aplicado palintroques en las onejas y las tenazas de decerebración, pero afortunadamente Franco ya murió y la posibilidad de democracia en España existe, ¡ya sin el garrote vil!
¡Vamos a interrumpir aquí!









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