Ismael Ledesma Mateos
El problema médico no es trivial, la gestión de los cuerpos es algo determinante y, como lo sostuvo Michel Foucault, la corporeidad es un elemento indisoluble de la política. En relación a ello debemos pensar en disciplinas como la farmacología y la farmacia, ligadas al manejo de medicamentos, sea su utilización o el diseño y producción. Uno de mis libros predilectos, que leí cuando era estudiante, es Discurso biológico y orden social, coordinado por Pierre Achard (Nueva Imagen, 1980) donde se encuentra un magnífico artículo de Antoinette Chauvenet, “Biología y gestión de los cuerpos”. Ella escribe: “si la biología tiene la primacía en el orden de las representaciones, sigue siendo en provecho de la medicina y de los médicos, en tanto que sirve al orden del discurso y de la práctica médica […] la biología y la medicina están ligadas en una relación social que se hace en provecho de la medicina. La medicina domina a la biología en la medida en que toda ciencia está puesta al servicio de un cierto orden social, en este caso el orden de los cuerpos”.
En la esfera de la política, todo esto tiene un gran impacto y lo médico está ligado a la administración de los fármacos. En el México actual un grave problema que ha salido a flote es el del abasto de medicamentos, donde en el sector salud se han dado actividades irregulares en su compra, con evidentes indicios de corrupción, producto de la falta de una planeación estratégica con visión académica, lo que sucedió en el periodo neoliberal. Cierto, hubo acciones adecuadas, como la que ocurrió en la gestión del secretario Julio Frenk, cuando realizó una compra anticipada de “tamiflú” (oseltamivir), que permitió afrontar la crisis de influenza que nos aquejó hace unos años; pero en diversos niveles de las cadenas de mando del sector salud se hacen compras inadmisibles, y a pesar que la ley lo prohíbe, se hacen adquisiciones a comercializadoras que manejan precios que van de 30 a 70% más caros que las compras directas con los laboratorios. Evidentemente, de ahí salen jugosas comisiones que ellos reciben, generando en hospitales públicos bodegas llenas de fármacos caducos que costaron millones de pesos.
El asunto de la gestión médica y de los medicamentos es de gran trascendencia social y política. Por una parte, en lo médico está la gestión de los cuerpos de la que hice referencia, y en el otro, en el caso de los medicamentos, entra en acción la cuestión industrial y comercial que implican los intereses de grandes capitales que tienen la medicina a su servicio. Se trata de una relación compleja entre el capital, los mercados, la gestión de los cuerpos, la sociedad y la política. En lo absoluto es sólo un problema de “salud” que requiere la instrumentación de acciones que coloquen todo esto bajo control, y como se ve, farmacia no sólo es una tecnología científica, es economía y política.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sugerido a sus estados miembros que trabajen en la formulación, implementación y evaluación de políticas farmacéuticas nacionales o políticas nacionales de medicamento (PNM), las cuales han de estar en concordancia con las políticas sanitarias de salud de cada país y cimentadas en las necesidades particulares de cada nación; con la intención de que las personas tengan la oportunidad de acceder a los beneficios que el campo farmacéutico le ofrece, con la premisa del respeto a la vida y a la dignidad humana. Una política debe estar fundamentada en el concepto de medicamentos esenciales, lo que puede permitir una oferta de productos efectivos, seguros y de calidad a la población que accede a ellos; al considerar los cambios tanto en el perfil epidemiológico, como en los demográficos y tecnológicos, en la búsqueda del mejor uso de los escasos recursos disponibles y bajo la aplicación de los principios éticos y legales vigentes.
El caso de los grandes negocios que se han hecho con los medicamentos en el “sector salud”, no sólo a nivel nacional sino también en los estados que conforman la federación, dan cuenta de uno de los casos de corrupción que parecerían invisibles y sin duda es uno de los más graves. ¿Cómo médicos encargados de las secretarías de salud no pudieron percatarse de eso? Sería mejor que el responsable de ellas fuera algún otro profesional, como un economista o un científico. En la visión ideológica, el médico representa la integridad y la pulcritud, pero en muchos casos eso no ocurre. Como me ha dicho un amigo médico de gran nivel: “Mis colegas son tan deshonestos que permiten que les digan ‘doctores’, sabiendo que no lo son.” Así es, pues son licenciados y en el título que da la UNAM dice “Médico Cirujano” y la abreviatura es “M.C”. Pero bueno, los mafiosos empresarios farmacéuticos saben de las debilidades humanas y se aprovechan de ellas, pensando sólo en el lucro.
Viene a mi mente la obra de teatro de Molière, El enfermo imaginario, que trata de un hipocondriaco que teme la intervención de los médicos, gremio que era muy cuestionado en esa época. La comedia enfatiza, de forma satírica, la crueldad de los galenos que atormentan al enfermo. Argan, un burgués, cree estar siempre enfermo. Su mujer, Béline le prodiga tiernos cuidados, pero en realidad no hace más que esperar su muerte para poder recibir la herencia. El enfermo, en su delirio, ordena constantemente que se le practiquen sangrías y purgas, y toma todo tipo de remedios, dispensados por unos médicos pedantes más preocupados por complacer a su paciente que por su salud, y que no quieren más que su dinero. Para que su amo coma bien, Toinette, su criada, se disfraza de médico y le da consejos más razonables. La acción transcurre en París a fines del siglo XVII y la obra, última comedia de Molière, fue estrenada el 10 de febrero de 1673 en el teatro del Palacio Real.
En este juego entre médicos y fármacos (y enfermos imaginarios), así como pasó con el “huachicol”, brincó la liebre de otra variante de ello, pero en el caso de los medicamentos. Es así que el presidente Andrés Manuel López Obrador ordenó a todas las secretarías implicadas en el sector salud que no permitan que tres empresas distribuidoras de medicamentos, que resultaron favorecidas en el sexenio anterior, participen en ninguna licitación hasta que concluya una investigación por presunto influyentismo o corrupción.
Las empresas que recibieron el mayor número de contratos en el sexenio anterior son el Grupo Fármacos Especializados (Grufesa), Distribuidora Internacional de Medicamentos y Equipo Médico (Dimesa) y Maypo, que vendieron al ISSSTE y al IMSS fármacos por 34 mil 280 millones de pesos en 2018, es decir, 62.4% de las compras de ambas que están actualmente investigadas por la Secretaría de la Función Pública y la Unidad de Inteligencia Financiera. Esto me trae el recuerdo de un curso que di en el Centro Médico “La Raza”. Los médicos a los que les di clase me plantearon la posibilidad de hacer un laboratorio de investigación en bioquímica. Yo coticé todo el equipamiento, para comprar directamente con las mejores empresas extranjeras que conocía (por ejemplo: Perkin Elmer, LKB o Phillips), y al ver el documento el encargado del área me dijo que era imposible hacer así la compra, pues todo lo tenía que vender la empresa Becton Dickinson… Y bueno, yo de inmediato les retiré mis cotizaciones y no les dejé ningún documento del proyecto. Ésa fue mi primera experiencia con la estructura mafiosa de la burocracia del “sector salud”.
Pensemos entonces que en un examen de laboratorio, en una consulta médica y en la ingesta de uno o varios fármacos existe el poder, que implica lo político y que el hablar de salud no es de ninguna forma algo puro, limpio e inocente. Pues el poder es inseparable del cuerpo y de su gestión en sociedad. Un ejemplo que tiene que ver con ello es la tortura, que implica una intervención del cuerpo, usando el dolor como instrumento, lo que nos da una imagen cruda de la corporeidad, desde la antigüedad hasta nuestros días, pasando de la crucifixión, la inquisición y las formas más rebuscadas del mundo contemporáneo, muchas de las cuales usan fármacos.
En este contexto, resulta muy interesante reflexionar en estos procesos donde se articula todo lo que constituye una sociedad en su tiempo: ciencia, tecnología, industria, ideología, profesión, política, economía, sociología y antropología; todo plasmado en una entidad inmanente que es el cuerpo.
El mismo Padre Ubú tenía muy claro el significado de intervenir los cuerpos cuando daba la orden que les pongan palitroques en las onejas y que les apliquen las tenazas de descerebración. Una forma de lastimar los cuerpos en el ejercicio de mantener el poder.
¡Vamos a interrumpir aquí!









No Comments