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Marx a 200 años de su natalicio

· mayo 4, 2018

Ismael Ledesma Mateos

Se dice fácil, hace 200 años, un 5 de mayo, nació uno de los filósofos más importantes de la historia del pensamiento, Karl Marx, quien entre muchas obras escribió con su amigo y colega Friedrich Engels uno de los libros que más impacto tuvieron para la humanidad: el Manifiesto del Partido Comunista (Londres, 1848), donde plasmaron el enunciado emblemático que le da inicio: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. ¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de oposición a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de la oposición, más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de comunista? De este hecho resulta una doble enseñanza: Que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de Europa. Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias, que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio partido. Con este fin, comunistas de las más diversas nacionalidades se han reunido en Londres y han redactado el siguiente Manifiesto, que será publicado en inglés, francés, alemán, italiano, flamenco y danés.”

Como escribió V. I. Lenin: en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels establecieron los fundamentos y el programa del proletariado. “Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, comunista.”

El Padre Ubú moriría de terror ante la palabra “comunista”. ¡Horror! Sería como ahora los ignorantes hablan del “populismo”, sin saber qué cosa es eso. Pero en su turbia imaginación, fantasmagórica y de sombras —como la de todos los autócratas ignorantes—, pensaría que eso de comunista implica comunidad, “algo para todos”, donde perdería sus privilegios y seguramente dejaría de ser “El señor de las phinanzas”. ¡Qué espanto!, aunque le hubiera sido muy útil conocer el Fobaproa. Si ese fantasma, el del comunismo, hubiera llegado a su reino, su caída del poder se habría adelantado, y tal vez, no sabemos, habría sido bueno para su pueblo, engañado y sometido, como en pleno siglo XXI se encuentran muchos en el mundo, entre ellos nuestro México, donde al aparente final de la “guerra fría” ya no se espanta a la gente con el “comunismo” sino con el “populismo”.

Pero bueno, a 200 años del nacimiento de Marx debemos recordar algunos aspectos de su vida, pues creo que para comprender la historia la biografía es algo trascendental. Lugar y tiempo: ambos, Marx y Engels, nacieron en Renania, el primero en 1818 en Tréveris y el segundo en 1820 en Barmen, y su infancia, como afirma Auguste Cornú, transcurrió en el periodo reaccionario de “la Restauración”, que ocurrió en toda Europa luego de la caída del emperador “populista” Napoleón Bonaparte. Era un mundo occidental europeo, donde un imperativo esencial era la abolición del orden feudal, que estaba implícito en la restauración de las monarquías. Se trata del momento más álgido de transición al capitalismo que, de acuerdo a la concepción materialista de la historia de Marx, era necesaria para arribar a un nuevo modelo de organización económico-social: el comunismo, que pasaba por una forma de organización política que era el socialismo.

Marx era un hombre inquieto, adicto a la lectura y al alcohol, como todo gran intelectual. Era también amante de la belleza femenina, y conoció a Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Sin embargo, ante la oposición de sus padres ante un temprano matrimonio, se la llevó con él simbolizando “el rapto de la novia de la tradición bárbara” y se casó en 1843, convertido ya en un demócrata radical. Trabajó algún tiempo como profesor y periodista, pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París en ese año.

En esos tiempos conoció a Friedrich Engels, con quien establecería una gran amistad y una fructífera colaboración intelectual y política. Expulsado de Francia en 1845, Marx se refugió en Bruselas y luego en Colonia, donde apoyó tendencias radicales de la revolución alemana de 1848, para luego llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita, principalmente la más famosa y trascendente: El Capital.

Cuando conocí de Marx, fue en mi libro de sexto año de primaria, el que tenía como portada a La Patria de González Camarena, donde se mencionaba al socialismo utópico de Owen, Saint-Simon, Fourier y Proudhon, a diferencia del socialismo científico de Marx. A mis doce años eso me apasionó y comencé a estudiar su obra. Es curioso que entre las mejores biografías de Marx tengamos las de autores no marxistas, como Jean-Yves Calvez, sacerdote católico jesuita nacido el 3 de febrero de 1927 en Saint Brieuc (Francia) y fallecido el 11 de enero de 2010, experto en marxismo y profesor de filosofía social, que en 1956 publicó La pensé de Karl Marx; o la de Isaiah Berlin, Karl Marx (1939), un intelectual liberal que supo entender la trascendencia del pensamiento de Marx, aunque con algunas críticas que no comparto, pues creo que un pensador decimonónico, como Marx lo fue, debe ubicarse en su contexto. El Marx de su tiempo, no es el de nuestro tiempo, además de que debemos de ser sensibles a los cambios en su concepción en diferentes etapas, como ocurre con muchos autores. Y en el caso de Marx (como en el de Aristóteles) esto es muy claro.

De entrada, tenemos a un Marx filósofo, el llamado por Althusser “el Marx de la juventud”, que inicia su vida académica e intelectual con su extraordinaria tesis doctoral Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro, donde hace un anclaje de los inicios de su pensamiento en la filosofía presocrática, para luego continuar en un intrincado camino filosófico que lo llevó a la escritura de sus magníficos Manuscritos económico-filosóficos de 1844, hasta llegar a La ideología alemana (1845-1846), que culmina con sus Tesis sobre Feuerbach, donde plantea (en la tesis número 11) su ruptura con la filosofía: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (en el original alemán: “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt drauf an, sie zu verändern”), lo que implica el tránsito de la especulación a la acción y marca el inicio de la etapa llamada del “Marx de la madurez”, del “Marx científico” y no filósofo, lo que sin embargo es una posición filosófica. Para él hay una sola ciencia: “la ciencia de la historia”, dividida en historia de la naturaleza e historia de la sociedad, y en consecuencia enuncia su postura: el materialismo histórico, que conducirá a interpretar la historia y la economía política.

La Ideología alemana es sin duda una obra señera de la filosofía de Marx, es un texto indispensable que desde hace muchos años uso en mis cursos de historia y sociología de la ciencia, donde encontramos la única definición correcta de “ideología”, palabra mal usada por la mayoría de la gente. Ahí nos explica un fenómeno sociocultural impresionante, equiparable a un fenómeno natural. Como nos dice: “En la producción social de su existencia, los hombres adquieren determinadas relaciones independientes de su voluntad”, relaciones sociales a las que corresponden “determinadas formas de conciencia social”. Pero resulta que esas relaciones “aparecen invertidas, como en la ‘cámara oscura’, donde la inversión obedece a un proceso físico” (las leyes de la óptica), pero aquí “obedecen a un proceso histórico de vida real”.

Este texto dice muchas cosas: en primer lugar, que la existencia humana se produce socialmente, no lo que el hombre produce durante su existencia, sino cómo se produce a sí mismo; y segunda, que esas relaciones no voluntarias, no deseadas —uno no escoge a su familia, ni a la clase social en la que estará inserto— determinarán una forma de conciencia, que conducirá a la ideología, como distorsión, como deformación de la realidad, lo opuesto al saber y a la ciencia. Ésta es una verdad reveladora y demoledora para el pensamiento ingenuo y burdo.

Más adelante, en esta pista tendremos diversos textos de gran valor como La lucha de clases en Francia o El 18 Brumario de Luis Bonaparte, que dan cuenta del enfoque histórico que pretende instrumentar, para culminar en sus Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, que lo llevarán a su magna obra: El Capital.

En Londres, en el sepelio de Marx, ante su tumba, el amigo y compañero de casi toda la vida, Engels, concluiría su alocución con la frase. “Marx era un genio, nosotros si acaso tendríamos talento.”

¡Genialidad!, es el adjetivo para este gran filósofo cuyos 200 años de natalicio conmemoramos, un término que al Padre Ubú le parecería extraño y rebuscado como a todos los poderosos insensibles que gobiernan países sin pensar en nada que no sean sus aviesos intereses personales.

¡Vamos a interrumpir aquí!

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