Ismael Ledesma Mateos
Para muchos la filosofía es algo distante, un saber alejado de la realidad, que no forma parte de la cultura ni de la vida cotidiana. Nada más erróneo: la filosofía es inherente a todas las actividades que los humanos realizamos y al mismo tiempo reflexiona acerca de ellas. Pensando así, me parece muy valioso contar con un libro como Los Simpson y la filosofía (Blackie Books, Barcelona, 2012), coordinado por William Irwing, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble, autores de varias obras y profesores de filosofía de diferentes instituciones de los Estados Unidos de Norteamérica.
¿Quién no conoce a los Simpson? ¡Sí!, esos personajes color mostaza que son los protagonistas de los que la serie toma su nombre y que se comenzó a transmitir en 1989. La serie fue creada por Matt Groening y coproducida con James L. Brooks en Estados Unidos y ha tenido una inmensa aceptación mundial. Llegó a muchos países a partir de los años noventa; México particularmente fue el primero donde se transmitió en Hispanoamérica. El atractivo de la serie consiste en la manera como caracteriza diversas facetas de la personalidad de los individuos que pueden ser interpretadas desde distintas perspectivas, desde la psicológica hasta la filosófica, entrando en el complejo engranaje donde la cultura popular se une con formas elaboradas de pensamiento. En este instante me viene a la mente una escena donde Freud psicoanaliza a Homero Simpson acostado en un sillón, ante la presencia de su familia o cuando Bruno Latour aparece en el episodio donde se cuestiona la muerte del faraón Ramsés II, si el bacilo no fue conocido hasta el siglo XIX.
Sería muy interesante un diálogo entre el Padre Ubú y Homero Simpson, donde podría verse el pensamiento simplista, que podría ser contaminado por el ansia desmedida de poder. Ahí donde Homero sufre transformaciones muy patéticas, producto de las circunstancias y las malas influencias. ¡Imagínense a Homero bajo los malvados consejos del Capitán Bordura! Hubiera sido un Homero nefasto. Y la filosofía nos da elementos para interpretar todo esto desde una diversidad de concepciones.
En la introducción del mencionado libro, titulada “¿Meditar sobre Springfield?”, los autores aclaran que no consiste en una “filosofía de los Simpson”, ni se trata tampoco de “los Simpson como filosofía”, sino más bien “los Simpson y la filosofía”. Ellos consideran que la serie es “lo bastante profunda y sin duda lo bastante divertida, para merecer una atención seria. Además, la popularidad de los Simpson nos permite valernos de la serie como medio para ilustrar con eficacia algunas cuestiones filosóficas tradicionales ante un público no académico”.
Los Simpson era una de las “series que Irwing y sus amigos veían y comentaban. Valoraban su ironía e irreverencia y comprendieron que… se trataba de un terreno fértil y rico para la investigación y la discusión filosófica”. La serie es “lo bastante profunda e inteligente” para permitir la presencia de la filosofía en un programa popular que de acuerdo con los autores “resulta útil como vehículo para explorar una variedad de cuestiones filosóficas en favor de un público no especializado”. Ahí abunda la sátira, “siendo una de las series televisivas más inteligentes y articuladas que se transmiten hoy” y no sólo la historia de “un patán y su familia”.
Vale la pena referir la organización de este extenso libro (399 páginas) cuya primera parte se refiere a “los personajes, con los capítulos: 1. Homer y Aristóteles; 2. Lisa y el antiintelectualismo estadounidense; 3. La importancia de Maggie: El sonido del silencio. Oriente y Occidente; 4. La motivación moral de Marge; 5. Así habló Bart. Nietzsche y la virtud de la maldad. Su segunda parte trata de ‘Temas simpsonianos’, y sus capítulos son: 6. Los Simpson y la alusión: ‘El peor ensayo de la historia’: 7. La parodia popular: Los Simpson y el cine de gánsters; 8. Los Simpson, la hiperironía y el sentido de la vida; 9. Los Simpson y la política del sexo. La tercera parte, titulada ‘No he sido yo: La ética y los Simpson’, con: 10. El mundo moral de la familia Simpson: Una perspectiva kantiana; 11. Los Simpson: La política atomista y la familia nuclear; 12. La hipocresía de Springfield; 13. Disfrutar de ‘esa cosa llamada cucu…cucurucho’: El señor Burns, Satanás y la felicidad; 14. Holita, vecinos, tralari, tralará: Ned Flanders y el amor al prójimo; 15. La función de la ficción: El valor heurístico de Homer; Finalmente la cuarta parte versa sobre: Los Simpson y los filósofos, sus capítulos son: 16. Un marxista (Karl, no Groucho) en Sprinfield; 17. ‘Y el resto se escribe solo’: Roland Barthes ve Los Simpson; 18. ¿Qué significa pensar para Bart?; cada uno de un autor distinto; para acabar con los Apéndices: Este libro se inspira en ideas de…; con las voces de…”
Como puede verse, se trata de una obra original y versátil, donde cada uno de los personajes se vincula con algún planteamiento y el pensamiento de algún filósofo. Evidentemente, no puede abordarse aquí cada uno de ellos, pero quiero destacar el cuarto: “La motivación moral de Marge” de Gerald J. Erion y Joseph Zeecardi, quienes escriben: “Desde el corrupto alcalde Joe ‘Diamante’ Quimby hasta el impenitente malhechor Snake, pasando por las figuras más piadosas de la ciudad, como el reverendo Lovejoy y Ned Flanders, los extremos morales de Springfield tienen por único vínculo la variedad de los personajes que pululan por sus calles. Bart admite no saber la diferencia entre el bien y el mal y negocia con el demonio de tú a tú. Homer se embarca en un proyecto egoísta tras otro intentando también además convencer a Dios del valor de faltar a la iglesia para ver el futbol. Entre tanto, Flanders consulta a las autoridades religiosas y las estructuras sagradas para resolver cada dilema que encuentra, trátese de cuestiones éticas y morales o de modas y cereales de desayuno.
[…] En medio de esos extremos éticos, Marge se destaca como una piedra de toque de la moralidad. Para solventar los dilemas que se le presentan, sencillamente deja para que la razón oriente su conducta hacia un ponderado y admirable equilibrio hacia los extremos.” Se diferencia de Flanders porque éste siempre ataca lo que la religión ordena, sin importar si a él le parece bien hacerlo. Marge es religiosa, pero su conciencia bien desarrollada le permite hacer sólo aquello que haría una persona decente y razonable, incluso cuando sus decisiones entran en conflicto con las directrices impuestas por la autoridad de su credo. Lo anterior sugiere que la filosofía moral implícita en las acciones de Marge podría tener mucho en común con la del gran filósofo de la antigüedad Aristóteles.
En el capítulo décimo, “El mundo moral de la familia Simpson: Una perspectiva kantiana” es de James Lawler. El término “de ver” implica la presencia de dos fuerzas opuestas. Por una parte se encuentran los deseos, sentimientos e intereses espontáneos, incluidos los miedos y las animosidades, los celos y la inseguridad. Por otra parte, existe lo que creemos que debemos hacer, el tipo de persona que quisiéramos o tendríamos que ser. Con frecuencia esas fuerzas opuestas entran en conflicto y, por ello, hacer lo debido puede resultar difícil o doloroso y exigir sacrificios de diversa índole. El individuo que se compromete a mantener un punto de vista moral, una perspectiva que corresponda al modelo ideal de comportamiento, es aquel que decide subordinar, y si hace falta, sacrificar los propios deseos, sentimientos e intereses personales en favor de las acciones concretas o porque busca convertirse en el tipo correcto de persona.
“Los episodios de los Simpson a menudo ponen de manifiesto el conflicto entre el deseo, los sentimientos y los intereses personales, por una parte, y el sentido del deber moral por otra. Cada miembro de la familia, incluida la pequeña Magguie, contribuye a crear una atmósfera compleja, donde la moral se destaca precisamente a causa de la existencia de su contrario: los deseos, sentimientos e intereses apasionados. Antes de centrarnos en Lisa, que encarna la persona moral que cumple con su deber veremos brevemente como estas contradicciones dominan a los personajes de Homer, Bart y Marge. Y a través de esta exposición, se verá en toda la familia Simpson lo que en última instancia resuelve y supera las contradicciones entre deber y deseo.”
El Padre Ubú no daría crédito a que una tira cómica y sus personajes pudieran relacionarse con la filosofía y acercar reflexiones filosóficas a ello. Él no sabe sin embargo que también es objeto de reflexión filosófica, pero eso lo dejaría atónito y confundido como a todo autócrata ignorante y autoritario, que debe ser visto por la filosofía, lo que jamás debe pensarse como elogio. ¡La estupidez, igual que la racionalidad, la irracionalidad, el bien, el mal y la virtud son algo digno de ser estudiado!
¡Vamos a interrumpir aquí!









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