Ismael Ledesma Mateos
El productor de televisión y periodista Epigmenio Ibarra durante una reunión con la fracción parlamentaria del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), según reveló por El Universal, señaló: “Forma es fondo, y la forma en que se exprese la mayoría en el Congreso va a ser explotada por los medios con consigna de destruir esa mayoría. Debemos tener absoluta conciencia de que los medios no están por la Cuarta Transformación. Una cosa es atender, pero otra es creérsela y pensar que quien te está entrevistando está contigo y soporta tus ideales. Está a la caza de un gazapo. Entonces la actitud vigilante y alerta es esencial; la humildad es esencial. No es a ti a quien entrevistan, es a los muertos; no es a ti a quien aplauden, es a los mártires.” Efectivamente, desde el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador muchos columnistas, periodistas, así como conductores de medios radiofónicos y televisivos, aprovechan cualquier circunstancia, por mínima que sea para atacar al nuevo gobierno, aunque otros se irán o ya se fueron a la cargada, como si nunca hubieran estado en su contra.
El odio se deja ver tanto en muchos medios de comunicación como en gente de la calle, arraigada al corrupto priismo de décadas, y al panismo oportunista que lo sucedió. Un famoso escritor, cuyo nombre no recuerdo en este momento, decía que una ciudad se conoce yendo a sus iglesias y cantinas; estoy convencido que ésa es una afirmación correcta. En una iglesia —sin ninguna consideración religiosa— se conocen aspectos de la arquitectura, elementos históricos y las características de la gente que acude a ella. Y en una cantina o bar, estando en “la barra” se pueden escuchar cosas por demás interesantes —y muchas estupideces— que nos revelan aspectos socioantropológicos dignos de ser valorados. Así, uno puede oír comentarios de gente que sin ningún conocimiento opina como un politólogo consumado, dejando ver elementos de las representaciones sociales, que constituyen la cultura popular. Esto vale para México o cualquier país del mundo. En lugares así podemos percatarnos de orientaciones políticas, filias, animadversiones y prejuicios, base de la estructura ideológica de distintas clases sociales.
Así pude escuchar recientemente a un señor jubilado que al ver una entrevista a AMLO en la televisión decía: “Pues mucha gente lo odia, entre ellos yo. ¡Ojalá que truene!” Es un pensamiento presente en personas despolitizadas, en comerciantes y ciudadanos en general, carentes de una convicción y una voluntad de cambio, los que desprecian a la política y a los políticos y están convencidos de que la única finalidad de tener el poder es robar y enriquecerse. Los medios masivos de comunicación operan alimentando esas mentalidades. Cualquier error, cualquier pequeña falla, desencadena críticas y ataques, pues nada que haga el nuevo gobierno es tolerable para ellos, y esto lo vivimos antes de que el presidente tome posesión y lo sufriremos cotidianamente. Son pocos, son minoría, no pudieron ganar las elecciones, pero seguirán presentes y cuentan con formas de visibilidad y presencia.
Se trata de una etapa interesante en la historia del país, algo realmente inédito que para muchos es imposible asimilar. Hay un patrón común en esos sectores de la población: creen que su trabajo comercial es lo único que vale, menosprecian la actividad intelectual y científica, piensan que las instituciones educativas existen para “preparar a los jóvenes para el trabajo” y que lo mejor es que estudien en una escuela privada. Es común que su equipo de futbol predilecto sea “el América”, o el “Real Madrid”, y que su única opción en TV sea Televisa y en particular “el canal 2”; se trata de patrones de comportamiento enraizados en amplios sectores de la sociedad y que involucran lo que en filosofía y teoría política se llama “ideología”. Que a diferencia de lo que muchos erróneamente creen, no son las ideas que tiene cada persona, sino una conciencia distorsionada, deformada (Marx diría invertida de la realidad), una “falsa conciencia”, y en general la radio, la televisión y otros medios de comunicación masiva, son “aparatos ideológicos del Estado”, encargados de deformar el pensamiento y la mentalidad de la gente.
El cambio de un régimen, el arribo de un nuevo gobierno, de manera automática genera ideología; se trata de un fenómeno que es similar a los que estudia la física y todas las ciencias naturales. Como escribió Marx en La ideología alemana: “En la producción social de su existencia los hombres establecen relaciones independientes de su voluntad. Relaciones sociales a las que corresponden determinadas formas de conciencia social. Pero esas relaciones aparecen invertidas, como en la ‘cámara oscura’ donde la inversión obedece a un proceso físico y aquí corresponde a ‘un proceso histórico de vida real’.” La cámara oscura es el aparato fotográfico donde la inversión se da en función a las leyes de la óptica, y aquí lo que ocurre es mental, determinado por la historia y la sociedad. En consecuencia, el gobernante va a producir ideología, aunque no sea intencional, y de inmediato quienes lo escuchen lo pueden adorar u odiar: de ahí la formación de los partidarismos. El nuevo gobierno mexicano tendrá que enfrentar eso con intensidad.
Además de todo ello, en el complejo mundo político mexicano se conjugan en interrelación multitud de intereses, no soló políticos, sino económicos, que conducen a un estado de animadversión en amplios sectores con intereses que se verán afectados por las nuevas orientaciones, lo que hace que los llamados “poderes fácticos” se movilicen para tratar de imponerse. México ha entrado en una situación inédita donde el pueblo votó por un cambio, por una transformación de fondo, en la que se tienen depositadas grandes esperanzas. Esa llamada “Cuarta transformación” pretende establecer un nuevo modelo de gobierno y de país, que en el discurso implica la inauguración de una etapa distinta donde se esperan orientaciones en sentido diferente a lo actual. Habrá que ver si esa expectativa se materializa, pero es un buen inicio, que requiere la participación de muchos mexicanos, aunque otros buscarán boicotearla, desprestigiarla, criticarla y difamarla.
La prensa en particular y los medios de comunicación en general han jugado papeles nefastos en la política a nivel mundial a lo largo de la historia. Nekrasov (1956) es una gran pieza de teatro de Jean-Paul Sartre que trata la historia de un alto funcionario soviético desaparecido, que en realidad es Jorge de Valera, un estafador. Se trata de un montaje noticioso para llevar a primera plana de un diario una noticia falsa que involucra negocios y conveniencias políticas, que deja ver la falta de principios en el manejo de la información puesta al servicio de un Estado o de intereses particulares. Sartre hace aquí una sátira de la influencia de los medios de comunicación sobre los lectores y la forma en que el engaño se convierte en un recurso político.
Más que nunca, en los tiempos actuales en México nos encontraremos con un intenso bombardeo en contra del nuevo gobierno, que ahora tiene como un nuevo espacio el de las redes sociales. El día en que escribo esto el tema ha sido el asunto de la caravana de migrantes y el anuncio del posible otorgamiento de visas mexicanas, algo que ha escandalizado a muchos, al extremo de que el mensaje que un amigo me envió está firmado por “El pueblo de México”. El futuro canciller, Marcelo Ebrard, comentó las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, en contra de la caravana migrante; consideró que no son sorprendentes y se enmarcan en el proceso electoral que tendrá ese país próximamente, reiterando la voluntad del gobierno de López Obrador de tener una nueva política migratoria, donde se otorgarán visas de trabajo, buscando una migración operativa, en beneficio de México, lo cual va aunado al proyecto de hacer en el sur del país una inversión muy grande, dado que se trata de una región olvidada por muchos años.
Columnistas, analistas políticos comprometidos con el neoliberalismo y lo que AMLO llamó la mafia del poder, seguirán utilizando lo que vulgarmente se conoce como “el petate del muerto” o “el borrego”, aderezado con dizque “sesudos análisis”, para dar sustento a sus descalificaciones.
El Padre Ubú no tuvo que enfrentar a un gobierno proveniente de la oposición que le sucediera. Cuando fue derrocado por el Rey, a quien había usurpado el trono, huyó ¡y punto! No entendería los complicados entretelones de una política como la mexicana, donde de manera muy sutil están presentes las más abyectas posturas.
¡Para mí es suficiente!









No Comments