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“Las Meninas”, episteme y representación

· abril 6, 2018

Ismael Ledesma Mateos

Está de moda una canción pegajosa y fea llamada “Scooby Doo PaPa” que en Spotify llegó a ocupar la número uno entre las 50 catalogadas como virales, encima de “Movimiento naranja”, la número 20. Al hacer una búsqueda en internet luego del video de esa canción, apareció uno extraordinario, una canción a ritmo de trap, que se titula “Velaske, ¿yo soi guapa?”, referente al cuadro Las Meninas de Diego Velázquez (1599-1660). Este video me parece una verdadera obra maestra, que da cuenta del contenido de la famosa pintura, la cual incluso fue objeto de atención de Michel Foucault y Jacques Lacan por el contenido simbólico que la escena plasmada evoca y que, como Foucault escribiera en Las palabras y las cosas: es una representación de la representación clásica y la definición del espacio que ella abre. En efecto, intenta representar todos sus elementos, con sus imágenes, las miradas a las que se ofrece, los rostros que hace visibles, los gestos que la hacen nacer.

El video elaborado por Chistian Flores, un joven barcelonés, consiguió que muchísima gente “se sintiera dentro de la obra”, la cual al momento llevaba tres millones de fans en YouTube, que se preguntaron quién fue la infanta Margarita y por qué quería que le dijeran guapa. El autor lo logra, y como dice una nota de El País en el blog “Verne”, “creó un video en el que Margarita y Velázquez protagonizan un trap disparatado” (yo más bien diría ¡genial!). Musicalmente es algo raro, una mezcla de hip hop y música electrónica que resulta divertida, a pesar de que se nota una realización de escasos recursos, lo que la hace más meritoria.

Hacer la interpretación de un cuadro clásico y encontrar sus implicaciones históricas no sería algo del interés de un rey como Ubú, lo que le parecería absurdo en su visión inmediatista del poder. Así fueron muchos monarcas europeos que, ante su incapacidad de gobernar y su carencia de visión dejaron su poder formal y podríamos llamar cosmético en manos de otros, como pasó en Francia cuando los que gobernaban eran los cardenales Richelieu y Mazarin y en España con las “regencias” debido a la corta edad de los monarcas (que incluso tenían prohibida la lectura de Maquiavelo) o en el nefasto reinado de Carlos IV, el poder “en la sombra” de Manuel Godoy. Para el caso del Padre Ubú, este papel lo ejercieron la Madre Ubú y el Capitán Bordura, quienes influyeron en todas sus decisiones.

Es importante ver cómo un cuadro nos sirve para contar una historia y reflexionar acerca de ella. Eso se consiguió de manera magistral gracias a efectos técnicos de movimiento de imágenes por computadora, como el de la boca de algunos personajes del cuadro. Resalta la letra llena de faltas de ortografía a la manera como se usa en las comunicaciones de los jóvenes por teléfono móvil, además del lenguaje “trapero” de rimas que resultan cómicas por su simplicidad. Eso provoca que en su conjunto sea encantador, además de su significación histórica y filosófica muy acertada por su creador, que eligió a Las Meninas y escribió la letra y elaboró la música para realizar el video.

Ver la imagen de la niña de cinco años, Margarita María Teresa de Austria, en la animación por computadora es algo que nadie debe perderse. Mueve la boca y dice: “… mami ¡yo soy guapa mi pelo rubio mi cara guapa!”, que contrasta con la imagen de una enana acondroplásica y el enano que patea al perro. Luego dice: “¡Quiero salir en un cuadro de Velaske!”, lo que implica recurrir a una representación externa, ante lo que Velázquez responde: “Pero escuxe un secreto yo la estoi pintando a uste […] pero en realidad señora yo la toi pintando a USTE!! Margarita dice luego: “¿Entonces yo soi guapa? […] ¿Velaske yo soi guapa? Y Velázquez responde: “¿Pero por xke esta obsesión?” Posteriormente dice que su mayor miedo sea no casarse y Velázquez le dice: “Si tu miedo es no casarte no te preocupes. De hecho ya estás prometida a tu tío Leopoldo. ¡Que sí te casas! Y a los 15 años tendrás tu primer hijo y a los 21 años ¡morirás a consecuencia de las secuelas de tu cuarto parto! Ésta es una secuencia magnífica.

La infanta Margarita era la hija de Felipe IV y Margarita de Austria, por lo que la boda de ella con Leopoldo de Austria implicaba intereses estratégicos para los Habsburgo y la eliminación de las diferencias en la “Casa de Austria” española y los austriacos. Ése sería el papel político de la pequeña Menina, que tuvo una vida francamente desgraciada, congruente con las condiciones ideológicas y los intereses de las monarquías dinásticas de la época. Pero más allá de la historia política, la historia individual juega un papel. “A principios del siglo XVII —sostiene Michel Foucault en Las palabras y las cosas—, en este periodo que equivocada o correctamente ha sido llamado Barroco, el pensamiento deja de moverse dentro del elemento de la semejanza, e implica la representación. […] La similitud ya no es la forma del saber, sino más bien, la ocasión del error, el peligro al que uno se expone cuando no se examina el lugar mal iluminado de las confusiones […]. La época de lo semejante está en vías de cerrarse sobre sí misma. No deja, detrás de sí, más que juegos. Juegos cuyos poderes de encantamiento surgen de este nuevo parentesco entre la semejanza y la ilusión; por todas partes se dibujan las quimeras de la similitud, pero se sabe que son quimeras.” Para la episteme del siglo XVI, el mundo conformaba un espacio cerrado, “una cadena consigo mismo”, a cuyo conocimiento se accedía por la vía del establecimiento de semejanzas. Así, el mundo quedaba abierto en una imitación indefinida, cuyo potencial más concreto se encuentra en la analogía: la relación de los astros con el cielo se asemejaba a la de la hierba con la tierra, o un vegetal”. “Por episteme se entiende […] el conjunto de las relaciones que pueden unir, en una época determinada, las prácticas discursivas que dan lugar a unas figuras epistemológicas, a unas ciencias, eventualmente a unos sistemas formalizados”, y eso claramente lo vemos en esa época y se hace evidente en los significados visuales de ese cuadro.

En su clase 19, del 25 de mayo de 1966, Jacques Lacan aborda el tema de Las Meninas, y dice: “He aquí este cuadro. Ustedes ya lo vieron bastante, pienso, para haber tenido, desde entonces, la curiosidad de volver a él. Este cuadro, ustedes saben ahora, por la temática que proveyó en la dialéctica de las relaciones del signo con las cosas, principalmente en el trabajo de Michel Foucault, alrededor del cual se profirió toda mi enunciación de la última vez, por las discusiones numerosas que proveyó en el interior de lo que podría llamar la crítica de arte, este cuadro, digamos, nos presenta, nos recuerda —lo que fijé a propósito de él por adelantado— de una relación fundamental que sugiere con el espejo, este espejo que está en el fondo y donde se ha querido ver, de alguna manera y como ligeramente de paso, la astucia que consistiría en representar ahí aquellos que estarían ahí delante como modelo, a saber, la pareja real. Este espejo, por otra parte, es puesto en cuestión cuando se trata de explicar cómo el pintor podría situarse ahí pintándonos, lo que tenemos ahí frente a nosotros —como puede él verlo. El espejo pues, que está en el fondo y el espejo a nuestro nivel. ¿Quiere volver a encender las luces? Esto, espejo y cuadro, nos introducen a la evocación por donde hoy quiere entrar en la explicación que espero hacer completa hoy, completa y definitiva, de aquello de lo que se trata. La relación del cuadro al sujeto es fundamentalmente diferente de aquella del espejo. Que yo haya adelantado que en el cuadro, como campo percibido, puede inscribirse, a la vez, el lugar del objeto a y su relación a la división del sujeto, que esto se los haya mostrado, introduciendo mi problema por el establecimiento de la función, en el cuadro de la perspectiva, en tanto que es el modo donde, a partir de una cierta fecha históricamente situable, el sujeto, fundamentalmente el pintor, se hace presente en el cuadro, y no solamente en tanto que su posición determine el punto de fuga de la susodicha perspectiva. Designé el punto donde está, no como dicen los artistas hablando en tanto que artesanos, como el otro ojo, este punto que regula la distancia a la cual conviene ubicarse para apreciar para recibir al máximo el efecto de perspectiva sino este otro punto que les caractericé como siendo el punto en el infinito en el plano del cuadro. Esto, por sí sólo, basta para distinguir en el campo escópico la función del cuadro de la del espejo. Ambos tienen, por supuesto, algo en común, es el marco. Pero lo que vemos en el espejo, lo que vemos es ese algo donde no hay más perspectiva que en el mundo real. La perspectiva organizada es la entrada del campo de lo escópico del sujeto mismo. En el espejo ustedes tienen el mundo en bruto, es decir, este espacio donde ustedes se localizan con las experiencias de la vida común, en tanto que está dominada por un cierto número de intuiciones, donde se conjuga, no solamente el campo de la óptica, sino donde se conjuga con la práctica y el campo de los propios desplazamientos de ustedes.”

Esta larga cita de Lacan es importante para la valoración del cuadro de Velázquez. Aquí introduce un elemento que complementa la visión de Foucault, el de la especularidad, además del de la representación, donde el sujeto se ve a sí mismo, antes de representarse, como en el video, cuando la infanta se pregunta si es guapa. Requiere esa especularidad para representarse a sí misma, y una de las imágenes del video que nos llevan a esto es cuando su imagen aparece distorsionada, lo que da una idea de cómo se ve ella misma y la hace dudar.

“Pamplinas”, diría la Madre Ubú, “¡yo siempre he sabido que soy bella!” Y le pregunta al Padre Ubú: ¿O no? A lo que le responde: “¡Claro que sí!”

¡Vamos a interrumpir aquí.

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