Ismael Ledesma Mateos
En días pasados, Germán Hernández Suarez, formado en computación y quien realizó el servicio social conmigo, me preguntó por lecturas acerca del socialismo. De inmediato le respondí que de entrada debería leer el Manifiesto del Partido Comunista (1848) de Karl Marx y Friedrich Engels, y a continuación Los conceptos elementales del materialismo histórico (1969) de Marta Harnecker, un libro accesible, claro, conciso y preciso, prologado por el gran filósofo marxista Louis Althusser, un texto muy distinto a los libros soviéticos de esa época que dieron lugar a lo que lo que muchos llamamos “el marxismo manualero”. En efecto los manuales marxistas generaron una visión distorsionada, ideológica, de lo que es esta filosofía. Esto yo lo leí en un contexto histórico particular, cuando se daba la emergencia del “Eurocomunismo” y de una visión distinta del socialismo y el comunismo. Me dio mucho gusto que un joven brillante se interesara por estas temáticas que, estoy convencido, deben ser retomadas.
La filosofía de Marx ha sido mal comprendida, y en mucho tuvo que ver el estalinismo y la manera de ver las cosas en la Rusia soviética. Lenin conoció los textos de Marx vía Plejanov, y ahí empieza la distorsión, lo que en sociología llamamos “operaciones de traducción – no en el sentido lingüístico-”, además de la falta de acceso a muchos textos de Marx, que no fueron conocidos hasta muchos años después de la revolución bolchevique. Eso da sentido a la expresión de Rodney Arismendi, dirigente del Partido Comunista de Uruguay, quien afirmó que “en nuestras universidades el marxismo se enseña poco y se enseña mal”, y en mucho esa mala enseñanza se debe a la versión estalinista soviética que contaminó a todos los partidos comunistas del mundo.
Es muy importante tener clara la distinción entre materialismo dialéctico y materialismo histórico. El primero se refiere a una concepción filosófica que busca refutar la filosofía de Hegel y que tuvo su expresión más elaborada en la Dialéctica de la Naturaleza de Engels y el materialismo histórico de Marx, que pone su énfasis en los procesos de construcción de la historia. Aquí encontramos un ruptura epistemológica entre lo que se ha llamado “el Marx de la juventud” y “el Marx de la madurez”, donde hay una transición que reivindico siempre entre el pensamiento puramente filosófico –el de la juventud- y el que busca una orientación científica –el de la madurez. Hay un texto donde Marx cuestiona a Engels por su interés en llevar la dialéctica materialista al estudio de los fenómenos de la naturaleza, planteándole que lo fundamental es el entendimiento de los problemas de la sociedad por el camino de la historia. Una frase marxiana emblemática es que sólo hay una ciencia: la ciencia de la historia, dividida en dos: la historia de la naturaleza y la historia de la sociedad.
En el momento del siglo XIX en que escribió Marx, la biología no existía, pero sí la historia natural, que es a lo que él se refiere. Incluso cuando Darwin escribió El origen de las especies, Marx había escrito El Capital y se ha dicho que le propuso dedicarle su obra con el planteamiento: “usted ha explicado para la naturaleza lo que yo he explicado para la sociedad”. Darwin lo rechazó para no agregar más elementos al odio y animadversión que existían en su contra. He leído versiones que refutan este hecho, que sin embargo es mundialmente conocido y coincide con el ambiente intelectual de Inglaterra de esa época, cuando esas dos obras fundamentales en la historia del pensamiento fueron elaboradas y, efectivamente, la personalidad de Darwin, temeroso y dubitativo, coincide con el gesto de rechazar una mención que le causaría más problemas.
Independientemente de este detalle anecdótico, es de gran importancia revalorar la importancia del materialismo histórico como una visión decimonónica que marca la fundación de las ciencias sociales: la historia, la economía, la sociología y la politología.
En las tesis sobre Feuerbach, donde en la 11 dice: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, marca la ruptura con la filosofía y el acercamiento a una visión científica que es práctica y distinta a la especulación. Cuando me dicen que yo hago filosofía de la ciencia, digo que con eso ni a la esquina; lo que trabajo es historia y estudios sociales de la ciencia, que es algo muy distinto, y cuando hago esa afirmación siempre pienso en Marx.
En efecto, la filosofía de la ciencia causó graves distorsiones al entendimiento del proceso de la investigación científica, y de ahí la contraposición con la sociología de la ciencia, los estudios sociales de la ciencia y la historia de la ciencia, distinción que es indispensable entender. También es crucial comprender la necesidad de romper la gran partición entre sociedad y naturaleza, entre las ciencias naturales, mal llamadas “ciencias duras” y las ciencias sociales, apodadas como “ciencias blandas”. En realidad es necesario que seamos capaces de entender el mundo como una totalidad compleja, como algo integral, donde todo está en el escenario de un parlamento de las cosas, donde existen actores humanos y no humanos, y en entendimiento de ello es importante considerar la concepción materialista de la historia, lo que me trae a la mente un fragmento de El Capital, donde al referirse al fetichismo de la mercancía, nos dice que la mesa se levanta con sus patas y se pone a bailar.
Revalorar la concepción de la historia en Marx, el materialismo histórico, es algo muy pertinente en nuestros tiempos que requieren de reflexión. La caída del Muro de Berlín, con el ocaso del “socialismo realmente existente”, llevó a muchos a una desmoralización y a un abandono del pensamiento marxista. ¡Nada más erróneo! Por ello es necesario regresar a la lectura de sus textos y enriquecer nuestro pensamiento aunando a otros autores posteriores al siglo XIX y contemporáneos.
Ubú Rey no tuvo el problema de reflexionar acerca de estas cuestiones. Era feliz con el ejercicio de su poder omnímodo que finalmente perdió, como les ocurre a todos los tiranos, pero pensar en términos de democracia es distinto y para ello es fundamental comprender la historia y en esto el materialismo histórico sigue siendo útil.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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