Ismael Ledesma Mateos
Rosa Luxemburg, castellanizado como Rosa Luxemburgo, nació en Zamość, Zarato, Polonia, el 5 de marzo de 1871 y murió en Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919, hace cerca de cien años. Teórica marxista de origen polaco-judío, fue militante en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), el cual dejó en 1914 al oponerse a la participación de los socialdemócratas en la Primera Guerra Mundial, por considerarla un “conflicto entre imperialistas”. Integró, desde entonces, el grupo internacional que en 1916 se convirtió en la Liga Spartakus, un grupo marxista que será luego el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico La Bandera Roja, junto con su pareja, el filósofo alemán Karl Liebknecht. Sus libros más conocidos, y traducidos al castellano, son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La acumulación del capital (1913) y La revolución rusa (1918). La Colección 70 de Editorial Grijalbo editó en México varios de ellos a partir de 1967 y la Editorial Era publicó sus Obras escogidas en dos tomos, con el prólogo de uno de los intelectuales claves en la difusión, traducción y análisis de su obra: Bolívar Echeverría. El prologuista escribió en 1978: “A lo mejor, el discurso de Rosa Luxemburgo comienza apenas a ser verdaderamente escuchable dentro de las fuerzas revolucionarias: a tener la oportunidad de tomar cuerpo en la acción política de la clase proletaria.” Ella apoyó a la revolución bolchevique; no obstante, la criticaba y sostenía que la vía soviética no puede generalizarse a otros países, lo que le valió la animadversión de los estalinistas.
Participó en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, la cual fue aplastada por el ejército y la actuación de los freikorps o “cuerpos libres” (grupos de paramilitares reclutados por el gobierno entre los combatientes recién desmovilizados de la Primera Guerra Mundial), en colaboración con el sector mayoritario del partido socialdemócrata, entonces en el poder. A su término, cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por dichos grupos. Ella y Karl Liebknecht tienen un gran valor simbólico para el marxismo, especialmente en Alemania. Actualmente, un domingo a mediados de enero se celebra cada año en Berlín, el día de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, en recuerdo del asesinato de los dos dirigentes comunistas el 15 de enero de 1919.
Como ha escrito Luis Sánchez Navarro —experto en el tema—, no es de extrañarse que la imagen de la fundadora de la Liga Spartakus en Alemania aparezca en un mural de la Normal Rural de Tamazulapan, en Oaxaca, donde las combativas estudiantes de la escuela pintaron a la Rosa Roja en uno de los edificios. “Carteles con su rostro pueden verse pegados en universidades públicas de todo el país. Sus libros, escritos a comienzos del siglo XX, circulan y se leen en círculos de formación política como si hubieran sido elaborados hace unos años. Movimientos de mujeres ven en ella una fuente de inspiración. La fundación alemana que lleva su nombre apoya procesos organizativos alternativos, proyectos de fomento a lectura, espacios de debate y publicaciones, asociando a la autora de Huelga de masas, partido y sindicatos con prácticas emancipadoras dentro del país”.
“Rosa Luxemburgo llevaba el internacionalismo proletario en la sangre. Era cosmopolita. Hablaba con fluidez polaco, ruso, alemán, inglés, francés y yiddish. Intervenía directamente en política en su natal Polonia, en Rusia y Alemania. Debatía sobre lo sucedido en Bélgica y Francia, y sostenía que la fraternidad universal de los trabajadores era una única patria. ‘No existe socialismo —afirmaba— por fuera de la solidaridad internacional del proletariado, y no existe socialismo fuera de la lucha de clases. El proletariado socialista no puede, ni en tiempos de paz ni en tiempos de guerra, renunciar a la lucha de clases y a la solidaridad internacional sin cometer un suicidio’.”
“Hace casi cincuenta años se fundó en México la Liga Leninista Espartaco (LLE), parcialmente una especie de oxímoron político. En 1960-61, un grupo de intelectuales expulsados del Partido Comunista, encabezados por José Revueltas, Eduardo Lizalde, Jaime Labastida, Enrique González Rojo y Juan Garzón Bates se propusieron, en la mejor tradición bolchevique, ponerle cabeza al proletariado mexicano. La obra acerca de Rosa Luxemburgo comenzó a difundirse en México de manera masiva a partir de la década de los años setenta del siglo pasado. Editorial Era publicó en 1974 la acuciosa biografía de ella elaborada por Paul Nettl, y Editorial Fundamentos editó en 1976 el clásico Rosa Luxemburgo, pensamiento y acción, del militante comunista (expulsado del partido) Paul Frölich. En 1971 aparecieron los libros de Hanna Arendt: Rosa Luxemburgo 1871-1919, y el de Edward H. Carr, Rosa Roja, parte de 1917, antes y después”.
En la década de los setenta el Partido Comunista Mexicano tenía el control de la Universidad Autónoma de Puebla y el pensamiento marxista en sus diferentes vertientes era imperante en ella. Había leninistas ortodoxos, estalinistas, muchos camaradas formados en el marxismo de los manuales soviéticos (el marxismo manualero), trotskistas, maoístas, también eurocomunistas y, por supuesto, a los que llamaban luxemburguistas; era un verdadero crisol del pensamiento de izquierda. Yo siempre busqué alejarme del dogmatismo, lo que me valió que un profesor de la Preparatoria Diurna Benito Juárez, donde yo estudiaba, absolutamente prosoviético, me dijera que yo era un “trotskista, luxemburguista, pequeñoburgués y francotirador”. Evidentemente, yo me moría de la risa y pensé hasta dónde puede llegar la cerrazón y la carencia de una mentalidad plural, componentes de una izquierda fragmentada basada en una premisa: “somos pocos pero sectarios”. Y esto no es un fenómeno privativo de México sino mundial.
En este centenario, debemos recordar el brutal asesinato donde tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht, capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, fueron asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue derribada a culatazos por un soldado, luego recibió un disparo en la cabeza por parte del teniente y su cuerpo fue lanzado al Landwehr Canal en Berlín. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados y los comités que lo integraban suprimidos.
Rosa Luxemburgo nació en una Polonia que no era un reino de fantasía, como el del Padre Ubú, aunque también tenía un gobierno represor del cual ella tuvo que huir por el hecho de ser judía, hacia una Alemania que buscó llevar a la revolución y cuyo partido comunista fundó, hecho que le costó la vida.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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