Ismael Ledesma Mateos
La palabra rito se deriva del latín ritus y hace referencia a una costumbre o ceremonia que se repite de forma invariable de acuerdo a un conjunto de normas ya establecidas. Los ritos implican una serie de acciones realizadas por su valor simbólico y se encuentran íntimamente ligados con un mito, y corresponden a una ideología, religión, concepción política o costumbre. La celebración de los ritos se denomina ritual, existiendo diversos tipos de ellos, siendo el más antiguo el ritual funerario, que se considera un indicio del proceso de humanización en la evolución de Homo sapiens.
La transformación de los Australopithecus en Homo, hasta llegar a la especie sapiens, constituye el proceso de “hominización”, en tanto que la adquisición de los atributos que implican lo específicamente humano se entiende como la “humanización”, donde un elemento crucial es el reconocimiento de la muerte, que significa una toma de conciencia de que la vida llega a su fin, hecho que aparece representado en pinturas rupestres. Otra actividad distintiva de lo humano, aunque ya más elaborada, es la política, en donde aparecen los rituales y los ritos en toda su magnificencia. De ahí que Max Weber afirmara que “el poder es la conjunción del rito y del mito”, siendo determinante en el mantenimiento de la hegemonía en un sistema político particular.
También en la vida cotidiana nos encontramos rituales, tales como son las ceremonias de bautizo, matrimonio o sepelio, primera comunión, festejos de cumpleaños (como las muy mexicanas y cursis fiestas de XV años), fiestas de graduación escolar y las celebraciones académicas, como egreso de los diferentes niveles escolares, exámenes profesionales, exámenes de posgrado y los festejos consecutivos a ello.
La literatura, la mitología y la historia de las religiones y de la política están plagadas de ejemplos memorables acerca de rituales, que hacen que pasen por mi mente las bodas de Tetis y Peleo, a las que asistieron todos los dioses inmortales griegos, que tuvieron como consecuencia la guerra de Troya; las bodas de Caná en la Biblia, donde Jesucristo convirtió el agua en vino, o la coronación de Napoleón Bonaparte en 1804 en Notre Dame.
Incluso entre la delincuencia tenemos ritos y rituales, donde, por ejemplo, el cártel llamado de los Caballeros Templarios utiliza réplicas de espadas medievales en la ceremonia de admisión de sus nuevos integrantes. Tales rituales involucran “ritos de iniciación” y “ritos de paso”, que conforman tradiciones que son signos de identidad de un determinado grupo humano, que le dan cohesión y unidad y que forman parte de un sistema de valores compartidos que los caracterizan.
En el ámbito académico estos rituales se han preservado por muchos años y forman parte de lo que se llama el “currículum oculto” de una institución, que en ocasiones se modifican o desaparecen como consecuencia de los efectos de moda.
Un ritual común en el ambiente académico es la realización de un brindis, conocido como “vino de honor”, que se realiza al término de la presentación de un libro o en la inauguración o clausura de un coloquio o congreso o algún evento especial, como la sesión solemne de ingreso de un nuevo miembro a una Academia o Sociedad científica. En la presentación de libros en la UNAM siempre hubo vino de honor; sin embargo, meses después de una disposición del rector Juan Ramón de la Fuente, se prohibió la realización de este ritual en toda esa institución, lo que parece un prurito exacerbado en contra de las bebidas alcohólicas, cuando en muchas universidades del mundo incluso existen bares en el interior de las escuelas y facultades, comúnmente cerca de la biblioteca, que representaría el otro espacio de reunión de los miembros de la comunidad.
Esos brindis implican una forma de “comunión” que enlaza y hermana a sus integrantes, aunque en ocasiones pareciera un ritual anquilosado para aquellos que no bebemos vino (recuerdo una ocasión en la que el Dr. Raúl Ondarza me dijo: “Pero, ¿por qué no sirven otras cosas? Sería bueno que hubiera whisky de honor o tequila de honor”, lo cual ocurre pocas veces, pues la tradición del vino se respeta). Se trata de un ritual que busca favorecer la comunicación, el intercambio de puntos de vista o preguntas entre colegas o alumnos y maestros, siendo parte de la vida académica y no una simple “fiesta” o un vulgar “chupe”.
Se trata de un espacio para platicar, para el despliegue de ideas y reflexiones, incluso para la crítica y el cuestionamiento, por ello no es usual que exista música estridente que impida la tranquilidad requerida para la convivencia. No obstante, si la prohibición de los brindis es un exceso, otro extremo es desvirtuar el evento con música que no tiene lugar en instituciones académicas. Tal como escribí en Ubú el 17 de febrero pasado, existen “fenómenos socioculturales aberrantes”, como la llamada “banda”, cuya generalización no debemos favorecer y mucho menos en instituciones académicas. Como una fundamentación teórica de este planteamiento, en el siguiente Ubú (12 de marzo) abordé el problema de la “sociología del gusto de acuerdo con el libro de Pierre Bourdieu La distinción”, que da cuenta de este fenómeno social que implica su estratificación social, sus variantes y su correspondencia con clases sociales y temporalidad histórica.
En este orden de ideas, las coordinaciones académicas de las instituciones no deben ser tolerantes y no deben permitir la perversión de los rituales que constituyen tradiciones que deben ser preservadas. El Padre Ubú sería proclive a la desaparición de ritos congruentes con la actitud pensante que permitan la imposición de sus acciones autoritarias, dando “pan y circo” a los portadores de mentes simples, que a cambio de diversión barata dejan de ver las amenazas a la inteligencia y al bienestar social.
Los simplistas llamarán autoritarios y despóticos a quienes, pensando en su obligación de llevar las cosas con criterio y rigor, evitan que ocurran los excesos, tal como la prohibición de reuniones de celebración o convertirlas en algo similar a un “palenque”. La obligación de los que tienen a su cargo la formación académica es vigilar no sólo la calidad de la enseñanza, sino la existencia de espacios y condiciones de trabajo idóneos, que permitan el crecimiento intelectual, en un régimen de libertad, crítica y reflexión. El verdadero autoritarismo es el de Ubú, que busca la dominación de todos los hombres en un marco de estupidez… Pero, por su torpeza, no podrá lograrlo… O eso espero.









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