Ismael Ledesma Mateos
A Ubú Rey la educación no le importaba, pero resulta horrendo y aberrante que en pleno siglo XXI al gobierno mexicano tampoco le importe en lo absoluto y que se utilice como parapeto de maniobras políticas de la más baja ralea, como la promoción de un candidato y la cortina de humo para la justificación de supuestas reformas adversas a la nación.
Yo pasé buena parte de mi infancia y adolescencia en dos ámbitos: el jurídico, pues estaba mucho tiempo con mi tío Miguel en la notaria de su padre y luego en su despacho; y con mi tía Lulú, en el de la escuela, tanto en la primaria nocturna Justo Sierra como en la secundaria técnica particular Calmecac, lo que siempre tenga interés por los aspectos educativos. A los 16 años empecé a trabajar en la docencia y comencé a dar clase de sexto año de primaria, en la misma nocturna donde estudié (supliendo a la maestra Rosita, una bella mujer, muy joven, que desgraciadamente ya falleció) y me tocó precisamente el momento en el que el presidente Luis Echeverría Álvarez instrumentó una verdadera reforma educativa, a cargo del secretario de Educación Pública, el ingeniero Víctor Bravo Ahuja (quien fue el primer rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey), egresado de la ESIME del IPN como ingeniero aeronáutico, del Tecnológico de California, de la Universidad de Michigan y posgraduado en Ciencias Sociales por la Universidad de Caen en Francia.
Esa reforma educativa implicó un cambio radical en los planes y programas de estudios y la reescritura de los libro de texto gratuitos, que de por sí eran magníficos, creados por decreto del presidente Adolfo López Mateos (una más de sus grandes contribuciones al país), pero que para la década de los setenta requerían una adecuación a las condiciones del mundo de esa época. Con esa reforma educativa yo tuve la oportunidad de iniciarme en la enseñanza, siendo aún alumno de la Preparatoria Diurna Benito Juárez de la UAP y utilizar esos libros que fueron elaborados por los departamentos de Investigaciones Educativas y de Matemática Educativa del CINVESTAV, fundados por el microbiólogo Juan Manuel Gutiérrez Vázquez y el matemático Carlos Imáz Jahnke, respectivamente.
Esos libros tenían avances notables. Por ejemplo, en matemáticas llegaban mucho más allá de la “aritmética y geometría” de los programas anteriores e introducían menciones elementales de probabilidad y estadística; y mi favorito, el de Ciencias Naturales (el cual coordinó Gutiérrez Vázquez), que incluía la teoría de la evolución y educación sexual. Esos textos generaron una enorme controversia y ataques de los sectores más conservadores y derechistas del país. Como desde la secundaria tomé la postura evolucionista, me fascinó poder enseñar en sexto año de primaria la teoría de la evolución y como alguien que había decidido ser biólogo, me encantó también poder dar clases de educación sexual.
Esa reforma educativa revolucionó en realidad la educación básica de nuestro país, y en ella participaron grandes sabios, científicos e intelectuales, nada que ver con la burla que el actual gobierno pregona como uno de sus grandes logros. Como en su momento lo dijo a finales del año pasado el rector de la UNAM, Enrique Graue, eso de ninguna manera es una reforma educativa sino una reforma laboral. Una farsa instrumentada para dar una imagen de cambios que no es congruente con la realidad, pues ante su mediocridad e incapacidad política el gobierno de Enrique Peña Nieto buscó mostrarse como un impulsor de reformas, las llamadas estructurales, que en realidad son parte del programa neoliberal impulsado por Carlos Salinas de Gortari, mismas que los gobiernos panistas trataron de instrumentar pero no pudieron por la oposición del mismo PRI, que esperó a estar en el poder para ponerlas en marcha.
Para adornar sus supuestas reformas, que en realidad se encaminan a hundir la economía nacional, trataron de ser maquilladas con una llamada “reforma educativa”, que de ninguna manera lo es. Efectivamente, el sistema educativo nacional tiene graves problemas en todos sus niveles, pero su solución requiere acciones basadas en la reflexión seria y rigurosa acerca de sus condiciones reales, con evaluaciones justas y coherentes, no como las que se pretende aplicar, que son tan sólo una expresión demagógica para justificar una política laboral represiva y autoritaria, que busca mermar un engendro del propio sistema priista, que creó a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.
Estoy convencido de que la CNTE fue una creación de Elba Ester Gordillo para originar confrontaciones donde no debería aparecer involucrado el SNTE, lo que se llama un “reservorio de conflicto”, pero que normalmente produce escenarios que salen de control, como en la película El aprendiz de brujo, donde al invocar fuerzas que no se dominan, todo queda desquiciado. Recuerdo cuando tenía que ir a las oficinas de la SEP en el bello edificio de la calle de Argentina, cuyo frontispicio se encuentra resguardado por Minerva, la diosa de la sabiduría, y tenía que caminar agachado debido al obstáculo de los toldos de los plantones del magisterio, los cuales tenían evidentemente como objetivo oculto (planeado por Salinas) entorpecer la gestión del secretario Manuel Bartlett Díaz.
Pero ahora, 27 años después, nos encontramos en un contexto extremadamente complicado, ante un gobierno incapaz de plantear iniciativas coherentes, que puso la SEP en manos de un individuo autoritario y déspota, quien es incapaz de controlar ese engendro que está fuera de sus manos (aunque quizás esté en las de Osorio Chong), sosteniendo con una terquedad inaceptable la llamada “reforma educativa” y su supuesto “nuevo modelo educativo”, que de nuevo no tiene nada, pues está plagado de lugares comunes y de planteamientos que en todo momento se encontraban ya contemplados en nuestro sistema educativo.
Carente de un sustento teórico, epistemológico, psicológico, didáctico y pedagógico, el modelo que pretenden instrumentar no tiene valor alguno y el secretario encargado de dirigir no conoce nada de lo que tiene a su cargo, pues es alguien sin trayectoria en el ámbito de la educación, que ni siquiera había dirigido un kindergarten y que a todas luces tiene la pretensión de ser el candidato del PRI a la presidencia de la república, lo cual complica más la situación, pues entra en clara competencia con el secretario de Gobernación, Osorio Chong, que se muestra como un verdadero negociador para dar salida al conflicto con la CNTE, aprovechando la situación para recuperar su candidatura
Una imagen que da cuenta de manera extrema de esta situación fue la presentación del llamado “nuevo modelo educativo”, primero a las autoridades del ramo, tal como los rectores de las universidades del país, y para colmo, días después ante los gobernadores de todos los estados, en algo que evidentemente pareciera un acto de campaña. Un modelo que de nuevo no tiene nada y una reforma educativa que en realidad no lo es.
Si Minerva (Atenea), una diosa armada con una lanza, nacida de la cabeza de su padre Júpiter (Zeus), que era además de sabia violenta y belicosa, pudiera dejar de ser una estatua, bajaría de la fachada de la SEP y acabaría con la burocracia que pretende humillarla y ofenderla.
El Padre Ubú estaría muy satisfecho con la conducta abyecta del gobierno mexicano, pero no debemos olvidar que el curso de la historia puso las cosas en su sitio y fue derrocado por el verdadero heredero del poder. Espero que en México, en un futuro no lejano pase lo mismo y retomemos la senda de la conciencia en los gobiernos.









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