Ismael Ledesma Mateos
La ventaja de Ubú Rey es su personalidad elemental. ¡Entre más rebuscados, más sufrimos! Ésa es la neta. Ahora, en pleno siglo XXI resulta sorprendente que sigamos siendo tan simples, aunque seamos rebuscados. ¡Paradojas de la existencia! Siglos después de la Edad Media, seguimos sufriendo las consecuencias de las “guerras santas”. ¿Para dónde vamos? Isaac Asimov, en su novela Los propios dioses (1972), afirma: “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”, frase tomada de Friedrich Schiller. Y realmente los humanos somos estúpidos.
Resulta sorprendente que ahora vivamos ante el discurso del miedo al terrorismo. Uno hubiera pensado en los años sesenta que el mundo del siglo XXI sería como las películas de “ciencia ficción”, o como era en los dibujos animados de Los supersónicos, pero en los años posteriores al 2000 estamos casi como en el año 1000, y aquí resulta impactante cómo sociedades que consideramos civilizadas y avanzadas, vivan en condiciones de lo más elemental, retomando valores primitivos, sumidas en el racismo y la xenofobia y cobijando en sus entrañas el odio.
Luego de los atentados de París, en mi Ubú del 27 de noviembre escribí: “Pero algo que debe aterrorizarnos es que bajo la bandera de la guerra contra el terrorismo se exacerbe la fragmentación de la sociedad y se discrimine o se ataque a inmigrantes o integrantes de otras etnias o estratos socioculturales. “A mi mente viene entonces el filme La haine (El odio) (1995), dirigido por Mathieu Kassovitz, que narra un día en la vida de tres jóvenes que viven en la marginalidad (un judío, un marroquí y un negro). Al día siguiente de la salvaje golpiza que la policía propina al marroquí Abdel Ichaha durante un motín en un suburbio de París, La Banlieue, como se conoce al círculo que rodea a la ‘ciudad luz’, que da cuenta de la segregación, el desempleo y la violencia a la que se ven sometidos en una cruda realidad que los llena de ira y tensión vivencial. Se trata de algo que la Francia colonial dejó como legado en Europa y que se vuelve una realidad propia de ese país donde aproximadamente cinco millones de inmigrantes viven en la Francia metropolitana, lo que supone un 8% de su población.
”El filme termina diciendo: ‘C’est l’histoire d’une societé qui tombe et qui au fur et à mesure de sa chute se répète sans cesse pour se rasurer: ‘jusqu’ici tout va bien, jusqu’ici tout va bien. L’important c’est pas la chute, c’est l’aterrissage’” (Es la historia de una sociedad que se derrumba; mientras va cayendo repite sin cesar para tranquilizarse: ‘hasta aquí todo va bien, hasta aquí todo va bien. Lo importante no es la caída sino el aterrizaje’.
”Este escenario desgraciadamente se generalizará en Francia, y aunque el Padre Ubú sea un inmigrante, no lo comprenderá.”
Hoy nos encontramos ante eso, y es horrible.
En 1994, cuando ocurrió el asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, sentí el temor de la descomposición política del país. Hoy, en el 2015, nos encontramos ante un país sumido en el absurdo donde todos subsistimos, pues como hubiera dicho Federico Fellini: “Y la nave va….” o como en el filme que mencione: “jusqu’ici tout va bien, jusqu’ici tout va bien”. Lo importante, lo crucial, es que en el seno de la vida más plena sólo habrá que sobrevivir.
¿Cómo estas uey? Pos aquí sobreviviendo. ¡Ésa es la respuesta!
Pero ¿y el odio? Ése se acumula, está presente y latente. La gente es mayoritariamente estúpida, no entiende y eso lo podemos ver en las votaciones, tal como pasó recientemente en Argentina y aún más en Venezuela. Y lo que pasa ahora en Francia da idea de un panorama nada alentador. El ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, aseguró que ha tomado medidas legales para cerrar las mezquitas en las que hay personas que propagan el odio, dos días después de los atentados en París.
“No he esperado a que se decrete el estado de emergencia para combatir a los predicadores del odio, pero con el estado de emergencia podremos ir más rápido”, aseguró Cazeneuve en respuesta a quienes acusan al Ejecutivo de no hacer lo suficiente para combatir el terrorismo. El ministro del Interior aseguró que el Gobierno siempre ha alertado de la elevada amenaza que pesaba sobre Francia y que por ello han dedicado más efectivos a la lucha contra el terrorismo y se han adoptado nuevos dispositivos legales para combatirlo.
Recordó que hay 34 procedimientos de expulsión de imanes y se comprometió a “ir más lejos” si fuera preciso. Pese a todas estas medidas, Cazeneuve aseguró que “el riesgo cero no existe sean las que sean las precauciones que se adopten”. ¿Guerra santa?
En un país caracterizado por la tolerancia, pluriétnico y multicultural, está emergiendo la intolerancia.
El odio (la haine) está presente, y significa la presencia de El huevo de la serpiente, tal como nos muestra el magnífico filme de Igmar Bergman, al que Gloria Benito se refiere escribiendo que: “Intercalada entre las líneas de crédito que presentan la película encontramos una imagen inquietante, que aparecerá ligeramente modificada al final de la narración, donde cobrará un alto contenido simbólico respecto al sentido del título y el significado global del filme. Se trata de un plano en blanco y negro tomado desde una perspectiva superior en suave picado, de un grupo de personas que se mueven a cámara lenta inclinadas por un ligero balanceo, agobiadas por una cierta indolencia y un cansancio infinito… Sugieren el agotamiento de una sociedad oprimida y anestesiada por el desánimo que les roba las fuerzas y la energía necesarias para levantar la cabeza y salir del grupo o empujarlo hacia delante, hacia cualquier objetivo. Esta sociedad sin rumbo ni esperanza sirve de marco en que se desarrolla la historia de unos personajes que parecen no poder escapar a un destino terrible, cuyo germen se gesta en los años veinte en el Berlín de la República de Weimar.”
El odio está latente e implica eso que podemos simbolizar como “el huevo de la serpiente”. Algo feo, monstruoso, latente, presente como “la carcoma” —otro filme de Bergman—, que es un “cuidado grave y continuo que mortifica y consume” —como dice el diccionario—. Y eso nos seguirá carcomiendo.
La ultraderecha francesa ha tomado la bandera de los atentados para fortalecer su posición de odio. Los inmigrantes son la causa. Y la débil mentalidad de la mayoría de la población les dará credibilidad. Indudablemente, el huevo de la serpiente se está incubando en un siglo XXI absolutamente alejado del ideal de la modernidad y de la civilización. “¡Pinche modernidad!, ¡pinche civilización!”, diría Filiberto García, el personaje de El complot mongol.
¡Pinches musulmanes! Y ¡pinche Le Pen!, podría decirse en Francia, donde el hecho real es que la intolerancia está ya presente.
Y mientras, el imperialismo yanqui acomoda el escenario para enseñorearse del mundo que dice proteger y que busca controlar. Éste es nuestro mundo, en 2015. Si en el siglo pasado hubiéramos pensado en “volver al futuro”, resulta que éste no sería nada halagador.
Ante tal escenario, el Padre Ubú quedaría absolutamente desconcertado.









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