Ismael Ledesma Mateos
Según el Diccionario de la Real Academia Española carcoma es el nombre que se aplica a diversas especies de insectos coleópteros, muy pequeños y de color oscuro, cuyas larvas roen y taladran la madera produciendo a veces un ruido perceptible. También se le llama así al polvo que produce este insecto después de digerir la madera que ha roído, pero aplica a un “cuidado grave y continuo que mortifica y consume al que lo tiene”, que es el significado en el que pienso.
La carcoma es el nombre del guión de una película escrito por Ingmar Bergman en 1971 que me causa un especial significado y me produce evocaciones. En los años setenta, a la vuelta de mi casa, se construyó un edificio y escuchaba el ruido de la construcción. En el año 2000, cuando vivía en París enfrente de mi habitación se construía un edificio y escuchaba ese ruido, y ahora en mi nuevo departamento se está construyendo enfrente un edificio, y sigo escuchando ese ruido al despertar. En esa película un arqueólogo trabaja en una excavación, en la que encuentra la escultura de una virgen en madera, que es comida por esa plaga y esos sonidos me evocan esa historia, que implica también cómo te carcome el amor tortuoso por una bella mujer y que genera ese “cuidado grave y continuo que mortifica y consume”, que es el sentido de la película de Bergman.
El Padre Ubú no leía guiones de cine, ni vería películas como ésa: era un ser elemental, cuyo motivo de vivir era tener el poder sin otro sentido que ser “el señor de las phinanzas”, y una historia como la que narra Bergman le parecería extraña y absurda. Pero, efectivamente, el enamoramiento y el amor son eso: extraños y absurdos, como somos los seres vivos; según Jacques Monod: ¡extraños objetos!
Bergman escribe: “Sobre la película me limitaré a decir lo siguiente: sus colores son cálidos. Los tonos son muy claros; intimidad, ternura y algo de melancolía. Ulteriores explicaciones serían ridículas. Las películas son como los seres humanos: o gustan o no gustan o inspiran indiferencia. En este caso particular espero y deseo que guste.”
Su nombre original es Beröringen (o en inglés The Touch), pero pienso que el título en castellano es más apropiado y refleja la esencia del relato. Un enamoramiento fulminante y desgarrador. Y como se dice en “Filmaffinity” es un drama sobre las relaciones conyugales, en el que el matrimonio de Karin (Bibi Andersson) y Andreas (Max von Sydow) es satisfactorio, pero carece de estímulos. Quizá por eso, cuando Karin conoce a David (Elliot Gould), un arqueólogo cuya vida transcurre entre viajes y aventuras, empieza a albergar sentimientos contradictorios. Fue la primera película en inglés del maestro Ingmar Bergman.
Para todos aquellos que se enamoran muy fácilmente y apasionadamente —diría Ángeles Mastretta como todas las mujeres inteligentes, como una pendeja, y agregaría yo como todas las gentes inteligentes, como unos pendejos— La carcoma es una película indispensable de ver. Es complicada, como todas las realizadas por Bergman, que nacido en un lugar oscuro y frío como es Upsala, Suecia, refleja una manera de ver el mundo como consecuencia de su formación infantil reprimida, como hijo de un pastor luterano. Él escribió en sus memorias: “Casi toda nuestra educación estuvo basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos, y con Dios… Los castigos eran algo completamente natural, algo que jamás se cuestionaba. A veces eran rápidos y sencillos como bofetadas y azotes en el trasero, pero también podían adoptar formas muy sofisticadas, perfeccionadas a lo largo de generaciones.”
Por ello muchas de sus obras están inspiradas en esos temores y relaciones violentas. El ritual del castigo y otras anécdotas de su infancia aparecen escenificados en una de sus más reconocidas películas, Fanny y Alexander, donde Alexander es un niño de diez años que es, en realidad, el pequeño Ingmar.
La atmósfera de subjetividad presente en todas las obras de Bergman es inigualable, y aquí conmigo tengo un viejo libro suyo titulado Un guión y cuatro historias, donde están Sonata de Otoño, La carcoma, Gritos y susurros, La hora del lobo y La pasión de Ana. En todas esas obras se deja ver esa sensibilidad oblicua y recalentada, que viene bien para el pensamiento existencialista y el psicoanálisis.
Recuerdo la primera vez que vi una película suya, en la sala Karl Marx de la Escuela de Filosofía y Letras de la UAP, cuando era el director Alfonso Vélez Pliego, y luego un ciclo en la Casa de la Cultura, donde también vi películas de Woody Allen, evidentemente influido por Bergman.
En verdad, “la carcoma” carcome, como un comején, y en la escena donde el arqueólogo David le muestra a Karin la virgen carcomida, llena de insectos por dentro, es magistral la idea sobre la manera de cómo él se encuentra en su interior carcomido por su amor por ella. El coraje, el enojo, incluso la violencia se hacen presentes dando idea del significado de la pasión.
El cine de este autor es pleno de claroscuros y es importante para reflexionar acerca del inconsciente y de las pulsiones que mueven al hombre. Y cuando escucho los martillazos de construcción, de inmediato pienso en mis propias pulsiones y recuero a La carcoma. Y si estuviera en el diván, aquí tocaría la “escansión”. ¡Vamos a interrumpir aquí!
Ubú Rey, claro que no entendería nada de esto ¡tan espeso!









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