Ismael Ledesma Mateos
Es muy lamentable, y en lo personal triste, haber leído el desplegado donde un grupo de intelectuales mexicanos propone la creación de un bloque formado por una amplia alianza ciudadana y partidos de oposición, que funcione como un contrapeso al gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador y que, a través del voto popular, “se restablezca el verdadero rostro de la pluralidad” ciudadana en las próximas elecciones.
En lo personal me irrita, pues firman personajes de gran valor, como mi gran amigo el biólogo Antonio Lazcano Araujo, uno de los más trascendentales científicos mexicanos, o Roger Bartra, al que comencé a leer de muy joven cuando él, como yo, militábamos en el Partido Comunista Mexicano –claro, él ya era un gran investigador y, como parte del PCM, realizó una publicación extraordinaria que fue El Machete, en los años ochenta–, o Enrique Krauze, a quien he citado en varios de mis libros y respeto y admiro como historiador, aunque, como se lo dije en un evento del Colegio Nacional, no coincido con su posición política, la que no entiendo conociendo su trayectoria como investigador en historia.
El documento, titulado “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia”, fue publicado en el diario Reforma, donde aseguraron que a 20 meses del inicio del gobierno de López Obrador se vive un clima de “asfixia del pluralismo de la representación, en aras de someter al Poder Legislativo a los dictados del Ejecutivo”.
Ellos sostienen que López Obrador ha ido concentrando en sus manos el poder del gobierno en detrimento de los demás poderes del Estado y de las entidades de la Federación y “Al hacerlo ha destruido o deteriorado la administración pública y las instituciones constitucionales. Invocando una supuesta cuarta transformación menoscaba las capacidades del gobierno, toma decisiones unipersonales, polariza a la sociedad en bandos artificiales, desacredita la autoridad de los órganos especializados como el INE y ataca toda forma de expresión que no se identifique con su visión política”. Además, señalaron que el manejo de la pandemia de COVID-19 ha sido “suicida”, toda vez que ha rechazado un acuerdo nacional para reactivar la economía y salvar cientos de miles de empleos. “En su lugar, se ha utilizado la pandemia para acelerar la demolición del Estado y el control del poder”.
Leyendo lo anterior, vemos que se trata de enunciados claramente ideológicos que revelan una posición derechista, que se enmarca en lo que se ha llamado la estrategia de “golpe blando” y, en consecuencia, los 30 firmantes –entre los que destacan Héctor Aguilar Camín, Roger Bartra, Enrique Krauze, Soledad Loeza, María Baranda, Ángeles Mastretta, Jean Meyer, Ricardo Pascoe, Enrique Serna, José Woldenberg, Antonio Lazcano Araujo, Francisco Valdez Ugalde y Guillermo Sheridan– prosiguen: “De continuar por este camino, el presidente y la coalición que lo apoya harán retroceder los avances democráticos que consumieron años de lucha a la sociedad mexicana para salir de un sistema autoritario y establecer la democracia”. Yo me pregunto: ¿cuál democracia, la de Fox, la de Calderón, la de Peña Nieto. El democrático PAN o el democrático PRI?
Luego dijeron que “es imperativo corregir el rumbo y recuperar el pluralismo político y el equilibrio de poderes que caracterizan a la democracia constitucional”, y acusaron que Morena construyó una mayoría mediante “la compra de representantes electos de otros partidos”, teniendo en consecuencia “la asfixia del pluralismo de la representación en aras de somete el Poder Legislativo a los dictados del Ejecutivo”.
En respuesta, escritores, académicos y periodistas identificados con López Obrador, tales como Paco Ignacio Taibo II, Víctor Flores Olea y Enrique Semo, publicaron días después un desplegado en el que responden al documento mencionado con anterioridad.
Esta réplica está suscrita por los caricaturistas Rafael Barajas Durán y Antonio Helguera, los académicos Armando Bartra, Enrique Dussel, Elvira Concheiro, John Saxe-Fernández y por el periodista Pedro Miguel, entre otros. El desplegado cita pasajes del texto suscrito por “treinta personajes afines al viejo régimen” para refutarlos, entre ellos el de que “Morena y sus aliados lograron que una minoría de votos se convirtiera en una mayoría de escaños en el Congreso”. Esta afirmación, señalan, es mentirosa.
Ellos dicen que las acusaciones planteadas “buscan presentar a López Obrador como un dictador y también faltan a la verdad”, y argumentan que “el Ejecutivo Federal se ha comportado con apego a la institucionalidad ante el Legislativo y el Judicial”. También exponen que “otra de las mentiras destacables del desplegado” es que “el manejo de la crisis sanitaria de la covid-19 se ha caracterizado por una política de austeridad suicida y por su rechazo a un acuerdo nacional para reactivar la economía y salvar cientos de miles de empleos”.
Hablando como si fueran infectólogos o inmunólogos, critican la estrategia ante una pandemia que es mundial y no reparan en la ruina en la que el gobierno de la 4T recibió el sistema de salud, con hospitales desmantelados y carencia de insumos. Como sostienen los firmantes, se trata de “alegatos de quienes son expertos en torcer argumentos para presentarse como demócratas y, en el fondo, para justificar prebendas, ‘moches’, fraudes y robos”. En ese contexto, señalan que “la pobreza de sus acusaciones y su carencia de fundamentos revela que sus verdaderas pretensiones no tienen nada que ver con la democracia sino con el intento de recuperar los privilegios que perdieron”. Aseguran que algunos de los que hoy se presentan “como adalides de la democracia fueron en su momento cómplices del robo de la Presidencia perpetrado por el PRI en 1988 en perjuicio de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y que 13 de 30 los firmantes del desplegado actual lo fueron también de un posicionamiento político difundido en 2006 que buscaba legitimar el fraude cometido ese año para despojar del triunfo electoral al actual presidente de México”.
Con todo, concluyen, “hay que agradecerles haber mostrado, una vez más, que la lucha por la democracia es asunto que favorece a los trabajadores de la ciudad y el campo y no a las élites, por muy ilustradas que se crean. No nos engañan; la democracia plena es y seguirá siendo bandera de las izquierdas”.
Bien puede uno preguntarse si los 30 firmantes del documento golpista en contra de López Obrador se comportan como intelectuales o más bien como comentócrtatas derechistas que expresan un resentimiento contra un nuevo régimen que no los consiente ni apapacha y busca la transformación de México. Se trata de un escenario de lucha ideológica obscena, que en nada beneficia a la nación; y bueno, junto a este componente está el de intereses creados ligados a grupos de interés que buscan desestabilizar al país.
No es extraño que intelectuales y científicos se hayan acostumbrado a comportarse como cortesanos de un poder que ya se fue, y por ello cuestionen con vehemencia a un nuevo gobierno que está buscando nuevos equilibrios. Yo veo la conferencia matutina del Presidente todos los días y mi conclusión es que los avances son notables, además de contar con un gabinete de sólida formación académica, con muchos funcionarios con posgrado y estudios en el extranjero. En días pasados, en la “mañanera” se pudo ver un acto de gran importancia: la firma de un acuerdo entre el Presidente del Consejo Coordinador Empresarial (Carlos Salazar Lomelín), el Dirigente de la CTM (Carlos Aceves del Olmo), los representantes del poder legislativo (el diputado Mario Delgado Carrillo y el senador Ricardo Monreal) y el gobierno federal con la SHCP (dirigida por Arturo Herrera) y el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador, con la finalidad de lograr un incremento en el monto de las pensiones para conseguir un retiro digno para los trabajadores. Esto es, sin duda, una muestra de pluralidad e inclusión para el avance democrático del país.
Comete un error el Presidente al llamar a los firmantes del desplegado golpista “intelectuales orgánicos” –término utilizado y difundido por Antonio Gramsci–. Sí lo fueron, pero en los regímenes del PRI y del PAN; pero ahora más bien serían “intelectuales orgánicos burgueses”, intelectuales tradicionalistas que fueron útiles para el periodo neoliberal, pero alejados del poder. Sólo tienen un ámbito de acción: “la comentocracia”. No pueden incidir en la toma de decisiones del poder y, creo, eso es lo que más les duele.
El Padre Ubú estuvo alejado de todo debate de esta clase. En su reino no había prensa ni libre discusión de las ideas. La actual democracia mexicana, alejada de ese reino autoritario –e imaginario– de Ubú, permite los ataques arteros, que van más allá del límite de lo tolerable; sin embargo eso es algo benéfico para el país, pues, por ejemplo en este caso, permitió que mostraran su casta neoliberal. Sin duda no serán reprimidos, como ocurriría en otros regímenes, y por ello abusan.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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