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Ideología y confusión

· agosto 11, 2016

 

Ismael Ledesma Mateos

 

Ubú era un rey —un usurpador— que tenía como ideología “Ser el señor de las Phinanzas” y mantenerse en el poder. Eso no eran ideas ni posiciones políticas, sino visiones distorsionadas, como las que se dan en muchos autócratas, autoritarios y déspotas, lo que es ideología en sí…

En días pasados vi en televisión el programa Es la hora de opinar, conducido por Javier Tello Díaz —con la ausencia de Leo Zuckermann, quien es su titular junto con él—, donde se abordó el tema de “la ideología”, entrevistando a quienes llamaron “jóvenes políticos”. Inició el programa con la pregunta: “¿Qué tan relevante es la ideología?”, donde la cuestión se reducía al posicionamiento de “izquierdas y derechas” y a una visión partidista de las cosas.

Al escuchar a los invitados al panel, dos claramente de derechas y los otros dos claramente de izquierdas, no dejó de llamarme la atención la evidente confusión que existía en sus discursos, en los cuales se dejaba ver la idea incorrecta de que ideología son “las ideas políticas que presentan los integrantes de una sociedad”; una reducción torpe. Se trata de un término que se utiliza de manera cotidiana, con una distorsión impresionante, y una muestra de ello fueron las propias intervenciones que dejaban “pura ideología”, en el sentido peyorativo que se le da a la palabra, que en un uso común de ella se toma como las ideas políticas de una persona, lo que es del todo incorrecto.

La ideología es una categoría filosófica compleja, que implica la no concordancia de un pensamiento o sus productos con la realidad e implica algo opuesto a la verdad. Su estudio es por demás importante para la filosofía y las ciencias sociales, y atañe a todos los aspectos de la acción humana y no sólo a la esfera de lo político. Una burda definición de diccionario diría que “la ideología es definida como un conjunto de creencias e ideas individuales, grupales o sociales que determinan al sujeto poseedor y que lo colocan en la realidad existente de manera particular”. Si bien por un lado una ideología es entendida como un modo de pensar individual, desde una perspectiva más rigurosa eso es del todo falso y concebirla así implica una posición justamente ideológica.

El tema de la ideología siempre me ha parecido apasionante, al grado de que en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM —simultáneamente a mis estudios de biólogo— cursé tres semestres de la materia “Ideología y sociedad”, entre otras cosas porque me motivaba entender la relación entre ideología y ciencia, la cual es de importancia crucial también en la biología, pues efectivamente, muchas de las problemáticas que se abordan en ella han sido víctimas de la ideología, como pasa con la teoría de la evolución, cuestiones de la herencia —en la actualidad: la clonación, la producción y uso de organismos transgénicos—, la problemática ambiental y, en última instancia, el concepto de la vida misma.

La categoría de ideología es muy antigua, y aunque la palabra procede de la época de la Ilustración, el sentido desfavorable que hoy le asignamos procede de los tiempos de Napoleón Bonaparte para referirse a “los hombres que piensan trastornadamente”. La idea es más antigua y se le puede rastrear en la obra Novum Organon de Francis Bacon (1605), quien planteó su “teoría de los idola”, en la que habla de cuatro clases de ídolos que son obstáculos que impiden el avance del progreso del espíritu humano y de los pueblos, y que para llegar al saber es necesario destruir esos ídolos a fin de posteriormente comenzar a sembrar el conocimiento.

Según Bacon, esos ídolos son: Idola Tribu, Idola Specus, Idola Fori y por último el Idola Theatri. Los ídolos de la tribu se fundamentan en la naturaleza del ser humano que sólo se guía por sus sentidos. No tiene ni criterio ni ideas personales. Todo juicio que hace está en directa relación con los intereses de la familia, de la raza o de la nación. Es una especie de “egoísmo gregario” que sólo protege sus intereses de grupo (por ejemplo: la familia, el partido, la empresa, etc.). Los ídolos de la caverna, al contrario de los anteriores, se basan en el individualismo y el egocentrismo. Cada individuo, dice Bacon, “Llena su propia caverna en donde la luz de la ciencia y el saber se corrompen por las disposiciones individuales, fruto de la educación y el comercio con los demás hombres”. Cada persona juzga la realidad como le parece que es y no como es. Decía Heráclito: “los hombres buscan la ciencia en sus particulares y pequeñas esferas, y no en la gran esfera universal”. El culto a la personalidad es un ejemplo de este ídolo. Los ídolos del foro se dan como resultado de la vida social que influye mucho en los criterios personales. El lenguaje con el que nos comunicamos crea no sólo una distracción de sus verdaderos significados, las palabras, sino también producen controversias, guerras e imaginaciones banales. Y los ídolos del teatro implican la simulación e incluyen lo que actualmente consideramos las “ideologías políticas” —en sentido erróneo del término— y que conllevan lo que denominamos hoy en día “ideologizar”, que a su vez hace que se inculque en la gente una sola “idea” y que tienen como otra faceta “las ideologías de moda”.

La destrucción de estos cuatro ídolos o prejuicios que impiden el avance del saber, según Bacon se puede lograr sólo por medio de la ciencia, que es el único camino para sacar al ser humano de su estado deplorable. A partir de ahí se dieron diferentes formulaciones del concepto de dicha idea, aunque los primeros en utilizar la palabra “ideología” fueron los enciclopedistas Condillac y Destutt de Tracy. Sin embargo, para ellos era el estudio de las ideas; la sistematización más elaborada del concepto se dio hasta mediados del siglo XIX con Karl Marx, en La ideología alemana —escrita junto a Friederich Engels—, donde plantea que las ideologías no describen al hombre y su situación en el mundo y la sociedad de un modo correcto, sino de un modo deformado y falso.

Para Marx, la ideología implica una inversión de la realidad en la mente del hombre: es una “falsa conciencia”, es “conciencia invertida de lo real”. Para sustentar esta tesis sostiene que “en la producción social de su existencia —lo cual implica que la existencia del hombre se produce en sociedad, no lo que haya producido— los hombres establecen relaciones de su voluntad, relaciones sociales a las que corresponden determinadas formas de “conciencia social”; sin embargo, esas relaciones aparecen invertidas, como en la “cámara obscura”, donde la inversión obedece a un proceso físico. Aquí la inversión obedece a un proceso histórico de vida real.

Eso implica que la producción de ideología es un proceso sociohistórico, determinista, tal como ocurre con los procesos físicos; en este caso las leyes de la óptica, que establecen que una imagen aparezca al revés en la placa de la cámara obscura —fotográfica—, siendo así que la ideología se produce de manera espontánea, no es producto de la maldad de la clase dominante ni de ningún genio maligno, aunque sus consecuencias sean perversas y en todo momento los hombres tendrían que ser conscientes de ello y contrarrestarla, lo cual sólo es posible por la vía del conocimiento.

Anclada en estructuras inconscientes, la ideología se ejerce sobre la conciencia de los explotados para que acepten su condición de explotados, y sobre la conciencia de los explotadores para que acepten su condición de explotadores. Y de la misma manera, al momento en que un personaje aparece en la escena pública, aparecerán simpatizantes de lo que sostenga, así como detractores, lo que forma parte del proceso ideológico. La ideología es un elemento central para el entendimiento de las mentalidades humanas y los sistemas de pensamiento, que tiene que conjugarse con otras categorías que surgieron en el siglo XX, tales como las de discurso, formación discursiva y representación social, que nos permiten en la actualidad arribar a una comprensión más cabal de la realidad, de una manera alejada de la ingenuidad y la simpleza, como una forma de intentar salir de lo que Karel Kosik denominó “el mundo de la pseudoconcreción”.

Por todo ello, resulta molesto escuchar a jóvenes interesados en la política que hablen de cosas como “la globalización”, como un hecho de nuestro tiempo que tenemos que asumir, cuando es un término que implica una construcción ideológica, acerca de un fenómeno que requiere una seria reflexión; o decir que la ideología es una bandera política y las ideas de una persona; o decir que las ideologías “son etiquetas, son atajos”; o las burdas definiciones de “izquierdas y derechas”, sin catalogarlas como expresiones ideológicas de posiciones e intereses determinados por su tiempo; o comentar que debemos “ideologizarnos más”… ¡Eso es ideología pura!

Esas cosas escuché en ese programa de “jóvenes interesados en la política”, lo que revela la gran necesidad de pensar el problema de la ideología y lo ideológico con seriedad.

El Padre Ubú no tuvo tiempo de que en su reino se instaurara una ideología que consolidara su poder y que lo mantuviera en él. Seguramente tuvo algunos adeptos, como el Capitán Bordura y la Madre Ubú, que más allá de su ambición forzosamente se ideologizaron; y otros que lo odiaron por sus abusos y excesos. Entonces, esa historia no llegó a la construcción de ideologías consolidadas, pero sí a esbozos de ellas, que en todos los casos implican una distorsión de la realidad…

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