Ismael Ledesma Mateos
Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del populismo, palabra que genera las más aberrantes manifestaciones de fobia, a extremos psicopatológicos. Se trata de un término ambiguo que no tiene una definición precisa, pues existen populismos tanto de izquierda como de derecha. Usualmente, en nuestro continente el populismo se asocia a los países de América Latina. Sin embargo, en los Estados Unidos en la actualidad se tiene un gobierno populista de derecha con el presidente Donald Trump. A principios del siglo XX sucedió en ese país una de las manifestaciones más importantes del populismo, con una orientación de izquierda, la de Huey Long.
Huey Pierce Long Jr. (30 de agosto de 1893-10 de septiembre de 1935), apodado El Pez Rey (The Kingfish), fue un político estadounidense del estado de Luisiana. Fue miembro del Partido Demócrata, conocido por sus políticas populistas y radicales, gobernador de Luisiana desde 1928 a 1932 y senador por ese mismo estado. Proveniente de una familia de terratenientes de clase media, en su juventud Long careció de dinero para pagar sus estudios, lo que lo llevó a trabajar desde muy joven como vendedor y dependiente de tienda. Poseía gran habilidad y consideraba que era capaz de vender cualquier cosa. Ya con algo de dinero, estudió derecho en la Universidad de Oklahoma y luego en la Universidad de Tulane, titulándose en 1921. Cuando inició su práctica como abogado en Baton Rouge ganó fama como defensor de campesinos pobres y obreros, formando una red de contactos que posteriormente le ayudó a ingresar en la política local.
Como dice Margater Canovan en su libro Populism (1981): “Al hacerse de una reputación de ser el defensor de las personas comunes, Long se postuló para gobernador de Luisiana. La política local tenía la añeja fama de ser corrupta y estaba dominada por una oligarquía compuesta por los dueños de grandes plantaciones y los nuevos industriales. En Nueva Orleans, en particular, había una maquinaria bien aceitada que mantenía el control riguroso de los votantes.” Apoyado por el Partido Demócrata en 1928 consiguió la gubernatura; aprovechando su amplia red de contactos entre sindicatos y asociaciones campesinas rompió con el monopolio de los terratenientes de Luisiana y las familias que los apoyaban. Sus promesas le permitieron conseguir el apoyo de grandes masas de campesinos pobres que, decepcionados, habían dejado de participar en las elecciones, venciendo por una amplia mayoría de votos.
A pesar de la animadversión de la élite conformada por las familias más adineradas de Luisiana, que ante su acción política habían perdido prácticamente todos sus espacios de poder, y aprovechando su consenso entre las masas populares Long impulsó un gran proyecto de obra pública con financiamiento estatal y federal, construyendo una gran cantidad de carreteras, caminos, puentes y otras obras públicas, en tanto sus detractores lo acusaban de ser populista y autoritario. Para Long los propietarios de las grandes fortunas eran unos “parásitos”, las grandes empresas no eran acordes con los intereses de los más amplios sectores de la población, por lo que era necesario incrementarles la carga tributaria pues los más ricos deberían contribuir más al Estado. Él consideraba que los males que sufrió la población rural en Luisiana durante la Gran Depresión se debían a la codicia de los grandes capitales de Wall Street y en consecuencia durante su gobierno realizó entregas de alimentos y de dinero a familias pobres
No obstante, el populismo de izquierda no es socialismo ni comunismo, es algo más ligado a posiciones y valores morales, que a una filosofía política. En el caso de Huey Long se encuentra un conservadurismo que lo llevó a rechazar huelgas y no apoyar a sindicatos, pues decía que eran contrarios al individualismo que pregonaba y relacionaba con las “virtudes nacionales de los Estados Unidos”, por lo que los hostilizó constantemente. Realizó una gran “purga” de funcionarios estatales y colocó en cargos políticos claves a sus incondicionales, a quienes exigía aportar dinero de sus salarios para una bolsa (fondos políticos) que él manejaba para confrontar a sus adversarios y hacer campaña. En 1931 se postuló para senador por Luisiana, resultando ganador, sin haber renunciado a la gubernatura, lo que fue cuestionado por sus enemigos, y no asumió su curul sino hasta el término de su mandato en 1932, dejando como gobernador a uno de sus más leales colaboradores: Oscar K. Allen. Como senador, en 1934 creó un programa llamado Share our Wealth (Compartamos nuestra riqueza), usando el eslogan “Cada hombre es un rey, pero ninguno tiene corona”. En él proponía medidas de redistribución de la riqueza por medio de impuestos a corporaciones e individuos con el propósito de combatir la pobreza y el crimen consecutivos a la Gran Depresión, así como la implantación de impuestos especiales para el otorgamiento de subsidios.
Aunque inicialmente apoyó a Franklin D. Roosvelt en la elección presidencial de 1932, Long rompió con él en junio de 1933 y dio inicio a la preparación de su propia candidatura presidencial. En ese escenario para el presidente las propuestas de Long constituían un peligroso radicalismo populista demagógico y pronto las desautorizó. Pero Long no cejó en su actitud radical. Eduardo Galeano recuerda en su libro Las venas abiertas de América Latina, que el senador Long sacudió a Estados Unidos con un violento discurso pronunciado el 30 de mayo de 1934, en el que denunciaba que la Standard Oil de Nueva Jersey había provocado el conflicto del Chaco (la guerra del Chaco, 1932-1935) y que financiaba al ejército boliviano para apoderase, por su intermedio del Chaco Paraguayo, necesario para tender un oleoducto desde Bolivia hacia el río presumiblemente rico en petróleo: “Estos criminales —afirmó— han ido allá y han alquilado a sus asesinos.” Además, trató a la Standard Oil de criminal, malhechora, asesina doméstica, conspiradora doméstica, ladrones, todos adjetivos sumamente descriptibles de lo que fue la Standard Oil y su modo de operar en Latinoamérica.
Hombre carismático con una popularidad inmensa, tenaz en la defensa de sus proyectos de reformas sociales y con el valor de adoptar medidas enérgicas, sus enemigos lo acusaron de tener tendencias dictatoriales debido a su casi total control del gobierno del estado, aun no siendo gobernador, al extremo de destituir funcionarios y jueces de manera arbitraria y sin una investigación previa, para nombrar en su lugar militantes incondicionales a su causa. En efecto, a pesar de haberse mudado a Washington D.C. para ejercer su función de senador, Long siempre mantuvo el control de la política de Luisiana por medio del gobernador Allen; durante 1935 Long propuso nuevas leyes que se aprobaban el mismo día que eran presentadas, bajo presión de Long y sus seguidores en la legislatura estatal de Luisiana, casi sin ser debatidas. Atacó al poder judicial, al que acusó de entorpecer sus acciones de gobierno y apoyar jurídicamente a sus enemigos, por lo que buscó que se votara la destitución de un juez veterano, Henry Pavy. Su yerno, el médico Carl Weiss, acudió al edificio de la legislatura estatal de Luisiana, en Baton Rouge, la mañana del 8 de septiembre de 1935, supuestamente para pedir a Long reconsiderar su decisión, pero fue rechazado por él y su escolta. Weiss consiguió acercarse a Long a menos de un metro y medio de distancia, desenfundó un arma de fuego y le disparó. Los guardaespaldas de inmediato mataron al atacante con 62 tiros, pero era ya tarde: Long quedó mortalmente herido y falleció dos días más tarde a la edad de 42 años. Jamás se sabrá a ciencia cierta si el móvil del crimen fue la defensa del suegro o parte de un complot maquinado por los poseedores del poder económico en la entidad.
Margater Canovan dice de Long que, desde luego, ayudó a la gente e hizo muchas obras en beneficio de los pobres. “Pero también fue un cínico manipulador que usó su carisma para hacerse de poder y riqueza para su propio beneficio, que no tuvo respeto por la ley y la Constitución, que no soportaba a la oposición y que se convirtió en virtual dictador de Luisiana.” En un artículo publicado en el diario La Crónica (23-11-2018), José Fernández Santillán dice al respecto: “Mejoras sociales a condición de convertirse en un tirano. Del populismo a la dictadura sólo hay un paso. Ése es el peligro”. Se trata del típico discurso ideológico de la derecha, que usa el término populismo como una estigmatización. Lejos de ello, con Huey Long nos encontramos con un discurso valiente y atrevido que parecería impensable en un estadounidense, pero, aunque no lo crean, en ese país también hay gente de izquierda y progresista, por lo que vale la pena retomar su historia como ejemplo y valorarlo en sus justos términos, en espera de más gobernantes como él.
El gobierno de Ubú Rey de ninguna manera era populista, ni de izquierda ni de derecha. Era una monarquía derivada de un golpe de Estado, donde jamás se hicieron reformas en favor de la gran mayoría de la población, algo muy distinto a lo que hizo el “Pez Rey”, que para sus enemigos se comportaba como tal y pensaba que “cada hombre es un rey, pero ninguno tiene corona”.
¡Para mí es suficiente!









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