Ismael Ledesma Mateos
El Padre Ubú hubiera quedado apabullado luego de la lectura de la obra genial titulada Gog, que da perfecta cuenta de la naturaleza humana y la política.
Su autor es un escritor apasionante: Giovanni Papini (1881-1956), quien realizó obras de enorme importancia, como la Historia de Cristo y San Agustín. Jorge Luis Borges llegó a afirmar que “si alguien en este siglo es equiparable al egipcio Proteo, ese alguien es Giovanni Papini”. Luego de su Historia de Cristo (1921), su obra más trascendente es Gog, una selección de ensayos de una enorme profundidad y rigor. Mario Verdaguer en 1931 dijo de él que ha tenido una “trayectoria mordente, apasionante y tumultuosa en el mundo de las ideas y de los sentimientos”.
Diez años después de la Historia de Cristo, la historia de Gog, “personaje extraño y punzante, imagen del hombre primitivo y bestial, del hombre que no tiene en su corazón la más pequeña fibra de cristiano”. Como escribe Verdaguer: “Todo el espíritu de combate de Papini se concentra en Gog, personaje temible, caricatura del anticristo. Bajo la piel de Gog se halla escondida el alma del diablo, el esqueleto del antropoide, el sentido cruel de lo primitivo que se ha sedimentado en el fondo de la civilización. Gog es el alcaloide de la mala esencia humana que aparece, en la ficción del artista, solitaria y vagando al margen de la humanidad. […] Gog tiene el valor de decir mucho más de lo que en realidad dice y de sugerir situaciones mucho más hondas y más acercadas a la realidad que las paradojas que provoca. Por eso, bajo su aparente frialdad, vive en sus páginas una reconcentrada pasión y tiembla en ellas una emoción profunda.”
Cierto o falso —eso no importa— Papini inicia el libro diciendo cómo conoció a Gog: “Me avergüenza decir dónde conocí a Gog: en un manicomio particular.” Y más adelante afirma: “Huelga, creo, añadir que yo no puedo de ninguna manera aprobar los pensamientos y los sentimientos de Gog y de sus interlocutores. Todo mi ser —que ahora se ha renovado con mi retorno a la verdad— no puede menos que aborrecer todo lo que Gog, cree, dice o hace… Pero Gog es, a mi juicio, un ejemplo particularmente instructivo y revelador, por dos razones. Primera, porque su riqueza le ha permitido realizar impunemente muchas extravagancias idiotas o criminales, que sus semejantes deben contentarse con imaginar en sueños. Segunda, porque su sinceridad de primitivo le lleva a confesar sin rubor sus caprichos más repulsivos, es decir, aquello que los otros esconden y no se atreven a decir de sí mismos.”
El propio Papini dice: “Gog es, por decirlo con una sola palabra, un monstruo y refleja por eso, exagerándolas, ciertas tendencias modernas. Pero es esa misma exageración al fin que me propongo al publicar los fragmentos de su Diario. Puesto que se perciben mejor, en esta ampliación grotesca. Las enfermedades secretas (espirituales) de que sufre la presente civilización.” En Gog tenemos un texto que colocaría en su lugar al Padre Ubú: crudo, duro, implacable. En esta obra encontramos una pieza magistral de la literatura, que no sólo es un arte bello, sino algo plagado de contenidos, donde la política, la ética y la estética se conjugan. Un texto crucial es el referente a Lenin, que espero podamos publicar en fecha próxima, donde da cuenta de su personalidad compleja. Papini da cuenta ahí de la manera cómo podemos percibir a un Lenin perverso y eficaz, un verdadero animal político.
En una colaboración anterior, al respecto de Lenin, por razones de tiempo, mejor dicho de prisa, no mencione al Padre Ubú, que debe estar siempre presente con nosotros. Ahora con Gog lo retomo, esperando que su venenoso sentido nos ayude a la reflexión.









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