Ismael Ledesma Mateos
El acontecimiento conocido como “el gasolinazo” en México representa la cima del clima de degradación política de nuestro país. El gobierno de Enrique Peña Nieto ha demostrado su total incapacidad y abyección, así como su nulo interés en el bienestar del pueblo mexicano. Se trata de un gobierno autocomplaciente que sólo busca la perpetuación en el poder de su partido, un partido que ha demostrado que no es capaz ya de gobernar nuestra nación. No se trata de ese PRI heredero de la genialidad de Plutarco Elías Calles, de Lázaro Cárdenas o de Adolfo López Mateos, se trata ahora de un partido anquilosado integrado por cuadros que sólo buscan su beneficio personal. Recuerdo, en los inicios de su debacle, una entrevista al ya muy anciano Fidel Velázquez, que dijo algo genial: que no era justo que a ellos les llamaran “dinosaurios”, pues qué culpa tienen esos “pobres animalitos prehistóricos”. Como dicen los abogados: “a declaración de parte, relevo de pruebas”.
Pero más allá de la perversidad política, lo más grave del “gasolinazo” es la incapacidad de reflexión y de autocrítica de un gobierno anodino que es capaz de generar escenarios de violencia social fabricados por él mismo, tal como los actos vandálicos y de latrocinio cometidos en días pasados, que se pretendió mostrar ante la opinión pública como ligados a las protestas contra “el gasolinazo”, y que en realidad son una estrategia para el desprestigio de las verdaderas protestas ciudadanas. Así, las protestas y el desorden con vándalos podrán estigmatizar a cualquier movilización popular e incluso reprimirla.
El Padre Ubú quedaría perplejo ante esta cruda realidad y trataría de imitarla para poder seguir siendo “el señor de las phinanzas” y seguramente le pediría al Capitán Bordura que buscara, para contratarlos, a Luis Videgaray y a José Ángel Gurría, para tener un equipo que le permita esquilmar más a su pueblo, además de desarrollar nuevas tácticas para mantenerlo sometido y aterrorizado, pues en los hechos lo que se dio con los actos delictivos y vandálicos que ocurrieron es terrorismo para espantar a la población.
¿Qué tienen que ver las pantallas de televisión que robaron con el alza de la gasolina? ¿Qué tienen que ver las cadenas de supermercados con esa decisión gubernamental? Según se dijo, algunos de los delincuentes bajaron de patrullas de policía que los trasladaron y otras personas llegaron a decir que eran policías vestidos de civil, e incluso soldados; que además les pagaron ochocientos pesos (a mí no me consta, pero desgraciadamente se me hace creíble). Ese escenario de terror paralizó varias zonas de la capital de la república y particularmente al Centro Histórico, donde muchos negocios cerraron sus cortinas ante el temor de ser atracados, cosa que en realidad no ocurrió.
Para colmo, como parte de esa estrategia se ha tratado de culpabilizar a la oposición más poderosa en este momento, que es Morena, que por supuesto no tuvo nada que ver con esos hechos delictivos, pero eso piensan algunas personas. Se trata de provocar un clima de incertidumbre e incluso de odio, pera poder sacar provecho político de ello. Como dice el dicho: “a río revuelto, ganancia de pescadores”.
La provocación es tan compleja, que incluso podemos hablar de una teoría de ella, lo cual me trae a la mente dos libros: el de Víctor Serge, Todo lo que un revolucionario debe saber acerca de la represión, y la novela de Héctor Aguilar Camín, Morir en el Golfo, donde muestra la manera de montar una provocación. Es imposible pensar que los actos vandálicos y delictivos ocurridos, supuestamente en relación con el “gasolinazo”, no son una provocación. ¡Es evidente que sí!, y que su finalidad es tener a la sociedad preocupada y distraída del impacto del incremento en los precios de los combustibles. (Siempre he creído en la teoría del complot, porque incluso he sufrido eso.)
Pienso, en relación con todo esto, en la magnífica película de Ingmar Bergman, El huevo de la serpiente (1977), ambientada en el Berlín de los años veinte, que da cuenta de las condiciones de tensión psicológica que imperan en las emociones que se dan en una sociedad en descomposición en un contexto de posguerra (de la Primera Guerra Mundial), donde se están gestando las condiciones para una nueva (la Segunda Guerra Mundial). Se trata de una historia subjetiva, que sin embargo nos da cuenta de cómo un ambiente social y cultural influye a los individuos y produce una condición de odio y desconfianza, que posteriormente coadyuvará a la crisis de una sociedad.
Algo realmente grave, además, es que “el gasolinazo” mexicano, producto de la inaceptable Reforma Energética, produce una incertidumbre que va aunada a la incertidumbre mundial consecuencia de la llegada al poder de Donald Trump en los Estados Unidos, con un discurso de odio y confrontación, no sólo con México —su principal fobia psicopatológica— sino con otros países, como China y ahora incluso contra la canciller alemana Ángela Merkel. De ninguna manera tenemos un panorama alentador.
El gasolinazo representa la falta de rumbo en la conducción política de la nación, implica la sumisión total a la política económica neoliberal y la manera más asquerosa de pisotear la soberanía nacional. Las justificaciones del secretario de Hacienda y del secretario de Energía dan cuenta de un discurso demagógico y servil, que nada tiene que ver con los genuinos intereses de México, y no se diga el nombramiento del nuevo secretario de Relaciones Exteriores, que pareciera la primera designación de Trump en su “patio trasero”, al que tanto odia.
Estamos en espera de un escenario mucho muy complicado con nuestro país sin un gobierno real, fuerte y contundente y un gobernante vecino hostil y enloquecido, además de México con un sistema de partidos que ha demostrado su inoperancia, por lo que Morena se convierte en la única esperanza que, esperemos, no vaya a defraudarnos. En pleno siglo XXI es inconcebible que México haya llegado a tales niveles de deterioro, cuando en la segunda mitad del siglo XX se vivió el llamado “milagro mexicano” y el “desarrollo estabilizador”. Ahora pareciera que México es, en verdad, “la posada del fracaso”.
El huevo de la serpiente es una importante metáfora que da cuenta de una condición de crisis, y este año que inicia se ve así. Aunque también este 2017 nos encontramos con un año de incubación, que no debe ser el del “huevo de la serpiente”, sino de proyectos y posibilidades, que los mexicanos debemos ser capaces de construir.
Desde que era estudiante de preparatoria, escuché hablar de “la crisis” que atravesaba el país. Pareciera que se trata de algo ya constitutivo, de lo que no podemos librarnos, condenados a vivir siempre en una crisis total, de una forma inexorable. Pero creo que sí podemos ser capaces de remontar la maldición de esas crisis, pero eso pasa por el hecho de que la ciudadanía sea consciente de la realidad política que se atraviesa. Lo necesario es la incubación de la esperanza, de la expectativa de la posibilidad de cambio y de transformación: eso sí puede ser posible, aunque no fácil.
El “gasolinazo” es un acto arbitrario y criminal, por donde se le quiera ver, que alterará drásticamente la economía del país y que aunado a la devaluación del peso frente al dólar como consecuencia del fenómeno Trump y la incertidumbre internacional que genera, nos coloca en una de las situaciones más delicadas de los últimos tiempos, donde además se genera ese ambiente de odio y temor, que en nada contribuye al desarrollo nacional.
Ubú Rey gobernó omnímodamente sin crisis, hasta que fue derrocado. Ya sería la hora de que los mexicanos nos organizáramos para deshacernos de estos malos gobiernos que nos han conducido a la ruina y la desgracia. Eso tendrá que ocurrir algún día.









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