Ismael Ledesma Mateos
Resulta muy interesante reflexionar acerca del significado de las fronteras en las disciplinas científicas, algo complicado que en múltiples ocasiones se presta a confusiones. Para muchos, ciencia es sinónimo de disciplina; esto no es así, es un error. La ciencia es una categoría muy compleja, podríamos decir “una abstracción”, y en la realidad está conformada por disciplinas. Así, la biología tiene como disciplinas a la fisiología, la bioquímica, la biofísica, la neurobiología, la anatomía, la histología, la embriología, la biología celular, la genética, la biología molecular, la biología del desarrollo, la patología, la farmacología, la toxicología, la inmunología, la ecología, la biogeografía, la botánica, la zoología y otras. Cada una de ellas no son una ciencia, son disciplinas de la ciencia de la biología, pero eso muchos no lo entienden.
Otra complicación es la que tiene que ver con las “relaciones de constitución”, en el caso de las ciencias y sus disciplinas y de las “relaciones de aplicación”, en el caso de las tecnologías, que en muchas ocasiones son prácticas multidisciplinarias, como la ingeniería química o la medicina, entre otras. Esto tiene que ver con el problema de la unificación y desunificación de la ciencia, donde debe entenderse que las ciencias autónomas y unificadas tienen un denominador común con elementos que proceden de cada una de las disciplinas, que tienen a su vez su propia dinámica, con especificidades disciplinarias, pero que se integran en una sola ciencia, la que encontramos en un libro de texto, por ejemplo de biología o de física para el bachillerato, a diferencia de una carrera de biólogo o físico, donde se estudian disciplinas específicas.
La desunificación de la ciencia es algo tan fuerte que en el caso de los Estados Unidos, de acuerdo con la historiadora Toby Anita Appel, entre 1889 y 1923 “numerosas ciencias biológicas fueron establecidas en América, pero no una ciencia unificada de la biología”. Vasiliky B. Smocovitis explica que esta intención fue abandonada en 1923, ante su fracaso y no tuvo éxito hasta 1947 con la fundación del American Institute of Biological Sciences, primera organización representativa de las prácticas heterogéneas de las ciencias biológicas, indicador de una etapa en que se llega a una biología unificada en ese país. Por eso, no es lo mismo hablar de “biología” que de “ciencias biológicas”, y por ello cuando en la UAP en 1987 se creó la escuela dedicada a esta ciencia, se llamó Escuela de Biología, razón por la cual me parece un grave error que al momento de convertirse en facultad la hayan bautizado como Facultad de Ciencias Biológicas, lo cual rompe con el sentido original con el que surgió. Sin embargo, esa forma de hablar obedece a “efectos de moda” y a la falta de claridad acerca de las fronteras disciplinarias.
Algo que irrumpió en el ámbito académico, científico, tecnológico y humanístico en el siglo XX fueron las categorías de multidisciplina, interdisciplina y transdisciplina, que implican una manera diferente de la organización del conocimiento. La multidisciplina es un proceso mediante el cual varias disciplinas coinciden para cumplir un determinado objetivo, sin integrarse entre sí. La interdisciplina, por su parte, es la reunión de varias disciplinas, es decir, implica e incluye la multidisciplina, donde el objetivo en común se aborda desde la unión de las disciplinas, pero se compone un nuevo marco conceptual de acción a partir de los aportes y características propias de cada disciplina. La unión de las disciplinas crea una “nueva” disciplina, que más allá de ser completamente nueva, representa una puesta en común en función del objetivo: lo nuevo nace de la mezcla de los aportes significativos de cada disciplina. En tanto, la transdisciplina representa una relación compleja de disciplinas en la que la creación de un nuevo marco conceptual y de acción son necesarios para hacer posible el abordaje del objeto en común que fue creado por las disciplinas unidas. Es decir que la transdisciplina implica la creación y el abordaje de un objeto totalmente nuevo que necesita, y merece, la creación de un nuevo marco que no se configure, como en el caso de la interdisciplina, con la puesta en común de saberes individuales. Ese nuevo objeto y su nuevo marco trascienden los objetos y marcos que cada disciplina, por separado o de modo interdisciplinar, se encargaban de estudiar. Todo ello nos lleva a pensar que la construcción de conocimiento nuevo que es la transdisciplina, donde los límites de las disciplinas son inconcebibles, al punto que se hace imposible o realmente difícil el reconocimiento de las disciplinas que la conforman, siendo un marco nuevo donde debe rastrearse lo que cada disciplina aportó.
Esto se nota de manera muy interesante en el curso del desarrollo temporal de los trabajos de investigación producidos en distintas instituciones como artículos y tesis profesionales y de posgrado (maestrías y doctorados), que no sólo nos permiten ver la emergencia de disciplinas y la construcción de comunidades académicas, sino también cómo se difuminarían los límites o fronteras de las disciplinas y cómo saberes de diferente procedencia se van integrando. En ese orden de ideas podemos ver la emergencia de nuevas disciplinas híbridas (interdisciplinas), como la biofísica, que es una concepción física de los procesos biológicos, que proviene de la fisiología y en buena parte de la electrofisiología (que dedica al estudios de los fenómenos eléctricos en fisiología), pero que toma su propio camino, de forma que en los orígenes del Cinvestav en los años sesenta, surge el Departamento de Fisiología y Biofísica, contemplando ambas disciplinas, para luego absorber el Departamento de Neurociencias (que desde su nombre nos indica una interdisciplina), y no sólo la neuroquímica o la neuroanatomía, para convertirse en el Departamento de Fisiología Biofísica y Neurociencias.
Analizando las temáticas de muchas tesis y publicaciones, podemos percatarnos de la utilización de conceptos y procedimientos, por ejemplo de la biología molecular, en investigaciones acerca de la función de las neuronas del cerebelo, o investigaciones de bioquímica de proteínas, junto con biología molecular para el estudio de la distrofia muscular, que hace que la tarea de catalogación de los trabajos sea extremadamente complicada, lo cual da una idea de la diversificación y diferenciación del conocimiento, que va más allá de las estrechas limitaciones de las visiones burocráticas y administrativistas que buscan encasillar las investigaciones en categorías generales sin sustento epistemológico.
Hacer análisis de esta naturaleza resulta necesario para tener una idea más clara de la dinámica de complejización del trabajo en ciencia y tecnología, donde los niveles de confusión e ignorancia son espeluznantes. En los aparatos de clasificación de la actividad de investigación o en sistemas de enseñanza, aparecen cosas absurdas, como hablar de “ciencias químicas y biológicas” (cuando la biología, que si bien utiliza conceptos de la química, no tiene relación real con ella como para ponerla en un mismo costal) o bien, “ciencias biológicas y de la salud”, cuando, aunque tengan relación (como dije: lo biológico aplicado a la salud), no pueden considerarse en una misma categoría, lo cual obedece a fenómenos sociológicos y de poder, dignos de ser investigados con rigor. Y bueno, el colmo de los colmos: fue la creación en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de un área llamada de “Humanidades y Ciencias de la Conducta” y otra de “Ciencias Sociales y Administrativas” (¡como si hubiera “ciencias administrativas!).
Otra aberración inadmisible es el uso del término “biomedicina”, o “ciencias biomédicas”, lo cual no puedes existir en términos teóricos y conceptuales y que incluso, según el director del Instituto de la Salud y las Investigaciones Médicas de Francia (Inserm), Jean François Picard, en la década de los cincuenta, cuando se empezó a utilizar la palabra, le parecía algo sin sustento no sólo epistemológico, sino también lingüístico, pues decía que no es correcto formar una palabra con una raíz griega y otra latina, aunque, como yo sostengo, su uso obedece a una cuestión ideológica y política, ligada a la fuerza del gremio médico.
El entendimiento de las especificidades disciplinarias, de sus cambios y de su desarrollo en un contexto histórico específico, es de enorme importancia y utilidad en la planeación estratégica de las políticas científicas y tecnológicas y de asignación de recursos y la definición de prioridades, en función de un plan de desarrollo nacional. Estas discusiones no pueden estar al margen de la toma de decisiones en áreas tan trascendentes como son la investigación en ciencias, tecnologías y humanidades. La reflexión teórica debe anteponerse y rebasar a lo administrativo, que es lo que ha hundido a la inteligencia en el país. El respeto a las especificidades disciplinarias debe anteponerse a cualquier criterio pragmático, no sólo en el diseño de los programas de investigación que el Estado debe apoyar, sino también en la elaboración de planes y programas de estudios, en todos los niveles educativos, alejándonos de la imitación de modelos, que se ha probado no son la solución de los grandes problemas nacionales, y la educación, la ciencia y la tecnología deben ser prioridad en ello, en una rigurosa planeación política.
Para su fortuna, el Padre Ubú no tendría el problema de inmiscuirse en problemas tan sesudos y agobiantes, donde sólo sería de importancia la opinión de la Madre Ubú y del Capitán Bordura, en una reino simplificado donde, como ha ocurrido en muchas etapas de la rica, compleja y controversial historia de nuestro México, lo único imperante han sido las phinanzas para el mantenimiento del lujo y la comodidad de sus monarcas, en este caso sexenales, en lo que fue una dictadura perfecta, donde se ha hablado de educación, ciencias y tecnología sin entender de qué están hechas esas cosas.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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