Ismael Ledesma Mateos
Tengo en mis manos los dos tomos rojos de La crítica de la razón dialéctica de Jean-Paul Sartre (Ed. Losada, 1963), una obra que marca un momento determinante para el estudio del pensamiento marxista y de la izquierda, que da cuenta del momento en el que el filósofo de la existencia asume plenamente una posición política de izquierda, con una obra voluminosa y rebosante en reflexión filosófica, donde cuestiona las formas equivocadas y distorsionadas de una filosofía trascendental y genial como la de Marx.
Como dice la presentación del libro: “La ‘razón dialéctica’ o sea el marxismo, es para Sartre, como para Kant la ciencia físico-matemática, el faktum del que hay que partir, el Saber con mayúscula. La “crítica” ha de consistir en re-hacerlo dialéctico y en existenciarlo. Con esas palabras del filósofo español José Luis Aranguren empezamos a darnos una idea del inmenso esfuerzo que para Sartre ha supuesto dar forma al libro… y que a no dudarlo a ser uno de los pilares del pensamiento contemporáneo. Para el filósofo francés, el saber de nuestra época es el marxismo, pero para no quedarse en simple saber necesita del existencialismo obrando dentro de él para que deje de estar detenido, “reificado”, y vuelva a ser dialéctico como en sus orígenes.
Si en sus orígenes el existencialismo fue identificado con un pensamiento egoísta e individualista, cuando Sartre asume una posición marxista lo llena de contenido social y lo hace una filosofía práctica, como dice el título del libro I: “Teoría de los conjuntos prácticos”, con su agregado: “De la ‘Praxis’ individual a lo práctico inerte”, donde de nuevo regresa a la ontología, como en El Ser y la Nada. Se trata sin duda de obras difíciles, algo muy diferente al estilo literario que desarrolló en sus novelas, relatos, obras de teatro y guiones de cine, pero que da cuenta de una gran profundidad filosófica.
El Padre Ubú no se detendría a pensar en ideas que parecen tan rebuscadas pero son verdaderamente importantes para entender el mundo y la existencia humana y no pasar la vida tan sólo como simples animales, que sería la tendencia en el mundo capitalista contemporáneo, donde lo único trascendental es cobrar impuestos y para Ubú ser “el señor de las phinanzas”.
De La Náusea y el existencialismo individualista, Sartre pasó paulatinamente a desarrollar la idea del “compromiso” y del papel de “intelectual comprometido”, y fue acercándose a una posición de izquierda, la cual queda plenamente plasmada en sus escritos políticos periodísticos, que aparecen en su obra Situaciones (en varios volúmenes). Partiendo de una posición relativa a la liberación de su país en el contexto de la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial, magistralmente plasmada en Situaciones III: “La república del silencio”, donde asocia la idea de la lucha política con “la libertad”, pasa a una serie de textos magistrales, como lo compilados en Situaciones VIII: “Alrededor del 68”, y finalmente decide fundar en 1973 el diario de izquierda Liberatión, actualmente uno de los más importantes e influyentes de Francia.
Ese paso de la literatura a la política es determinante en la biografía intelectual de Sartre, siempre al lado de su pareja, Simone de Beauvoir. Supo utilizar el teatro como una forma de difusión de su pensamiento filosófico. El teatro fue un detonante de su creatividad, y de ello da cuenta el magnífico libro que prepararon Michel Contat y Michel Rybalka, titulado Un teatro de situaciones, el cual me lleva a pensar que ese título es una perfecta descripción de la vida y de la existencia humana: “un teatro de situaciones”, que debemos afrontar cotidianamente, para bien o para mal.
Entre esas “situaciones” se encuentra la política y ahí se ubica el “compromiso” y la toma de posición, en este caso la de izquierda, que Sartre y Simone asumieron. Pensando en ello, veo junto a mi ordenador la foto de ellos, junto con Fidel Castro en el contexto del triunfo de la revolución cubana, que impactó a los filósofos y llenó de esperanza. Sin lugar a dudas, ese acontecimiento fue algo determinante en esa época, en la cual pensar que el socialismo era posible en el continente americano, donde, por ejemplo, México, con al gobierno de Adolfo López Mateos mantuvo relaciones con el nuevo gobierno revolucionario.
Sin embargo, en los últimos años de su vida el fundador de publicaciones fundamentales como Les Temps Modernes y Liberatión orientó su vocación por la izquierda hacia el maoísmo y difundió un periódico con esa orientación, que fue La Cause du Peuple, donde escribió: “Mao, a diferencia de Stalin, no ha cometido error alguno”, sin reparar en la atrocidades de ese régimen autoritario. En el fondo tenía una mística acerca de “la violencia revolucionaria”, como una forma de cambiar el mundo para el bien de la humanidad. Él no fue el único intelectual impresionado por el maoísmo y la revolución china. Por ejemplo, en 1974 Roland Barthes visitó China junto con Philippe Sollers y Julia Kristeva, y regresaron entusiasmados. Sollers declara haber visto con sus propios ojos “la verdadera revolución antiburguesa” y Kristeva escribió: “Mao ha liberado a las mujeres.” Y bueno, Cuba era otra imagen impactante, que contrastaba con la burocracia soviética.
Como escribió Pietro Chiodi en el libro Sartre y el marxismo: “El diálogo entre existencialismo y marxismo fue mantenido en Francia en la particular atmósfera cultural y política que se creó en la inmediata posguerra. Sus primeros documentos destacados son L’existencialisme est un humanisme, de Sartre (una conferencia de 1946 que presenta al existencialismo como un humanismo del compromiso, hace un llamamiento al marxismo para que entienda el propio compromiso como el de un humanismo libre de todo dogmatismo materialista), y Humanisme et terreur, de Maurice Merleau-Ponty con el significativo subtítulo de Ensayo sobre el problema del comunismo.
Merleau-Ponty era amigo de Sarte desde su juventud, pero el mundo de la izquierda siempre está imbuido de controversias y polémicas. Otro gran intelectual, compañero de generación de ellos, Raymond Aron, le habló a Sartre en 1932, cuando regresó de Berlín, acerca de la fenomenología y de la Kierkegaard-Renaissance alemana, y formó parte, junto con Merleau-Ponty de la primera redacción de Les Temps Modernes. Luego éste, en 1955 los atacó en su libro L’opium des intellectueles, que provocó la reacción se Simone de Beauvoir en un artículo publicado en Les Temps Modernes titulado “Merleau-Ponty et le pseudo-sartrisme”, donde le reprochó haber hecho suyas las tesis de Aron.
Como se puede ver, la identificación del existencialismo de Sartre e Beauvoir con el marxismo es clara y está vinculada con su idea de la libertad y el compromiso como componentes sustanciales de la existencia humana. Existencialismo, marxismo y humanismo conforman así una triada indisoluble para arribar a un estado de superación del ser del hombre. Y siguiendo a Chiodi, esto tiene que ver con lo que el propio Sartre señala en Les mots, su pequeña autobiografía, donde hablando de sí mismo en la época en que escribió La Nausée, dice: “Yo era Roquetin: mostraba en él sin complacencia la trama de mi vida”; y, poco después: “Luego he cambiado.” En este cambio ocupan un lugar decisivo la guerra, la Resistencia y los conflictos sociales y políticos de la posguerra. En el mismo libro Sartre, hablando de los vínculos de solidaridad con los Otros, dice: “no he encontrado esta desnudez, esta presencia ineludible de cada uno de todos, este sueño disipado, esta conciencia obscura del peligro, hasta 1940…”
De 1952 a 1956 Sartre depositó su confianza en el Partido Comunista Francés que, consideraba, representaba el anhelo de transformación de la sociedad, además de que fue mucho muy importante en la Resistencia contra la invasión nazi y la liberación de su país y creyó que podría conducir a una mayor libertad, aunque en su visita a la Unión Soviética en 1954 le surgieron dudas que nunca expresó en público. Pero la ruptura llegó luego de la represión a la sublevación húngara, pues no era posible que se hiciera eso ante una revuelta popular, eso fue una forma de traición a “la exigencia marxista de discutir de manera rigurosa y objetiva cada situación histórica”, dice Walter Biemel. En la última etapa de su vida, el pensamiento de Sartre mostraba un marcado carácter utópico y decepcionado de los grandes partidos. Decidió ligarse con grupos de extrema izquierda que creyó más genuinos y con mayor fuerza, que representaban la verdadera voluntad popular. Y bueno, así cayó en las manos del maoísmo, que lo explotó hasta el final de sus días.
Me atrevo a afirmar que yo me formé sólidamente en el marxismo, pero que el conocimiento del existencialismo y luego del psicoanálisis fueron cruciales en la construcción de mi vida —de mi existencia—, y por eso ahora que está muerto el controversial y paradójico líder de la revolución cubana, Fidel Castro, aprovecho para pensar en Jean-Paul Sartre y en Simone de Beauvoir y en esa Revolución que los ilusionó y los llenó de esperanza con Castro y el Che Guevara a la cabeza, con la idea del comunismo y la libertad.
Esto le parecería al Padre Ubú, a su mujer la Madre Ubú y al Capitán Bordura, algo totalmente inentendible e incluso esotérico, como a todos los déspotas del mundo.









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