Ismael Ledesma Mateos
Para el Padre Ubú la democracia sería absurda (para eso soy Rey, diría) y eso de ponerse de acuerdo para gobernar sería una tontería. Para eso tenía a Bordura, para sostenerse por la fuerza en el poder. Sin embargo, a pesar de que en pleno siglo XXI existen monarquías, también existen democracias reales y consolidadas. Pero en realidad: ¿qué implica la democracia? No sólo es el eslogan del “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, implica una red compleja que articula una infinidad de determinaciones y variables.
En su diálogo La República Platón da cuenta de cinco fases por las que atraviesan todas las sociedades, y para explicarlas pone especial atención en la economía, algo que podríamos considerar como antecedente del materialismo histórico de Marx, para lo cual éste se basó en los procesos históricos que se dieron en la antigua Grecia. Parte de la existencia de un comunismo primitivo, que al desintegrarse provoca la desunión de la sociedad, que llevará a lo que en términos marxianos será la “lucha de clases”, llevando al primer sistema de gobierno decadente: la timocracia, que es el gobierno impuesto por los nobles para mantener su posición. Pero ante su incapacidad y ausencia de poder económico real, se impondrá la oligarquía, que desprecia a los nobles timócratas decadentes, aunque en este nuevo régimen lo imperante será el poder económico y no el abolengo, siendo la base de la posibilidad de ocupar cargos públicos.
Para Platón las contradicciones que se generaron llevaron a un enorme descontento social, pues “el pobre se dará cuenta de que esos decadentes (los ricos y poderosos) deben su riqueza a la cobardía de los pobres”, por lo que se originaría una guerra civil que impondrá la democracia que, no obstante, no es el sistema idóneo, porque la igualdad de todos ante la ley implica la libertad individual que debilita al Estado, ya que cada uno puede negarse a servir a los intereses de las mayorías, lo cual a la postre conduciría al caos.
Esa democracia ateniense se basaba en el modo de producción esclavista, la navegación, el comercio y el imperialismo comercial, que tuvo su apogeo en el siglo V a.C. y que buscó el sometimiento de otros pueblos aledaños. El caos producto del individualismo generó las condiciones para el establecimiento de la tiranía, donde un líder popular aprovecha las contradicciones entre ricos y pobres para obtener el apoyo de las mayorías.
A pesar de todo, para Platón la democracia es el mejor de los cinco sistemas políticos que analizó a pesar del riesgo de la tiranía, siendo la educación el factor determinante para la conservación de la democracia, que sería plena, sin diferencias económicas y sin propiedad privada.
Pero la democracia no debe considerarse una panacea, ni reducirse a un cliché, se trata de una categoría sociopolítica compleja, que debe ser analizada con rigurosidad, no sólo una finalidad en sí misma o una utopía, sino la consecuencia de procesos históricos complejos.
El caso de España se presta perfectamente a una profunda reflexión al respecto. Me atrevo a pensar que, desde la llamada “transición a la democracia”, luego de la caída de la dictadura fascista de Francisco Franco, no se había vivido como ahora una situación tan complicada en el terreno de la gobernabilidad de esa nación, donde nos encontramos ante la crudeza de una verdadera democracia en acción.
Para formar gobierno se requiere una mayoría y los dos principales partidos políticos, el Partido Popular (PP), de derecha y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de izquierda, fueron incapaces de alcanzar la mayoría necesaria para tener presidente de Gobierno. Desde el 20 de diciembre pasado, cuando se realizaron las elecciones, la incertidumbre ha estado presente, y si seguimos los titulares del periódico El País resulta sorprendente la manera de cómo los acontecimientos van cambiando, generando un panorama absolutamente incierto e impredecible. El actual presidente en funciones, Mariano Rajoy, fue incapaz de generar un esquema de acuerdos y alianzas que le permitieran formar gobierno y el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, no ha podido imponerse a los dirigentes históricos de su partido —los llamados “barones”—, quienes en el estilo más caciquil y patrimonialista han tratado de bloquear una alianza con el nuevo partido de izquierda, Podemos, con lo que tendría la mayoría necesaria para gobernar.
Se trata de una problemática que da cuenta de la esencia de la política como una de las actividades distintivas del ser, que conjuga intereses, valores, convicciones, conveniencias, astucias, habilidad, sensibilidad e inteligencia, entre muchas cosas más.
En un día Pedro Sánchez se reunió con Rajoy y rechazó la propuesta de que el PSOE se abstuviera en el Parlamento para que asumiera como presidente; luego, ante la negativa de la cúpula de su partido de hacer alianza con Podemos, planteó un referéndum con su militancia para allanar el camino y formar gobierno, pero Pablo Iglesias, presidente de ese partido, sostuvo como posición irreducible un referéndum sobre la independencia de Cataluña, cosa que el PSOE rechaza, además de querer asumir la vicepresidencia del gobierno. Luego de ello buscó un acuerdo con el otro nuevo partido, Ciudadanos, de centro derecha, pero Albert Rivera plantea que cualquier acuerdo implica necesariamente considerar al PP, lo cual complica el escenario. Y para mayor complicación, el rey Felipe VI intervino proponiéndole a Sánchez formar gobierno, reconociendo que es el único capaz de concertar con las diferentes fuerzas políticas, para lo cual el dirigente le ha pedido un mes de plazo para hacer las concertaciones pertinentes.
Hoy, minutos antes de terminar este texto, leía el titular de El País: ahora Sánchez buscará negociar con aliados de Podemos, como Izquierda Unida, para presionar a Pablo Iglesias y conseguir el acuerdo necesario para formar gobierno. Un gobierno de izquierdas, que podría incluso ser incluyente con grupos de centro derecha, como Ciudadanos e incluso con sectores del PP, que tampoco deben ser excluidos en una genuina democracia.
La lección española es en verdad importante para reflexionar acerca de la democracia, ¡desde Platón hasta nuestros días!
La opción más extrema, si no es posible llegar a un acuerdo donde todos los partidos se involucren, sería repetir las elecciones, lo cual, sin embargo, generaría un escenario por demás complicado. Por ejemplo, en una encuesta reciente, si eso ocurriera el PP obtendría una votación similar, pero Podemos rebasaría al PSOE, quedando en segundo lugar, lo que significa que la sociedad española está harta del bipartidismo “PPSOE” y que efectivamente una mayoría en el límite, pero mayoría al fin en suma, se orienta por las izquierdas, aunque la centro derecha de Ciudadanos podría ser útil.
¡Se trata en realidad de un esquema apasionante que me sugiere la idea de lo que esencialmente es la democracia! “Amarres perros” —como el título del libro de Castañeda— es la realidad necesaria en la política española de hoy. Mantener la democracia que tanto trabajo e inteligencia costó a Adolfo Suárez y su partido Unión de Centro Democrático y del acuerdo con el Partido Comunista Español de Santiago Carrillo y el PSOE. Pedro Sánchez tiene la misión de conseguir esos amarres indispensables para que la democracia se plasme en un gobierno que funcione.
¿Qué pasará en España en estos días? No sé qué me tope con el titular de El País de mañana… Espero que sea algo benéfico para la democracia en España, que aún es un país dividido entre izquierdas y derechas, pero el fenómeno que se vive actualmente es inédito y debe conducirnos a la reflexión sobre la democracia.
El Padre Ubú diría: ¡Cómo se complica la vida! Póngales palitroques en las onejas!









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