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España: ¿“Podemos” ir a la izquierda?

· diciembre 24, 2015

Ismael Ledesma Mateos

 

El Padre Ubú es un Rey, no conoce otra forma de gobierno que la que obtuvo por la fuerza con la ayuda del Capitán Bordura. No fue Rey en una monarquía parlamentaria, donde con seguridad habría gobernado con facilidad pues se hubiera impuesto a las débiles mentalidades de sus súbditos. No hubiera sido hábil para maniobrar, pero habría convencido a los más tontos, aun en el siglo XXI. Pero uno se pregunta: ¿reyes en pleno siglo XXI? ¡Bueno, pero si hay guerras santas! En su libro Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos, Georges Duby nos deja ver lo cerca que estamos de la Edad Media, aun pensándonos modernos.

España tiene un Rey, aunque en verdad es una nación gobernada por un Presidente que emana de una mayoría parlamentaria, y este 20 de diciembre (20D) se realizaron las elecciones para la conformación del Congreso de los Diputados, lo que implica lo del Presidente.

La semana pasada fui testigo de la política española a ras de suelo, en un caso de la vida cotidiana. Por la noche del lunes inició el debate en el programa televisivo Cara a cara, entre los candidatos de los dos principales partidos políticos.

Yo había salido de una reunión en la Universidad y había llegado a cenar y tomar algo en un bar; me encontraba abajo del televisor. La decisión de quién iniciaba el debate fue por azar, y tocó el turno a Pedro Sánchez, el candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que sin formalismos ni diplomacias se fue de lleno contra Mariano Rajoy, el candidato del derechista Partido Popular (PP) y actual Presidente del Gobierno. Directo, contundente, lo acorraló hablando de la corrupción en la que su partido está involucrado y de la que por tanto es cómplice. Yo le dije al camarero de la barra: “Eso en términos boxísticos es abrir la pelea con un gancho al hígado”. El tipo no dijo nada y noté un aire de molestia. Era evidente que el entorno era proclive a Rajoy; minutos antes otro cliente había dicho: “Va a ganar Mariano”. Me callé la boca.

El espectáculo era excepcional. Rajoy no tenía capacidad de respuesta. Mientras Sánchez se mostraba agresivo y sereno, el Presidente estaba fuera de sus cabales. Había un parroquiano jugando en una maquinita tragamonedas —cosa común en Europa— mientras bebía su cubata. Llegaron otros clientes, bien vestidos, que comenzaron a comentar el debate. Uno de ellos, evidentemente de origen sudamericano, criticó a Rajoy, ante lo que el parroquiano comenzó a ofenderlo: “Indio maricón” y cosas así. Los miembros del grupo le dijeron que no se metiera en su conversación —uno de ellos estaba a favor de Rajoy, los demás no—, pero el parroquiano siguió agrediendo y se fue, pero regresó minutos después aún más violento, y traía consigo un cuchillo, el cual llegó a clavar en la barra. Uno de los otros clientes tomó su teléfono móvil y llamó a la policía. El parroquiano huyó para deshacerse del cuchillo y, cuando lo agarraron, los ofendidos no quisieron pasar horas en la comisaría para levantar cargos. El parroquiano se fue. Aunque al otro día estaba cínica e impunemente jugando en la maquinita tragamonedas.

Ya no pude escuchar el debate, aunque los rostros decían todo. Al otro día los diarios cabecearon: “Sánchez acorrala a Rajoy con la corrupción y la desigualdad” (El País); “Sánchez: Usted no es decente”; “Rajoy: Usted es ruin y miserable” (El Mundo). Estos titulares dicen todo; aunado a la conducta del parroquiano ante los otros clientes, nos dan cuenta de una España confrontada y dividida, donde las raíces de ello son por demás profundas y deben buscarse en la guerra civil y el franquismo.

El PP de Aznar y de Rajoy encarna eso, la reminiscencia de la dictadura disfrazada de democracia, pero a la que muchos españoles apoyan aún sin darse cuenta. Un camarero de otro lugar, inmigrante ecuatoriano —que me trató de vender un whisky adulterado—, decía orgulloso a otros clientes: “De derecha, siempre con la derecha”. ¿Será un beneficiado con la política económica del PP? ¿Cuántos euros ganará? Por eso, más allá de la fragmentación política hablo de una mentalidad esquizoide, donde en el marco de un bipartidismo el PSOE y el PP se han alternado el poder.

Sin embargo, el 20D el escenario cambió radicalmente con la emergencia de otros partidos políticos; los principales: “Podemos”, de izquierda y “Ciudadanos”, de derecha. Rajoy ganó, pero no ganó: la irrupción de estas nuevas fuerzas políticas, así como de otros partidos pequeños llevó a una fragmentación del voto duro de los partidos tradicionalmente mayoritarios y llevó también a un resultado numérico que no permitirá al PP ni al PSOE formar gobierno por sí solos, requiriendo la conformación de alianzas complejas haciendo un tejido político fino (la filigrana, dicen los franceses). Un importante sector del electorado votó por otras opciones diferentes a las convencionales y colocó a ambos partidos en un predicamento: el nuevo parlamento es un rompecabezas, las piezas no encajan fácil.

El PP obtuvo 123 diputados (28.72%), en tanto que el PSOE 90 (22.01%), “Podemos”, 69 (20.66%), “Ciudadanos”, 40 (13.93%), por lo que ninguno alcanza la mayoría necesaria para gobernar (176 escaños de un total de 350). Ni siquiera en una alianza de derechas entre PP y “Ciudadanos”, o de izquierdas entre PSOE y “Podemos”, por lo que la única alternativa sería la alianza con otros partidos minoritarios, la mayoría nacionalistas que también obtuvieron escaños en la elección “Esquerra Republicana de Catalunya y la plataforma Catalunya Sí (ERC-CATSI), 9; Democracia y Libertad, 8; Partido Nacionalista Vasco, 6; Euskal Herria Reunido (EH Bildu), 2, Izquierda Unida, 2; Coalición Canaria-Partido Nacionalista Canario (CCa-PNC), 1) o una absurda alianza entre el PP y el PSOE

La realidad es que los partidos hegemónicos bajaron su presencia de 73.5% a 50.77%, y “Podemos” aparece como la nueva fuerza emergente de izquierda, cuyo origen se remonta al movimiento popular llamado “de los indignados” o 15M (por la manifestación del 15 de mayo de 2011), que buscó alternativas de acción política más allá del bipartidismo tradicional, que llegó a bautizarse como “PPSOE”. Se trató de un movimiento vivo, espontáneo, producto del hartazgo ante una democracia que más pareciera una simulación, dominada por los bancos y las grandes corporaciones multinacionales.

“Podemos” aparece así como un partido de izquierda genuino, que busca remontar el anquilosamiento en el que el PSOE cayó y que ahora es posible constatar en los resultados electorales. No obstante, existe una contradicción entre el 15M, que sostenía “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas”, y la emergencia del partido dirigido por Pablo Iglesias, donde se pasa de una estructura horizontal de comités populares al centralismo vertical de un partido político. Ahora “Podemos” se enfrenta a la realidad de pasar rápidamente de la perspectiva de construir gobierno en coalición con el PSOE y otras fuerzas nacionalistas y de izquierda. Sí, “Podemos” fue el verdadero ganador de la contienda con 69 diputados en su primera contienda; Sánchez no es el perdedor y ahora enfrenta el reto de formar una gran coalición en la que incluso tendrá que ceder ante las expectativas independentistas si quiere formar esa alianza.

“España quiere izquierda, quiere cambio”, declaró y efectivamente la suma de todos los diputados, con la exclusión del PP y “Ciudadanos”, daría 187, suficientes para hacer gobierno y nombrar Presidente, y, como declaró Pablo Iglesias: “España ha votado por un cambio de sistema inaplazable”. Otro dato importante es que “Podemos” está cerca de un 23% del PSOE, cantidad nada despreciable.

Estas paradojas de la política y de la verdadera democracia, no son propias de una monarquía cuasi medieval, como la que Ubú representa, y el rey Felipe VI tendrá que afrontar el reto de asumir lo que mayoritariamente esa España dividida decidió en las urnas.

P.D. ¿Les recuerda algo conocido?

[email protected]

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