Ismael Ledesma Mateos
El 9 de noviembre de este año El Universal publicó un artículo de Carlos Salinas de Gortari titulado “Leyendo adecuadamente a Maquiavelo… y a los que lo comentan”, donde da cuenta de su participación en un diálogo con el académico Maurizio Viroli de la Universidad de Princeton, experto en Maquiavelo, evento realizado en el Instituto Mexicano para la Justicia (Imjus), donde el ex presidente de México mostró sus conocimientos acerca de uno de los teóricos de la política más importantes en la historia: Nicolás Maquiavelo (1469-1527).
Es imposible hacer política sin haber leído a Maquiavelo, al igual que a Lenin y Gramsci, pero sin duda la lectura de El Príncipe y los Discursos sobre la primera década de Tito Livio son algo fundamental. Me encantó leer el texto de Salinas, ese gran presidente de la nación, al que el futuro llamaba “el innombrable”. Eso lo entiendo, porque así es la política y Andrés Manuel, al igual que Salinas es un gran político y, pensando en términos maquiavélicos es necesario confrontar de manera vehemente al adversario, aunque luego se convierta en tu aliado.
La política es “el arte de la paciencia”, pero también el de la escucha y la comprensión. ¡Se parece tanto al psicoanálisis! En ello jamás se puede actuar visceralmente pues las consecuencias pueden ser muy graves, por lo que es fundamental es la mesura y tener la capacidad para apagar fuegos. Mi hijo Andrés cuando era muy pequeño me dijo que quería ser “científico y bombero”, y le contesté: ¡Como tu papá!, pues cuando hice política fui un buen “bombero” además de ser científico. Y en política eso es crucial, conjugar el conocimiento, con la habilidad y la capacidad de conciliar o manipular a los otros.
Salinas fue un estudiante brillante, un gran economista y hábil político, además de perverso, que supo gobernar a un país en crisis. Fue alumno del más importante especialista en Emiliano Zapata, John Womack Jr., autor del magnífico libro Zapata y la Revolución mexicana, lo cual sin duda marcó su pensamiento. Pero leer a Salinas escribiendo acerca de Maquiavelo me encantó, las citas que usó en su intervención son de lo mejor que uno puede encontrar en los textos: “¿Cuál es el poder de la Fortuna en las cosas humanas y cómo hacerle frente”, lo que mostraba la relevancia de los acontecimientos inesperados (los golpes de la Fortuna) sobre la responsabilidad de gobernar: “Si los tiempos y las cosas cambian el gobernante se arruina porque no cambia su manera de proceder… porque habiendo siempre prosperado cambiando por una vía, no puede persuadirse de apartarse de ella”(El Príncipe, Cap. XXV).
Pienso que en su reflexión sobre Maquiavelo, Salinas, como un gran político piensa en sí mismo. Así escribe acerca de la “paradoja de Maquiavelo”, la cual enfatiza en los discursos sobre la primera década de Tito Livio: “Un hombre que está acostumbrado a actuar de una manera, no cambia nunca, y cuando las circunstancias cambian en sentido contrario a su forma de proceder, inevitablemente fracasa” (La primera década se Tito Livio, Libro III, Discurso 9). Y luego prosigue: “Nunca deben darse por vencidos… como la Fortuna emplea caminos desconocidos, siempre deben tener esperanza; y por esa esperanza… no deben darse por vencidos, ante cualquier golpe de Fortuna o circunstancia que se encuentren” (Discurso 9 del libro III).
El uso del concepto “Fortuna” en Maquiavelo implica lo que llamamos en términos sartreanos “la fuerza de las cosas”, que a su vez implica el componente de “el azar”, y la circunstancialidad, algo que es determinante en la historia, que va ligado a la imagen de una bifurcación. Ésta es una imagen que uso en mis cursos tanto de historia de la biología y de sociología de la profesión de biólogo cuando me refiero a un concepto creado por mi maestro Bruno Latour, que es el de la “historia formación” que implica al actor n+1, que es la incertidumbre, pues en la realidad histórica la certeza es algo que está por verse, pues en realidad no sabemos lo que va a pasar y algo ahí presente es precisamente la bifurcación.
Cuando doy esa clase siempre me refiero a la novela de Victor Hugo Los Miserables, donde en el capítulo “Waterloo” crea una narración de la situación en la que Napoleón Bonaparte tiene la duda de cómo posicionar a sus tropas para el combate y como el enemigo, el general inglés Wellington, pregunta a un niño pastor cómo es la condición del terreno y él le dice las características del lugar, y con base en eso acomoda a su tropa, lo que va a determinar la derrota de Napoleón y el triunfo de los ingleses. Ahí nos encontramos con un magnífico ejemplo de la bifurcación, que se liga perfectamente con la “Fortuna” de Maquiavelo.
Quien hace o ha hecho política en serio, quien la ama y tiene pasión por ella sabe que algo inseparable de ella es la incertidumbre. Es como en física el gato de Schrödinger, que es imposible saber dónde está en un momento determinado en el interior de una caja, donde podría estar vivo o muerto. Así es la política, y el que no quiera perder, pues que no haga política, como el que el hombre no se arriesgue a ser rechazado, ¡que nunca busque a una mujer! Y aquí de nuevo retomo a Maquiavelo, pues la fortuna implica el riesgo, y conlleva el valor de afrontarlo.
Independientemente de mi partidarismo por Andrés Manuel López Obrador, siempre he admirado a Salinas y me encantó leer lo que escribió sobre Maquiavelo. Creo también que AMLO será un gran presidente, al igual que Porfirio Díaz, Venustiano Carranza, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Adolfo López Mateos, y Carlos Salinas de Gortari. Y bueno, quiero reiterar que leer a Maquiavelo, a Lenin y a Gramsci es lo que nos puede conducir a una visión correcta de la política.
El Padre Ubú evidentemente no leyó a estos autores, y nunca le hubiera interesado, pues para su visión el poder sólo es ser “el señor de las phinanzas” y nunca hubiera entendido que la verdadera política no es eso.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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