Ismael Ledesma Mateos
Fastidiado de trabajar encendí la TV y me conecté a Netflix, donde encontré una serie brasileña de suspenso y ciencia ficción llamada 3%, que relata la situación de un pueblo en un futuro distópico o antiutópico entre un lugar llamado “El Continente” y una isla paradisiaca llamada “Mar Alto”. La mayoría de la población en tierra firme es pobre y vive en favelas, mientras que una élite se encuentra en la isla con todo tipo de comodidades. Cada año, las personas de 20 años tienen la oportunidad de dejar esa vida y acceder a la isla a través del “proceso”, pero solamente 3% de ellas conseguirá superarlo, al pasar una serie de pruebas que determinan si los candidatos son oportunos o no para viajar al exterior. En el caso de que los candidatos superen con éxito las pruebas, se cancela todo vínculo con su familia y su entorno previo al reclutamiento, además de que serán esterilizados (proceso de purificación) para garantizar que sólo llegan a Mar Alto aquellos con las cualidades y resistencia que implica pasar “el proceso”, para poder escapar de la devastación y la miseria que priva en “el continente”.
Se trata de un sistema de dominación de la población, basado en una esperanza absurda que pone a prueba a los candidatos a extremos inhumanos, incluso llegando al caso que luego de una entrevista (la primera prueba) uno no aprobado se suicida ante la frustración de no continuar en “el proceso” (episodio uno), consecuencia de la ideologización que implica pasar “el proceso” para acceder a una “vida mejor”. No obstante, existe un grupo político, La Causa, que confronta al régimen y busca erradicar “el proceso” pues no estarán dispuestos a continuar con ese sometimiento en un mundo totalmente desigual. Se trata de una metáfora revolucionaria, donde los miserables se enfrentan a los oportunistas, que quieren vivir en un paraíso ficticio. Al verlo en pantalla me produjo náuseas. Un elemento interesante es la utilización de tecnología sofisticada para el control de las mentes (algo más rebuscado que la tenazas de descerebración del Padre Ubú, pero con resultados similares) dejando en la idiocia a quienes se oponen “al proceso”. Aquí aparece un aparato que borra la memoria, así como la utilización de microchips para ubicar la localización de los individuos. En el paraíso de Mar Alto, igual que su antesala, “el proceso”, todo debe estar bajo control.
Tal como en Los hijos de los hombres (o Los niños del hombre), de Alfonso Cuarón, se aborda una situación de distopía, término opuesto a utopía, que se aplica a un tipo de mundo imaginario que se considera indeseable, que ha sido recreado en la literatura y el cine, dejándonos ver el peligro que implica la ideologización de la tecnociencia en detrimento de la libertad humana. Aquí viene a mi mente una importante lectura de mi juventud: Un mundo feliz (en inglés Brave New World), la novela más famosa del escritor británico Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932. La novela es una distopía que se centra en el abuso del desarrollo en tecnología reproductiva, de la producción de humanos en cultivo, de la hipnopedia, y el control y manipulación de las emociones por medio de drogas (el SOMA) que, al aplicarse de manera combinada, cambian completamente a la sociedad.
Por su parte, mundo de 3% es una utopía, plagada de ironía y ambigüedad, donde la humanidad es ordenada en castas en las que cada uno sabe y acepta su lugar en el engranaje social, saludable, avanzado tecnológicamente y libre sexualmente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la paradoja es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión, la filosofía y el amor. De ahí la idea del “ritual de purificación” en 3%, donde la esterilización es crucial.
La tentación de utilizar la ciencia y la tecnología para el control de los cuerpos y las mentes ha sido adecuadamente abordada por varios autores, y cuando veía 3% recordaba Un mundo feliz, pero también la magnífica novela de Arthur Koestler Los convocados (The Call Girls), donde narra una reunión mundial de científicos interesados en la manipulación de los cerebros y la mente humana, algo que cualquier poderoso desearía poder conseguir para tener el control de aquellos que gobierna. Al respecto, Gustavo Faverón ha escrito: “Una poderosa discusión del rol de los intelectuales en las grandes crisis políticas de la segunda mitad del siglo XX, y de sus posibilidades de aportar soluciones a esos mismos problemas, desde las más variadas áreas del conocimiento. El tono y la mirada son escépticos (las Call-Girls, es decir, las prostitutas aludidas en el título, son los intelectuales más destacados del mundo, convocados a un congreso con la esperanza de que ideen salidas a una terrible crisis mundial). Y, sin embargo, uno tiene la impresión inevitable de que el pesimismo de la voz narrativa tiene grietas, que el hecho mismo de plantearse ese tema particular y desarrollarlo en un par de centenares de páginas finamente tejidas es la demostración de la fe íntima de Koestler en el poder del diálogo y el debate”. The Call Girls, “las parlanchinas” o “las prostitutas”, da cuenta de la bajeza moral de científicos e intelectuales que se comportan como cortesanos al servicio del orden establecido. El conocimiento al servicio del poder y de los intereses más aviesos.
Una parte, por demás ilustrativa, del libro es la siguiente, que se refiere a una conferencia: “Para empezar, les mostraré una película acerca de una extraña corrida de toros… El animal que verán ustedes es un llamado ‘toro bravo’, una raza criada especialmente por su ferocidad. Contrariamente a lo que sucede con los restantes toros, que reaccionan con indiferencia ante las personas, el toro bravo, al ver a una persona, arremete mortalmente contra ésta…” A continuación narra una escena donde: “Apareció un ruedo vacío, bañado por el sol, sin espectadores ni toreros a la vista. Después se presentó en la arena un hombre solo —el profesor— vestido con pantalones tejanos y una camisa de polo. En lugar de un arma, llevaba un pequeño instrumento que parecía un aparato de radio portátil con antena. Después fue soltado un toro de aspecto muy fiero. En cuanto éste se percató de la presencia del profesor, empezó a trotar hacia él y después se detuvo e inició su característica carga de tren expreso. Cuando el toro se hallaba a escasos metros de distancia y parecía que al profesor sólo pudiera salvarlo un milagro, el milagro se hizo realidad. La cámara mostró un primer plano de los dedos del profesor que giraron hábilmente un botón de la radio. Con los cuernos a escasos centímetros del vientre del profesor, el toro se detuvo bruscamente como si hubiera tropezado con una pared invisible, y después se alejó despacio, como si estuviera aburrido. El profesor giró otro botón y el toro se agachó. La acción se repitió diez veces y el toro se agachó en todas las ocasiones. Se había vuelto tan manso como un cordero”.
El conferencista dijo a continuación: “Acaban ustedes de ver una de las muchas aplicaciones de la técnica conocida bajo la denominación de estimulación eléctrica del cerebro o EEC para resumir. El toro lleva varios electrodos —delgadas agujas de platino— permanentemente aplicados a distintas profundidades de zonas determinadas del cerebro. Los electrodos están conectados con un transmisor/receptor minúsculo —un ‘estimoceptor’— fijado al cráneo del animal por medio de cemento dental. El aparato le permite al experimentador recibir información acerca de las actividades que se registran en el cerebro del animal y, al mismo tiempo, le permite estimular la actividad de cualquier zona determinada por medio de diminutos impulsos electrónicos…. el profesor Delgado ha conseguido que el toro se detuviera bruscamente, y después ha conseguido que se desplazara a un lado activando los electrodos de la corteza motriz de la parte superior del cerebro y al mismo tiempo los centros profundos de la parte media del cerebro que inhiben las emociones agresivas. Ha podido, de esta forma, no sólo guiar los movimientos del toro, sino también modificar su estado de ánimo, que ha pasado de la violencia a la docilidad… A lo largo de la última década… la estimulación eléctrica del cerebro por medio de la implantación de electrodos se ha aplicado a las ratas, los gatos, los monos, los delfines, los grillos y los toros.”
Lo esencial en Los convocados es el uso distorsionado de la ciencia, que conocemos como “cientificismo”, y esto se ve también claramente en 3%, cuando el conocimiento científico es utilizado para el control de los cuerpos, como el caso en el que en una prueba los candidatos en “el proceso” tienen que cruzar un túnel donde se inyecta un gas que produce psicosis o el llevar a los “procesados” a un estado de violencia inducida por el encierro y la falta de alimentos, al extremo de llegar a matar a otros compañeros, como en los experimentos de Emlen donde el hacinamiento que lleva a la falta de alimento produce conductas agresivas y criminales en las ratas con las que trabajó. Otro componente que forma parte de “el proceso” es la ideologización previa que se da en el conjunto de la población, lo que se mezcla con la religiosidad, donde llegar a Mar Alto es la realización para el individuo, lo cual es pregonado por un sacerdote en sus prédicas públicas, y que llega al extremo de enviar a la policía a detener a su hijo que desertó de “el proceso” y que realizó una arenga en su contra.
Esta serie, protagonizada por Bianca Comparato (Michele, que ingresa a “el proceso” para sabotearlo por dentro, como parte de “la causa”) y João Miguel (Ezequiel, el director de “el proceso”, un personaje paradójico que en su juventud fue parte de “la causa”), me llevó a recordar el libro de Koestler, Los convocados y volver a leerlo, pensando en la importancia de la relación entre la ciencia, la tecnología y la manipulación de los cuerpos y las mentes. Una cuestión que no debemos dejar de tener presente, pues de ello depende el futuro de la humanidad.
El Padre Ubú hubiera querido que su reino fuera controlado de esa manera. Claro, él no pensaba en la ciencia y la tecnología, pero hubiera sido algo de gran utilidad para mantenerse en el poder, manipulando y controlando a la población, sometida a sus intereses, utilizando recursos más sofisticados que la introducción de palitroques en la onejas y el uso de las tenazas de descerebración, pues hay formas de descerebrar más elaboradas, basadas en la ciencia y la tecnología.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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