Ismael Ledesma Mateos
Ahora que abundan las calumnias en contra de la Directora del CONACyT, vale la pena reflexionar acerca de la relación entre ciencia, tecnología y sociedad. Por fortuna en el CINVESTAV, hace varios años, se creó el Doctorado Transdisciplinario en Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de la Sociedad (DCTS), donde participo y he podido invitar a varios ponentes para dar conferencias en el Seminario de los lunes, que ahora es de forma virtual. Fue así que el 12 de octubre contamos con la presencia del Dr. Irlan von Linsingen, de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil, que impartió el tema “Educación en Ciencia y Tecnología para la Sociedad”.
En el artículo “Popularizaciones de la ciencia y la tecnología en América Latina. Mirando la política científica en clave educativa” Manuel Franco Avellaneda e Irlan von Linsingen afirman que:
Desde hace un largo tiempo la escuela está siendo interpelada por escenarios alternativos que proponen estrategias para el acceso al saber y a la cultura. Este es el caso de la popularización de la ciencia y la tecnología (pct), la cual es reconocida socialmente como una práctica que atrae y divierte a los niños, pues supuestamente se vale de dinámicas que permiten una interacción más cercana con los conocimientos científicos, razón por la cual se conseguiría un aprendizaje más activo. Bajo esta situación se articula, de manera explícita, la política científica y tecnológica con la educación a través del nacimiento de programas y proyectos que se conciben como educativos en la medida en que contribuyen a la creación de una cultura científica actuando directamente sobre grupos escolares. Es posible encontrar ejemplos de lo anterior en diferentes países de la región como los programas “Explora” en Chile, financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y “Ondas” en Colombia, financiado por Colciencias. En este sentido, tendríamos que preguntar: ¿cómo se configura el posicionamiento de estas prácticas en Latinoamérica?, evidente en por lo menos tres aspectos: el primero, el aumento de instituciones orientadas a estas prácticas, privilegiando a los museos de ciencia, los cuales se han convertido en la bandera de la pct. Su número sobrepasó las cien instituciones en América Latina a inicios del siglo XXI. El segundo es la articulación de un conjunto de iniciativas que trabajaban en esta área, como consecuencia de la creación de una red de popularización de la ciencia y la tecnología para América Latina y el Caribe conocida como la Red-pop, la cual nació en 1990 con el apoyo de la Unesco. Tercero, la emergencia de políticas públicas específicas en este campo que han sido discutidas en toda la región, orientadas a regular y apoyar el aumento del número de iniciativas. En este sentido, por ejemplo, en Colombia fue lanzada en 2005 la política de apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación (Colciencias, 2005), en tanto que en ese mismo año en Brasil era presentado un esbozo de política de popularización de la ciencia en el marco de la III Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología y el Convenio Andrés Bello lanzó, en 2008, una política también de apropiación con el objetivo de dar lineamientos y fortalecer los programas nacionales y regionales de los países signatarios.
Es trascendental reflexionar acerca de estas relaciones. En su conferencia, el Dr. Von Lisingen abordó las relaciones entre Educación, Ciencia, Tecnología y Sociedad partiendo de la pregunta ¿Por qué las personas necesitan la ciencia y la tecnología? Se trata de un problema complejo, donde mucha gente piensa en esta situación de manera pragmática y aplicativa, en términos de patentes y cuestiones industriales o empresariales. ¡Nada más absurdo!
La popularización de la ciencia y la tecnología con la sociedad debe ir de la mano con la educación y la enseñanza, verlas desvinculadas es algo aberrante que ha llevado al predominio de las visiones tecnocráticas y empresariales, que han desvirtuado la vinculación entre ciencia y tecnología. Se requiere un arduo trabajo para desmontar esas visiones que, sin duda alguna, dañan el avance científico y tecnológico. Si realizamos una investigación de campo sobre este aspecto, nos podremos dar cuenta fácilmente del impacto de la ignorancia, donde en la mayoría de la sociedad impera la idea utilitaria y de aplicabilidad, sin entender la importancia del conocimiento por sí mismo. Incluso en mis clases me preguntan: ¿eso para qué sirve? Y la respuesta es: ¡Para saber! Pero en la mediocre mentalidad sometida al capitalismo, eso no significa nada. Como dirían los derechistas en mi juventud, lo importante de la escuela es que aprendan a leer, escribir y hacer cuentas, y ahora agregarían: que sepan computación e inglés, pues la escuela solo debe servir para hacer lacayos, siervos, inconscientes e incultos.
Al Padre Ubú estas cosas no le importarían él venía de la ignorancia, se movía en ella, era su ámbito vital. Pero en nuestro mundo contemporáneo eso no es así, por lo que vale la pena reflexionar al respecto, y en esto, lo estudios sociales sobre la ciencia, la tecnología tienen un papel fundamental, como lo muestra el trabajo de Irlan von Linsingen, que ha realizado una importante contribución a esta temática en un país periférico como es Brasil.
¡Para mí es suficiente!









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