Ismael Ledesma Mateos
Una noticia reciente y por demás importante es la realización de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo por la editorial española Liber Ediciones, una nueva versión del tratado más lúcido sobre doctrina política, en la brillante traducción y con anotaciones de Mauro Armiño.
Como señalan sus editores: “El proyecto de El Príncipe surge en tiempos de turbulencias a nivel mundial, en el ámbito político y social. La obra que presenta Liber Ediciones en coedición con el mexicano Lamán Carranza, aspira a llamar a la reflexión a los líderes de España y México, de América y Europa, porque, también la democracia, donde existe, se ve afectada por un temblor global que sólo podrá calmar una buena gestión política. Las palabras de Maquiavelo, bien entendidas, deberían propiciar un diálogo edificante entre ideas distintas, buscando el compromiso, la motivación, la inspiración y la pro-actividad de todos los poderes en favor de una regeneración de la cosa pública y una nueva reorganización del orden mundial.”
Se trata de una magnífica y lujosísima edición con prólogo del doctor Ignacio Iturralde, quien ofrece un retrato de Maquiavelo en el eje de la sociedad florentina y la síntesis de su teoría política, junto con un estudio del pensamiento maquiaveliano y su influencia en España y en el nacimiento de las repúblicas iberoamericanas presentado por el doctor Ambrosio Velasco Gómez, de la UNAM, que tiene por título: “El príncipe de Nicolás Maquiavelo: una lectura republicana desde Iberoamérica”. El libro cuenta adicionalmente con bellas obras de arte acerca de Maquiavelo en “un mundo de luchas e intrigas en pleno Renacimiento”. Los quince grabados son originales, cinco de Manuel Alcorlo, cinco de Vicente Arnás y cinco de Pedro Osés, numerados y firmados, además de numerosos dibujos litográficos entre el texto.
El jueves 7 de marzo del presente año esta obra de alta bibliofilia se presentó en la Cámara de Diputados, en el Salón Verde del Palacio Legislativo de San Lázaro, con la participación de Beatriz Urrizola Sotro, responsable internacional de Liber Ediciones, Ambrosio Velasco Gómez, investigador de la UNAM y el bibliotecario Faustino Jiménez. El acto estuvo moderado por la comunicadora Ana Cristina Peláez, con disertaciones de gran nivel y calidad, algo relevante en contexto determinante para la vida política del país.
El Príncipe es una obra que deben conocer y leer con rigor quienes son responsables de tareas trascendentales para el presente y futuro de la nación y la preservación de nuestra soberanía.
Con el magnífico criterio que le da su labor como editora, Beatriz Urrizola Sotro hizo un recorrido claro y sintético acerca del valor de la obra y de la construcción de la labor editorial de Liber Ediciones, en términos de “alta bibliofilia contemporánea”, con una narrativa que me encantó, para luego de ello dar la palabra al Dr. Ambrosio Velasco Gómez, quien expuso de forma sintética sus ideas acerca del pensamiento de Maquiavelo, desde una perspectiva iberoamericana, mostrando cómo él parte de la idea de la República, concepto central para el teórico florentino y nos lleva por el camino de las diferentes corrientes republicanas que buscaron construirse en Europa y en España, y cómo éstas, llegaron al Nuevo Mundo, hasta constituir los estados y repúblicas iberoamericanas actuales.
Faustino Jiménez García señaló que esta “joya bibliográfica” es una edición muy corta y la primera pensada para Iberoamérica, con una encuadernación hecha a mano, además de la presencia de ilustraciones originales y firmadas por los artistas.
Durante la ceremonia por la donación de un ejemplar de una edición limitada a 195 copias de la obra El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, el diputado Ricardo de la Peña Marshall (Partido Encuentro Social), presidente del Consejo Editorial de la Cámara de Diputados, aseguró que este libro “en sí es un tesoro y junto a su contenido es una obra de arte completa”.
Liber Ediciones publicita al respecto de De Principatibus de Nicolai Machiavelli, la importancia del proceso original de su elaboración:
“En 1532, cinco años después de la muerte de Maquiavelo, los tipógrafos Antonio Blado de Roma y Bernardo da Giunta de Florencia publican las dos primeras ediciones de una obra que el 10 de diciembre de 1513 se hallaba en un estado de gestación tan avanzado que ya había sido leída por un amigo común, Filipo Casavecchia. Desde ese inicio, el título De Principatibus quedaba sustituido por Il Principe —ya admitido por la tradición— y el texto era sometido por los impresores a una reelaboración que facilitaba la comprensión de pasajes sintácticamente fracturados u oscuros. El texto manuscrito de Maquiavelo se perdió y sus ediciones fueron condenadas por el Index vaticano para toda la Europa católica y maldecidas por el naciente protestantismo. Sólo en el último suspiro del siglo XIX, en 1899, se inicia su edición con criterios científicos a partir de seis códices, sin parentesco con la copia utilizada por esas primeras ediciones. El sentido de principato queda definido en una carta suya de 1513 cuando expresa el objetivo que anima su empresa: indagar ‘qué es un principado, de qué clases son, cómo se adquieren, cómo se mantienen, por qué se pierden’, pues ‘todos los estados, todos los gobiernos que han tenido y tienen poder sobre los hombres, han sido y son o repúblicas o principados’.”
Algo realmente importante es la participación por parte de México de Ambrosio Velasco Gómez, quien desde hace años ha mostrado interés por la obra de Maquiavelo. Él en 1985 publicó un valioso artículo titulado: “El criterio de verdad efectiva de Nicolás Maquiavelo” (Dianoia, Programa de Investigación en la ENEP Acatlán), donde aborda una categoría crucial en la filosofía política maquiaveliana y reflexiona acerca de este criterio. Nos dice: “La expresión ‘Verdad efectiva’ la utiliza Nicolás Maquiavelo en el capítulo XV de EI Príncipe. Sin embargo, el sentido de esta expresión está presente en todas sus obras políticas e históricas. Incluso podríamos afirmar que este criterio no es exclusivo de Maquiavelo sino que pertenece a la cultura del Renacimiento italiano. […] La cita donde aparece la expresión ‘Verdad efectiva’ es la siguiente: ‘Réstame tratar de la conducta y procedimientos que debe seguir un príncipe con sus súbditos y con sus amigos. Sé que muchos han escrito de este asunto y temo que al hacerlo ahora yo, separándome de las opiniones de los otros se me tenga por presuntuoso. Pero mi intento es escribir cosas útiles a quienes las lean y juzgo más conveniente irme derecho a la verdad efectiva de las cosas que como se las imagina; porque muchos han visto en su imaginación repúblicas y principados que jamás existieron en la realidad. Tanta es la distancia de cómo se vive y cómo se debería vivir que quien prefiere a lo que se hace a lo que deberá hacerse, más camina a su ruina que a su preservación, y el hombre que quiere portarse en todo como bueno por necesidad fracasa entre tantos que no lo son, necesitando el príncipe que quiere conservarse aprender a poder ser no bueno y a usarlo o no usarlo según la necesidad…’ Para esclarecer el significado contextual del criterio de ‘Verdad efectiva’, conviene privilegiar los conceptos de conducta (o procedimiento, o acción), utilidad y necesidad.”
Se trata de una categoría de gran valor en la política, pues se trata de conocer y entender “la verdad efectiva del poder” y la “verdad efectiva de las cosas”, que es lo que debe guiar la acción del gobernante, más allá de prejuicios, lo que implica el valor de la acción. Para Maquiavelo “los hombres son tristi, egoístas, desleales, inclinados al mal, y los gobernantes no pueden ignorarlo. Pero aunque la naturaleza humana no cambia, sí cabe considerar que desde tiempos de Roma la condición de los hombres se degradó (traligna), siendo preciso buscar en los tiempos antiguos las soluciones para el presente, tanto en la organización política como en la militar”. Esto es genial, y jamás debe perderse de vista para un buen gobierno, lo cual se ve plasmado desde sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, hasta El Príncipe.
El Padre Ubú nunca pretendió ejercer en su reino un buen gobierno, soló le importaba la riqueza y nunca hubieran pasado por su cabeza tales reflexiones y consideración teóricas y filosóficas acerca de los alcances de la acción política. Lejos del pragmatismo que representa Ubú Rey, la “verdad efectiva” implica lo que llamaríamos “la política en acción”, que debe guiar la manera de gobernar, basada en el pensamiento y la reflexión.
¡Para mi es suficiente!









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