Ismael Ledesma Mateos
Grecia es desde hace muchos años un lugar digno de la acción del Padre Ubú, donde la inestabilidad política, los golpes de Estado y las crisis económicas son una constante. La región que fuera la cuna de la idea de democracia es ahora el escenario de la crisis más ostensible del capitalismo imperial que domina al mundo. Grecia, gobernada en la actualidad por la izquierda, ha sido víctima de gobiernos militares de ultraderecha que tomaron el poder al final de la década de los años sesenta.
Geográficamente cerca de la Unión Soviética, Grecia era un territorio políticamente complejo y conflictivo. De hecho, la dictadura militar instaurada entre 1967 y 1974 es considerada como “un episodio más de la guerra fría”, donde se buscó conjurar “el peligro comunista”, suprimiendo las libertades políticas de una manera feroz. En un contexto de inestabilidad política el gobierno de Georgios Papandreu, demócrata convencido, quien en los hechos no pudo gobernar y fue derrocado, en el marco de un proceso donde destaca el asesinato del diputado Grigoris Lambrakis en 1963, recreado en la magistral película de Costa Gavras: Z (1969).
Grecia se encontraba hundida en una grave confusión con Constantino II, quien al asumirse como rey bloqueaba las acciones de Papandreu como primer ministro, cargo al que oficialmente dimitió en 1965, dejando el poder en manos del diputado Constantinos Mitsotakis, aunque en los hechos Papandreu estaba ahí con toda su influencia, y ante la incapacidad de la monarquía los militares fraguaron el golpe de Estado que culminó el 21 de abril de 1967, cuando con el falso pretexto de la entrada del Ejército Rojo de la URSS en territorio griego, se instauró la “dictadura de los coroneles” que impuso como gobernante al coronel de artillería Georgios Papadópoulus, quien había sido un colaboracionista de los nazis y posteriormente agente de la CIA. Éste se mantuvo en el poder hasta el 24 de julio de 1974, cuando fue derrocado y pudo establecerse la Tercera República Helénica.
El 26 de enero de 2015 el líder de la coalición de izquierda radical SYRIZA, Alexis Tsipras, llegó a ser nombrado primer ministro de Grecia, siendo su partido el que alcanzó la mayor votación, con 149 diputados, sólo a dos de tener la mayoría absoluta. Ya en el poder, Tsipras ha tenido que afrontar una grave crisis económica de dimensiones incomparables, consecuencia de la fragilidad de la economía de su país, su incorporación a la Unión Europea y su ingreso a la “zona euro”, moneda que ha causado estragos en varios países, que no poseen el poderío económico de las grandes potencias del viejo continente (es curioso cómo la Gran Bretaña, a pesar de haberse incorporado a la Unión Europea, mantuvo su moneda —la libra esterlina— y rechazó la instauración del euro).
El euro es una moneda que ha causado estragos en varios países, entre ellos Portugal y Grecia, que han tenido que ser rescatados para mantenerlos en el esquema instaurado por las grandes potencias promotoras de la moneda unificada. El cambio al euro no implicó un incremento de salarios, que es la queja de la mayoría de la población, incluso en países como Francia y España, donde el incremento de los costos llegó a niveles de un 120%. Para Grecia la situación es grave, pues su rescate implica la participación de los grandes consorcios internacionales, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Central Europeo (BCE), los cuales han sangrado históricamente a los países subdesarrollados o con economías emergentes, como ha ocurrido en América Latina.
En la realización de un referéndum el domingo 5 de julio, el “no” rechazando la propuesta de rescate internacional se impuso con 61.31% de la votación. Sin embargo, las presiones internacionales son enormes, colocando al gobierno de Tsipras en una situación difícil, debiendo aprobar un segundo paquete de reformas que en el parlamento obtuvo (230 votos a favor, 63 en contra y 5 abstenciones), las cuales han sido fuertemente criticadas pues incluye medidas consideradas como salvajes. Esto ha provocado una división en el seno del partido gobernante SYRIZA, pues de sus 149 diputados, 36 votaron en contra o se abstuvieron.
Se trata de reformas a la economía exigidas por los acreedores, como alza de impuestos, recorte de gastos y aumento en la liquidez de los bancos que, de ser aprobados, generarán un enorme descontento entre la población, tornando impopular a un gobierno atacado por sus adversarios de ser “populista”.
Para liquidar las deudas con el BCE y el FMI se requiere dinero prestado de la Unión Europea y negociar un tercer paquete de rescate financiero por 85 mil millones de euros (93 mil millones de dólares). Ante el parlamento, Tsipras admitió haber cometido errores en la negociación de la deuda y agregó: “pero estamos orgullosos de haber luchado”. Además, prometió que su gobierno nunca permitirá que los bancos embarguen las viviendas de los griegos, lo que en los hechos puede ser considerado una especie de derrota.
Desde el 2010 las crisis han impactado a la UE, mostrando que su modelo económico no es viable. Grecia es una muestra palpable de la crisis del euro y de la inviabilidad del capitalismo imperial, cuya única finalidad es el enriquecimiento de unos cuantos a costa de mermar el bienestar de la mayoría de la población. Aquí deja verse la preocupación por la protección a los bancos, cuyo rescate se presenta como más importante.
Recordemos el texto de Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, donde en la parte referente a “Los bancos y su nuevo papel”, dice: “El nuevo papel de los bancos y la fusión de éstos con el capital industrial llevan a la formación del capital financiero y al poder de la oligarquía financiera. Los bancos ya no son pequeños prestamistas. Los volúmenes de capital en liza son tan grandes que su actividad se vuelve imprescindible para la producción. Aún más, la información y la capacidad de incidencia que tienen los bancos los convierten en un centro decisivo (y decisorio) para la economía de cada país.”
Esta situación puede verse de manera tangible en Grecia, como de otra manera la hemos vivido en México (recordemos el Fobaproa).
A pesar del ¡no! del pueblo griego, el capitalismo imperialista se vale de mañas que enorgullecerían al malvado Padre Ubú para imponerse y mantenerse en el poder, tanto económico como político. Sin embargo, esperemos que el desenlace de este proceso pueda desviar el curso que están tomando los acontecimientos deslindándose del interés popular. El tiempo lo dirá.









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