Ismael Ledesma Mateos
El existencialismo fue una filosofía trascendental durante la segunda mitad del siglo XX que, desde mi perspectiva, continúa siendo vigente, pues es la mejor manera de entender el fenómeno humano con sus complejas tribulaciones y especificidades. Jean-Paul Sartre, el gran filósofo existencialista, tuvo claro que la filosofía en acción implica no sólo la docencia, que ejerció por poco tiempo, sino la necesidad de hacer que su pensamiento llegara a sectores más amplios de la sociedad, pues la filosofía no debe concebirse como una actividad académica o escolar sino como algo determinante para la comprensión de la vida misma, tanto en lo cotidiano como en lo académico, lo científico y lo político. Por ello Sartre decidió tomar el camino de la escritura, alejado de la espesura disciplinaria, haciéndola accesible a los no “iniciados”. Fue difícil su camino, de acuerdo a la exigencia del sistema educativo francés, donde tuvo que acreditar la “agregación” (un examen que autoriza a ejercer como enseñante), el cual reprobó en una primera ocasión, y al presentarlo en una segunda le permitió conocer a Simone de Beauvoir, quien también lo presentaría. Ahí se entabló la relación que perduró toda su vida.
En consecuencia, más allá de la docencia —que es algo fundamental— tomó el camino de la escritura más allá de los textos crípticos y especializados, como son El Ser y la Nada o La crítica de la razón dialéctica, y pensó en la literatura, en la novela, el cuento, el teatro, el periodismo y el guión de cine como medios para movilizar su pensamiento filosófico. Se trató de una estrategia por demás exitosa, pues generó gran influencia en su época, no sólo en Francia sino también en otros países. Pero más allá del éxito obtenido, pensó en incidir en otros sectores del intelecto y creó, junto con su pareja de toda la vida —como diría la canción de Nacha Guevara, “su amor, su cómplice y todo”— la revista Les Temps Modernes, en cuya fundación colaboró su entonces gran amigo, Maurice Merleau-Ponty La revista tomó su nombre de la película homónima de Charles Chaplin. Fue fundada en octubre de 1945 con periodicidad mensual y luego cuatrimestral. Su primer comité de redacción estuvo compuesto por Raymond Aron, Simone de Beauvoir, Michel Leiris, Maurice Merleau-Ponty, Albert Olivier y Jean Paulhan.
Muchos años después, en 1973, Sartre fundaría en París un diario: Libération (también conocido en Francia como Libé), junto con los periodistas Benny Lévy y Serge July. Actualmente la línea editorial de éste es de centro izquierda y es uno de los principales diarios del país. Se trata de un proyecto que nació bajo el impulso del mayo francés, con el nombre del periódico clandestino vinculado a la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Libération salió a la calle por primera vez el 3 de febrero de 1973. Su posicionamiento político era de izquierda, pero no estaba vinculado a ningún partido político. Sartre lo abandonó en 1974 y Libération entra en una etapa de normalidad periodística, siendo hasta la fecha sin duda un referente de la prensa avanzada.
El trabajo del filósofo incluyó acciones eficaces en distintas trincheras, para diferentes públicos: filósofos especializados, amplios sectores de la sociedad interesados en la cultura y la reflexión sobre la existencia, un público académico interesado en una revista capaz de cubrir un espacio abandonado y un diario dirigido a todo mundo, que se adquiere en un puesto de periódicos y que se convierte en una alternativa ante otros medios. Este espectro da cuenta de la versatilidad intelectual de Sartre, alimentada por la presencia de Simone de Beauvoir, de esos “amantes del Café de Flore”, el bar donde todos los días escribían, discutían y compartían ideas, entre ellos y sus alumnos, o en otras ocasiones en Les Deux Magots, en Saint-Germain-des-Prés, donde toda esa efervescencia intelectual se materializó.
La separación de Sartre y Simone fue un acontecimiento dramático, “la ceremonia del adiós”, que representa la síntesis de una vida intensa donde el intelecto y el pensamiento filosófico son el centro de la existencia de dos personajes que compartieron todo, tanto el compromiso político como la convicción de que en la transformación del mundo, la literatura, el ensayo, la investigación y la reflexión filosófica son determinantes en conducir a la acción de cambio. En consecuencia, era necesario contar con una publicación periódica que permitiera movilizar sus ideas y pensamiento, y para ello, como se dijo al inicio, en octubre de 1945 fundaron la revista Les Temps Modernes, cuya dirección estuvo a cargo de Simone de Beauvoir de 1945 a 1986, conjuntamente con Jean-Paul Sartre de 1945 a 1980.
La revista fue editada por Gallimard de octubre de 1945 a diciembre de 1948, por Julliard desde enero de 1949 a septiembre de 1965, por Presses d’aujourd’hui de octubre de 1965 hasta marzo de 1985, y nuevamente por Gallimard a partir de abril de 1985. Eso que da una idea del periplo que implica la labor editorial, de la sensibilidad para apoyar una publicación trascendental, más allá de una visión empresarial y comercial. De 1986 a 2018 Les Temps Modernes fue dirigida por Claude Lanzmann, que estuvo a cargo desde la muerte de Simone de Beauvoir en 1986. Él fue pareja de esta escritora desde 1952 hasta 1959. Lanzmann había sido invitado a colaborar en Les Temps Modernes en 1952 por Jean-Paul Sartre, después de que éste leyera su serie de artículos “Alemania detrás de la cortina de hierro”, publicada por el diario Le Monde. Su obra cumbre fue Shoah, un documental de nueve horas y media sobre el Holocausto. Se trata de un autor cercano a la pareja Sartre-Beauvoir, que finalmente estableció una relación amorosa con ella.
Simone de Beauvoir vivió siete años con Claude Lanzmann; ella tenía 44 años y él 27. Además, Sartre mantuvo una relación secreta con la hermana del mismo Lanzmann, Evelyn Rey, una actriz rubia muy atractiva. Duró tres años en secreto, porque Sartre estaba al mismo tiempo con Michelle —la esposa que le bajó a Boris Vian— y con Wanda Kosakiewicz, una bella mujer de origen ruso. La relación con Lanzmann se consolidó por la relación amorosa de Sartre con Arlette Elkaïm, a la cual adoptó como su hija, para protegerla como heredera y poseedora de sus derechos de autor, evitando que Simone la despojara. No obstante, Jean-Paul mantuvo su amistad y cercanía con ella y continuó apoyando Les Tempes Modernes. Sin embargo, con la aparición del número 700, en diciembre de 2018, se anunció su cierre para el 5 julio de 2019, tras 74 años de publicación.
Como asienta Marc Bassets en El País (21/06/2019): “La muerte de su último director, el escritor y cineasta Claude Lanzmann, precipitó la decisión de la editorial Gallimard, propietaria de la cabecera. Una carta escueta fechada el 6 de diciembre de 2018 anunció a los suscriptores que dejarían de recibirla. En las librerías estaba en venta el último número, el 700. Incluía unas notas inéditas de Sartre durante un viaje a Roma y ensayos sobre la nueva izquierda identitaria, y sobre Perón y los nazis, entre otros temas.”
Sin embargo, en sus últimos años cada número trimestral de Les Temps Modernes vendía entre 2,500 y 3,000 ejemplares. La profesora Anna Boschetti, autora de libro Sartre et “Les Temps Modernes”, subraya la extraordinaria duración de Les Temps Modernes. “Las revistas son mortales”, escribe en un mensaje, “como lo son las condiciones que hace posible su existencia y su éxito. Estas condiciones ya no subsisten”. Y como se asienta en la nota “Todavía hoy es increíblemente fresco, vivo. Se lee como una novela negra”. Todos los temas —el antisemitismo, el feminismo, el colonialismo, Argelia, Indochina, los beatniks— y géneros —el ensayo, el reportaje, la crítica— entraban en la revista, que en seguida se convirtió en objeto de culto en los círculos ilustrados de Europa y América. El primer número, de octubre de 1945, incluía piezas del sociólogo Raymond Aron, del filósofo Maurice Merleau-Ponty y del novelista negro estadounidense Richard Wright. El artículo, titulado ‘Presentación’, era un manifiesto de la literatura engagée (comprometida)”. “En resumen, nuestra intención es intentar concurrir a la producción de ciertos cambios en la sociedad que nos rodea”, decía Sartre. Y añadía: “Respecto a los acontecimientos políticos y sociales que vienen, nuestra revista tomará posición en cada caso.” Lo que muestra claramente la posición de sus creadores.
Es verdaderamente una desgracia la desaparición de esta revista emblemática, la expresión más elaborada del pensamiento crítico, que realizó una gran contribución al cambio de las mentalidades en la segunda mitad del siglo XX. Habrá que pensar en otros proyectos alternativos, ahora que el neoliberalismo está al borde de su muerte. Las formas de expresión como Les Temps Modernes son sin duda un ejemplo de la forma correcta de proceder para conjugar la intelectualidad con las iniciativas de cambio.
Pero bueno, para la fortuna del Padre Ubú en su reino no existían esas complicaciones y mucho menos revistas de esa naturaleza. El mundo simple y sencillo para ese tipo de seres es lo mejor, pues la lectura y la reflexión hacen mucho daño, hacen a la gente inquieta y llevan al riesgo de la subversión. Pero las cosas deben cambiar, no en su reino inexistente, sino en nuestros países, como en México, donde el único motor de cambio es el pensamiento crítico y la reflexión.
¡Vamos a interrumpir aquí!









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