Ismael Ledesma Mateos
Hoy es 2 de octubre. ¿Cómo no recordar la atroz represión del movimiento estudiantil de 1968 por el abyecto presidente Gustavo Díaz Ordaz? Eso me lleva pensar también en el avance del pensamiento de izquierda y el impacto que en ello tuvo una imagen emblemática del “Che” Guevara, asesinado por el ejército boliviano en complicidad con la CIA el 9 de octubre de 1967…
El Padre Ubú no tiene ideales, no conoce el bien común, así que no podría imaginar siquiera un movimiento revolucionario o una guerrilla, pues se apoderó del poder por medio de un golpe de Estado comandado por el Capitán Bordura, un militar traidor a su gobierno, que se valió de la ambición del personaje que impondría como rey. Algo muy diferente a conseguir un gobierno por medio de una intensa lucha y una visión estratégica, como que el Che tuvo, junto con sus camaradas combatientes en la Sierra Maestra.
Hace muchos años, cuando era adolescente, vi en la calle un instrumento para dibujar, un pantógrafo. En ese momento me pareció un invento tan genial y útil que lo compré para dibujar la imagen del Che, tomada de la emblemática fotografía de Korda. La hice de enorme tamaño y la puse junto a mi cama. Antes había leído en una revista médica llamada MD una biografía del Che, que en tercero de secundaria usé para hacer un trabajo acerca de él.
Sin embargo, el primer guerrillero del que supe (precisamente en 1968, cuando me recuperaba del sarampión) fue Francisco Javier Mina. En aquel año se transmitía por televisión una serie histórica llamada Los caudillos, acerca de la guerra de independencia de México. El capítulo de un martes de diciembre de aquel año (a mí mismo me sorprende recodar ese dato) trataba del asesinato de Mina en el rancho del Venadito, en Guanajuato. Al igual que el Che, fue guerrillero. Combatió contra la invasión francesa en España y finalmente, aun siendo español, en la guerra de independencia de México. Era un hombre que luchaba por la libertad y que quería llevarla a todo el mundo. Cuando veo a los muchachos con camisetas del Che, pienso que bien podrían tenerlo por un lado y por el otro a Mina, nuestro guerrillero heroico. Obvio: no souvenirs revolucionarios (“chairos”, dicen ahora), sino como memoria viva.
En fin, para acabar de completar el cuadro personal, resulta que hay otro componente en la vida del Che que fue de gran valor para mí: era asmático, como yo en la infancia y adolescencia. Padecimos la misma angustia cada noche: la clara conciencia de poder morir. Yo sané muy joven, cuando cursaba la preparatoria; el Che no. Durante la Revolución cubana, en plena acción guerrillera, él tenía que usar un inhalador con un fármaco antagonista de su malestar y, a pesar de ello, fue exitoso. ¡Crecer con esa imagen no es en lo absoluto trivial!
Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967) se forjó en los hechos, como la mayoría de los grandes hombres y mujeres. Era médico formado en Argentina, y un dato que poco se sabe es que le interesaba la microbiología, de manera que en México ingresó a una de las instituciones de investigación más importantes de esa época: el Instituto Nacional de Cardiología, donde se instaló en el Departamento de Microbiología. Una de mis maestras más queridas, la Dra. Rosario Núñez, me contaba que el Che tenía una gran amiga, de apellido Occelli, y que los tres salían los fines de semana a bailar. Me decía: “¡Era un joven maravilloso!”
También fue fotógrafo, y alergólogo (obvio para un asmático) en el Hospital General y el Hospital Infantil, en esas épocas en que México era el lugar ideal para recibir exiliados extranjeros, una especie de “santuario para todos los perseguidos políticos del mundo”.
En junio de 1955 Raúl Castro se estableció en México con el fin de preparar la llegada de su hermano Fidel (que había estado preso en Cuba), desde donde éste organizaría un grupo guerrillero para volver a su país. Así que fue en el país donde conoció a Ernesto Guevara; ambos congeniaron desde el primer momento. Raúl Castro había pertenecido al Partido Comunista, llamado en Cuba Partido Socialista Popular (PSP) y era muy radical en sus actitudes y posiciones. Cuando Fidel Castro llegó, conoció al Che y lo invitó a incorporarse al proyecto, en el seno del movimiento 26 de Julio, lo cual, por supuesto, aceptó.
Años antes, desde Buenos Aires, Ernesto Guevara recorrería Argentina en una bicicleta con motor; incluso el fabricante le propuso realizar un anuncio donde apareció su foto, pues con ella recorrió 4 mil 500 kilómetros en el territorio argentino. Se publicó en una revista deportiva en 1950. Los viajes de Guevara significarían una experiencia social y humana que conformaría en gran medida su precepción de América Latina.
Luego de ello, con su amigo Alberto Granado, estudiante de bioquímica, realizó su primer viaje internacional, pero ahora en motocicleta, durante siete meses. Escribieron sus célebres Diarios de Motocicleta, lo cual fue determinante para desarrollar sus ideas políticas, pues en ese viaje conoció al médico Ricardo Pesce, especialista en lepra, discípulo de Carlos Mariátegui y dirigente del Partido Comunista Peruano. En un leprosario en Perú le organizaron una celebración de su cumpleaños número 24, el 14 de junio de 1952 y de regreso a Buenos Aires en 1953 finalizó sus estudios de medicina, ya como un comunista convencido.
Su inquietud, conjugada con la crisis que comenzó a darse en Argentina, fue determinante para que se estableciera finalmente en México, aunque, como escribe Jorge Castañeda en La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, “Argentina no era una mala patria donde nacer y crecer, sobre todo si, como el primer hijo de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna y Llosa, se provenía de una aristocracia de origen y sangre”, aunque no rica. Su padre era de ascendencia española e irlandesa y por el lado materno el Che era descendiente del último virrey del Perú. Ella era “una mujer excepcional que fue sin duda la figura afectiva e intelectual en la vida de su primogénito por lo menos hasta el encuentro de éste con Fidel Castro en México en 1955. Nadie, ni su padre ni sus esposas o hijos desempeñaron en la vida del Che un papel equivalente al de Celia su madre… militante que poco antes de su muerte pasó semanas en la cárcel debido al apellido que compartía con su hijo… nada ilustra mejor la gloria y la tragedia de la saga de Guevara que su desgarrador lamento en el corazón de las tinieblas al recibir en el Congo la noticia de la muerte de su madre”.
Castañeda relata cómo sus padres “le inculcarían a Ernesto una fuerte dosis de sus propias posturas políticas. Concluida la guerra de España y aplastados los republicanos comenzaría la Segunda Guerra Mundial; el padre del niño de once años fundará la sección local de Acción Argentina, en cuyo sector infantil de inmediato inscribirá a su hijo. Típica organización antifascista, la Acción Argentina, hará un poco de todo en esos años: celebrar mítines y realizar colectas a favor de los aliados, combatir la penetración nazi en Argentina, descubrir infiltraciones de ex tripulantes del acorazado Graf Spee, entre muchas cosas más y Ernesto acompañaba a su padre en todo ello. Esos años de infancia y juventud fueron determinantes en la formación de una personalidad que se entregaría a la lucha revolucionaria hasta su muerte.
El Che es sin duda la encarnación de la idea sartreana del compromiso y del ejercicio de la libertad hasta sus últimas consecuencias. De México partió junto con los Castro, Camilo Cienfuegos y los demás hombres que abrazaron la causa revolucionaria, que en una guerrilla exitosa consiguieron derrocar a Fulgencio Batista y establecer un régimen socialista sin precedentes, que a pesar de una serie de claroscuros y deficiencias persiste hasta la actualidad, incluso posterior a convertirse en dictadura, al respecto de lo cual es difícil establecer un claro juicio de valor.
Ya en el poder, en tanto establecieron un gobierno provisional, Fidel Castro permanecía como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, hasta que ascendió al poder central. Inicialmente el comandante Ernesto Guevara fue designado jefe de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, pero luego desempeñó diversas funciones clave, entre ellas: director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria, ministro de Industria y presidente del Banco Nacional, además de representar internacionalmente a Cuba en varias ocasiones, entre las que se destacan las que llevaron a la firma de los acuerdos comerciales y militares con la Unión Soviética.
Sin embargo, en 1964 decidió buscar la internacionalización de la Revolución y por ello combatió en Congo, para el establecimiento de una república democrática, tarea en la que fracasó, para luego intentar lo mismo en Bolivia, donde tampoco tuvo éxito y perdió la vida el 9 de octubre de 1967. Detenido y asesinado, se fingió que murió en combate, para lo que le dispararon abajo del cuello con un fusil. Su mano fue cortada por un médico boliviano (que luego radicó en Puebla) para que la CIA tuviera la certeza de su muerte por sus huellas dactilares.
En su muerte mucho tuvo que ver la falta de apoyo cubano y de recursos, incluso la insensibilidad de Fidel Castro, además de la pérdida de simpatía que tuvieron con él los soviéticos, que empezaron a verlo como un peligro en términos de relaciones internacionales ante su intención de restablecer un equilibro con Estados Unidos, luego de la crisis de los misiles y la perversa acción de la CIA, sin descontar los propios errores del Che. Sin embargo, algo que debe tomarse en cuenta es que en los hechos lo dejaron solo.
Si supiera esta historia el Padre Ubú quedaría confundido y patidifuso, y no entendería nada, pues cuando fue derrocado por aquellos a quienes les quitó el poder salió huyendo, sin la idea de enfrentarlo con heroísmo y tener una muerte digna, como ese gran guerrillero creador de una nueva nación. Pero bueno, ¡eso es algo que no cabría en la cabeza de Ubú!









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